La alianza enemiga —Estados Unidos, el régimen sionista y sus aliados árabes en la región— pese a los alardes de Trump, está preocupada por las consecuencias del fortalecimiento del poder estratégico y político de Irán y el eje de la Resistencia en medio de la guerra.
Las principales preocupaciones de Israel son:
1) El ascenso estratégico de Irán como resultado de la guerra. Estados Unidos se ha visto obligado a aceptar las condiciones iraníes, lo que consolida a Irán como potencia regional y mundial. Para Israel, esto supone una amenaza existencial inimaginable a largo plazo.
2) La humillación diaria en el sur de Líbano. Hezbolá ataca cada día posiciones israelíes con drones simples y económicos, destruyendo tanques y concentraciones de tropas. Israel teme que este modelo de guerra asimétrica se extienda a Gaza y Cisjordania, multiplicando sus bajas.
3) La crisis interna de Netanyahu. Los rivales políticos del primer ministro israelí intensifican sus ataques porque Trump ha fracasado en sus objetivos bélicos contra Irán y Hezbolá. En lugar de doblegar a Irán, la guerra lo ha fortalecido, lo que debilita a Netanyahu en los territorios ocupados.
4) El poder militar oculto de Irán. Israel ha visto solo una parte de las capacidades iraníes en la guerra reciente. Irán aún no ha desplegado métodos y armamento más avanzados para un próximo conflicto, que podrían asestar golpes incluso más duros que los sufridos por Israel en la tercera guerra impuesta de febrero, que actualmente atraviesa un frágil alto el fuego, violado por EE.UU.
5) El fracaso de la normalización árabe. Los llamados “Acuerdos de Abraham”, que buscaba la normalización de relaciones entre Israel y los países árabes del Golfo Pérsico, bajo el patrocinio de EE.UU., ha quedado en el olvido. El mayor peso estratégico de Irán ha disuadido a estas naciones de acercarse a Israel, dejando al régimen más aislado en la región.
6) La amenaza yemení en Bab El-Mandeb. Si el conflicto escala, los combatientes de Ansarolá de Yemen, aliados de Irán, activarían el frente del estrecho de Bab El-Mandeb, una vía marítima clave para el comercio global. Esto pondría en jaque la navegación israelí y occidental en el mar Rojo.
Las principales preocupaciones de Estados Unidos son:
1) Credibilidad por los suelos. EE.UU. ha fracasado estrepitosamente en sus objetivos contra Irán. El mundo entero lo ha visto. Sus rivales, Rusia y China, ya no temen sus amenazas.
2) Aliados europeos, de vuelta. Los socios tradicionales de EE.UU. en Europa empiezan a mirar hacia otro lado. ¿Para qué alinearse con un gigante que no puede ganar a Irán?, se preguntan.
3) La Casa Blanca arde. Trump y los republicanos se desploman en picado. Si los demócratas controlan el Congreso y el Senado, Trump podría ser sometido a juicio político y acabar en la cárcel.
4) La economía mundial, en manos de EE.UU. (y no para bien). Inflación, recesión, caos. El mundo culpa a la Administración Trump de la debacle económica provocada por la guerra.
5) Irán aguanta más que EE.UU. El bloqueo naval y las sanciones no han doblegado a Teherán y, si la presión continúa, EE.UU. será quien termine aceptando las condiciones iraníes.
6) Lo peor está por llegar. Irán y sus aliados en el Eje de Resistencia guardan armas y tácticas que aún no han mostrado. Si no hay acuerdo, abrirán el frente de Bab al-Mandeb. Adiós comercio por el mar Rojo.
7) El reloj corre en contra de EE.UU. En dos semanas hay tres citas clave: la cumbre con China, la Copa del Mundo y las elecciones de medio mandato. La ventana para proclamar victoria se está cerrando.
8) Derrota de Trump entre los países árabes. Si Irán impone sus condiciones, los países del Golfo Pérsico verán a EE.UU. como un aliado derrotado. Adiós acuerdos de defensa y virarían los ojos hacia China, Rusia e incluso el propio Irán.
9) Irán, cada día más fuerte. Las sanciones no funcionan y el bloqueo menos, lo que se ve es a un pueblo iraní que respalda masivamente a su gobierno, contrario a lo que esperaban los enemigos.
Las principales preocupaciones de los aliados árabes de Estados Unidos en la región son:
1) Hegemonía iraní irreversible. Si Irán sale fortalecido de la guerra, los países árabes deberán aceptar su supremacía regional y otorgarle concesiones crecientes, perdiendo su propia influencia estratégica.
