El diario Financial Times ha publicado este martes una noticia impactante sobre un fuerte desacuerdo y momentos tensos creados entre el secretario de Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y la ministra de Hacinada británica, Rachel Reeves, durante una reunión que efectuaron el mes pasado en Washington sobre el conflicto impuesto por Estados Unidos e Israel a Irán, desde finales de febrero.
Ambos ministros de Finanzas se enfrentaron por la guerra con Irán en el marco de la Reunión de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI), después de que Reeves declarara que no estaba segura de que el conflicto haya hecho del mundo un lugar más seguro.
Esta crítica llevó a Bessent a reprender duramente a Reeves, insistiendo en que el mundo es más seguro gracias a esa guerra, e incluso evocando la posibilidad de lo que consideró un ataque nuclear de Teherán contra Londres.
La responsable británica respondió airadamente diciéndole a Bessent que no trabajaba para él y que le disgustaba la forma en que le había hablado.
Reeves también reiteró su argumento de que el conflicto con Irán carece de objetivos claros y no necesariamente contribuye a la seguridad mundial.
En una declarando al Daily Mirror, la ministra británica expresó la postura negativa de su país a la guerra contra Irán, responsabilizando a Washington e Israel por el cierre del estrecho de Ormuz, un paso esencial en comercio energético mundial que está cerrado por Irán como resultado de la agresión en su contra.
“Esta es una guerra que no iniciamos. Fue una guerra que no queríamos. Me siento muy frustrada y enojada de que Estados Unidos se haya involucrado en esta guerra sin un plan de salida claro, sin una idea clara de lo que pretendían lograr. Y como resultado, el estrecho de Ormuz ahora está bloqueado”, dijo Reeves.
El informe pone de manifiesto fuertes desacuerdos entre los países tradicionalmente aliados sobre el conflicto de Irán y ha hecho evidentes las grietas existentes.
El Reino Unido, igual que muchos otros aliados occidentales de EE.UU., como Alemania, Italia, y España, se ha opuesto a este conflicto, considerándolo como perjudicial para los intereses de Europa y el mundo.
El primer ministro británico, Keir Starmer, dijo anteriormente que jamás iba a ceder a la presión del presidente estadounidense, Donald Trump, para que colabore contra Irán, matizando que sumarnos a esta guerra no redunda en el interés nacional de Londres.
El cierre del Ormuz por Irán como parte de las acciones de represalias contra el frente estadounidense-israelí ha provocado una verdadera crisis energética global sobre todo para los países que dependen más que otros en el petróleo y gas licuado que se transita desde el estrecho de Ormuz, como el Reino Unido.
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