Según el informe, el terrorista, identificado como Mayid Adine, fue ejecutado al amanecer del domingo en Karay, en la provincia de Alborz, tras ser declarado culpable de llevar a cabo acciones operativas en favor de grupos hostiles, del régimen sionista y de Estados Unidos, entre otros delitos.
Adine fue arrestado la noche del 19 de enero en Mohamadshahr, en Karay, armado con una pistola Colt, tres cargadores, 30 cartuchos de munición, dos pistolas de descarga eléctrica, dos botes de gas pimienta, una motosierra inalámbrica y una botella de gasolina.
A pesar de haber sido arrestado con todo el equipo militar, Adine negó inicialmente tener intención de usar las armas. Durante los interrogatorios, afirmó que había ido a la zona para comprar ropa y que su intención era ayudar a las fuerzas de seguridad a alejar a la gente de las concentraciones.
Además, afirmó que había traído la botella de gasolina y la motosierra para neutralizar los efectos del gas lacrimógeno.
Sin embargo, las investigaciones forenses confirmaron que su arma había sido disparada durante los disturbios del 8 y 9 de enero.
Finalmente, Adine confesó que estaba al tanto de los llamamientos a la revuelta respaldados por potencias extranjeras y admitió que “pensé que se llenaría tanto que podría usar las 30 balas de la pistola”.
Adine fue identificado como uno de los agentes del intento de golpe de Estado estadounidense-sionista y estaba afiliado a grupos terroristas con base en un país vecino.
El ejecutado había recibido entrenamiento de grupos hostiles y, en el momento de su detención durante los disturbios, se descubrió que no llevaba teléfono móvil encima, una táctica común entre los agentes entrenados para evitar ser detectados y rastreados.
Los disturbios de enero estallaron los días 8 y 9 de enero de 2026, cuando las protestas pacíficas por reivindicaciones económicas fueron violentamente secuestradas por terroristas armados respaldados por EE.UU. e Israel.
Los funcionarios iraníes describieron los sucesos como una “guerra callejera a gran escala” orquestada por las agencias de espionaje estadounidenses e israelíes, la CIA y el Mossad, respectivamente.
Según la Fundación de Asuntos de los Mártires y Veteranos de Irán, un total de 3117 personas perdieron la vida durante los disturbios, entre ellas 2427 civiles inocentes y miembros de las fuerzas de seguridad.
Las autoridades iraníes arrestaron a más de 470 “figuras clave” detrás de los disturbios violentos, de las cuales 134 fueron identificadas como “líderes y agentes de campo influyentes de una red terrorista estadounidense-israelí”.
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