2) Fragmentación del bloque árabe. No hay una postura unificada ante Irán, en momentos en que Emiratos Árabes Unidos negocia por separado, mientras Arabia Saudí duda. Incluso dentro de Emiratos surgen divisiones internas. El Consejo de Cooperación del Golfo se resquebraja.
3) Colapso económico a la vista. Las economías de las monarquías árabes, dependientes del petróleo y de la estabilidad global, se han visto devastadas por la guerra. Inflación, fuga de capitales y desempleo. La población culpa a sus gobernantes por aliarse con un Estados Unidos belicista.
4) Nueva Primavera Árabe. Los ciudadanos árabes ven a sus líderes como agentes de EE.UU. e Israel, incapaces de defender la soberanía o la dignidad árabe. Una chispa económica puede encender protestas masivas que pongan en jaque a las monarquías.
Entre tanto, Irán, junto con sus preocupaciones naturales sobre la continuación de la guerra y especialmente sus consecuencias y efectos en el sustento de la población, se encuentra bajo menor presión en comparación con sus enemigos por diversas razones.
Algunas de las razones de esta diferencia entre Irán y el enemigo son:
1) Liderazgo unificado y sin fisuras. El Líder de Irán, ayatolá Seyed Moytaba Jamenei, ha guiado al país durante la guerra a gran escala sin que exista el más mínimo desacuerdo entre las fuerzas políticas, que siguen cada directriz a rajatabla.
2) El pueblo ve al enemigo como agresor y saqueador. Los iraníes tienen claro que Estados Unidos quiere robar la riqueza del país, destruirlo y desintegrarlo. Esa percepción, compartida por todos, ha generado una unidad popular sin precedentes. Las decisiones militares y políticas cuentan con un enorme respaldo social para resistir a Washington.
3) Millones dispuestos a dar su vida. Irán cuenta con una disposición histórica de su población para presentarse en los escenarios de defensa del país y resolver los problemas derivados de la guerra como parte de una campaña de sacrificio.
4) Superioridad en guerra asimétrica. Irán ha demostrado su capacidad en este tipo de conflicto y está más dispuesto que el enemigo a entrar de nuevo en guerra si se le impone.
5) Capacidad para aprender de los errores. Irán ha adquirido una herramienta estratégica clave: detectar los daños sufridos en guerras recientes y eliminar las debilidades para futuros conflictos desiguales.
6) Sin presiones internas urgentes. No hay elecciones decisivas ni plazos políticos que aprieten a los responsables iraníes. Existe un entendimiento nacional —salvo una corriente extremista prooccidental sin apenas influencia— de que todos deben apoyar al liderazgo pese a las diferencias internas.
7) Confianza popular inquebrantable. El pueblo ha generado una fe histórica e inigualable en sí mismo. Esa confianza se traduce en unas Fuerzas Armadas que valen el doble porque cuentan con el respaldo masivo de la población para enfrentar al enemigo.
Irán, vencedor absoluto frente a la alianza estadounidense-sionista
Una perspectiva más amplia muestra que Irán ha sido el vencedor absoluto en la batalla militar a gran escala contra el enemigo estadounidense-sionista. No solo no se han logrado los objetivos declarados y oficiales del enemigo de forzar la rendición de Irán, sino que Irán ha recibido nuevas herramientas de poder que le permiten proteger al país de cualquier agresión y guerra durante muchos años, y alejar la sombra de la guerra del país y de su pueblo por un largo tiempo.
El pueblo iraní defenderá su ciencia, industria y misiles como si fueran sus fronteras
La importancia de estas herramientas ha sido claramente comprendida por el pueblo inteligente y perspicaz, y como el Líder enfatizó en su reciente mensaje con motivo del Día del Golfo Pérsico, este pueblo no permitirá que se malgaste la valiosa riqueza de su país. Noventa millones de compatriotas iraníes, fervientes y honorables, dentro y fuera del país, consideran todas las capacidades de identidad, espiritualidad, humanidad, ciencia, industria y tecnologías básicas y nuevas —desde la nanotecnología y la biotecnología hasta la energía nuclear y los misiles— como su capital nacional y las protegerán como fronteras marítimas, terrestres y aéreas.
El control de Ormuz, línea roja para levantar sanciones y liberar activos congelados
Comprender y preservar el valor estratégico del estrecho de Ormuz y ejercer la administración iraní sobre esta vía vital, como ha enfatizado repetidamente el Líder de la Revolución, sigue siendo una exigencia del pueblo y una línea roja en cualquier solución que conduzca al fin de la guerra. Preservar este estrecho y ejercer su administración será clave para lograr muchas de las demandas históricas de la nación iraní con respecto a sus derechos perdidos, como el levantamiento o la neutralización de las sanciones y la liberación de los activos congelados, etc., de hecho, la nación iraní no cederá en este empeño.
