• El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio (drcha.), y el presidente Donald Trump durante una reunión en Washington, 7 de agosto de 2026.
Publicada: viernes, 6 de noviembre de 2026 2:03

Informes apuntan a que Marco Rubio contempla abandonar el Gobierno de Trump para preparar su candidatura presidencial de 2028, tras el revés republicano en las elecciones de medio mandato.

La posibilidad de la salida del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ha cobrado fuerza tras la derrota de los republicanos en los comicios del 3 de noviembre, en los que los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso. Según fuentes citadas por el diario británico The Independent, Rubio necesita distanciarse de la guerra de agresión de Estados Unidos y el régimen israelí contra Irán, así como del balance general de la Administración Trump, para mejorar sus posibilidades frente a su principal rival en la carrera por la nominación republicana, el vicepresidente JD Vance.

Una fuente de Washington citada por el medio sostuvo que Rubio buscaría “distanciarse de la guerra contra Irán y atribuirle la responsabilidad a Trump”. Por su parte, un aliado del secretario de Estado afirmó que este aventaja actualmente a Vance en la pugna por la candidatura, pero que “no puede presentarse mientras siga siendo secretario de Estado”.

Por separado, Bloomberg informó de que Rubio ha abordado con funcionarios de la Casa Blanca la posibilidad de dejar el cargo, aunque la Administración le ha pedido que permanezca en el puesto. Los informes también apuntan a que otros cuatro o cinco integrantes del gabinete estarían preparando su salida, en un contexto de creciente descontento público por el encarecimiento de la energía, las consecuencias de la política exterior de Trump y la posibilidad de que los demócratas impulsen investigaciones contra el Gobierno o incluso iniciativas de juicio político cuando se constituya el nuevo Congreso.

La Casa Blanca y el Departamento de Estado han rechazado tajantemente estas informaciones. El portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, las calificó de “teorías conspirativas infundadas y falsas” y aseguró que el equipo de Trump permanece unido en torno a la agenda “Estados Unidos primero”. A su vez, el subsecretario de Estado para Asuntos Públicos, Dylan Johnson, tachó las versiones de “noticias completamente falsas”, basadas en fuentes anónimas, y sostuvo que Rubio continuará en sus funciones. El propio secretario había declarado en septiembre que no tenía planes de presentarse por el momento a las elecciones presidenciales y que estaba centrado en sus dos cargos.

 

La derrota republicana se ha relacionado, en parte, con el rechazo de los votantes a la guerra lanzada por Estados Unidos y el régimen israelí contra Irán a finales de febrero. La ofensiva y las tensiones en el estrecho de Ormuz alteraron el suministro energético mundial y elevaron los precios de los combustibles.

Según los sondeos a pie de urna citados en los informes, una amplia mayoría de los electores consideró que la guerra había influido de manera importante en su voto y muchos juzgaron que el uso de la fuerza había sido un error. El vicepresidente Vance también atribuyó públicamente parte de las pérdidas republicanas al conflicto. Rubio, por su parte, ha mantenido un perfil relativamente bajo en comparación con otros miembros del Gobierno a la hora de abordar la cuestión iraní.

Las elecciones de medio mandato celebradas el martes en Estados Unidos han alterado el equilibrio de poder en el Congreso, hasta entonces controlado por los republicanos. Los demócratas han recuperado el Senado y conquistado la Cámara de Representantes, en unos comicios marcados por el descontento de una parte del electorado con la situación económica y la gestión de Trump, incluida su política exterior y la guerra contra Irán.

La nueva mayoría demócrata les permitirá controlar las comisiones de la Cámara de Representantes, abrir investigaciones sobre la Administración Trump, citar a funcionarios y examinar el gasto federal. La pérdida del control de ambas cámaras también limitará la capacidad del presidente estadounidense para sacar adelante su agenda legislativa durante los dos últimos años de su mandato.

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