En barrios arrasados por meses de bombardeos, las familias palestinas apilan ladrillos fabricados artesanalmente directamente sobre los restos de hormigón, levantando de forma improvisada y precaria paredes sobre suelos cubiertos de cráteres.
Estas rudimentarias estructuras ofrecen poca protección frente al calor, la lluvia o el frío, pero los residentes aseguran que son la única alternativa a dormir en tiendas de campaña abarrotadas o a la intemperie.
Las autoridades de Gaza señalan que más del 90 % de la Franja ha quedado destruido desde octubre de 2023, dejando a gran parte de la población sin viviendas adecuadas ni infraestructura básica.
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