El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confía en que las nuevas sanciones, el bloqueo naval y el aumento de la presión económica sobre los socios comerciales de Irán logren lo que miles de bombas y misiles no consiguieron: obligar a Teherán a aceptar un acuerdo en los términos planteados por Washington para poner fin al conflicto.
Sin embargo, el portal estadounidense Bloomberg señaló el sábado que, al igual que en otros intentos de Estados Unidos por forzar a Irán a capitular, existe un obstáculo fundamental: las fuerzas militares iraníes, que han reivindicado su capacidad para controlar el estratégico estrecho de Ormuz y han llevado a cabo oleadas de ataques con drones y misiles en el Golfo Pérsico, podrían mostrarse poco vulnerables a la presión económica y contarían con numerosas vías para responder.
Donald Trump is betting new sanctions, a naval blockade and ramped-up economic pressure can accomplish what thousands of bombs and missiles could not: force Tehran to accept a deal to end the war on US terms. https://t.co/6yI4xPj9zx
— Bloomberg (@business) August 22, 2026
Una parte clave de la nueva estrategia estadounidense se pondrá en marcha el lunes, cuando el secretario del Tesoro, Scott Bessent, tiene previsto presentar los detalles de un plan destinado a trasladar el conflicto desde los ataques de represalia en Asia Occidental hacia una campaña de aislamiento económico integral.
Según Bloomberg, esta estrategia podría afectar a países que mantienen relaciones comerciales con Irán, entre ellos China, India, Turquía y Emiratos Árabes Unidos.
No obstante, el medio estadounidense advirtió de que una nueva y significativa presión económica podría empujar a Irán a responder con acciones militares en distintos puntos del Golfo Pérsico, incluidos ataques contra infraestructuras energéticas, con el objetivo de elevar los precios del petróleo y aumentar el coste de la intervención estadounidense, obligando a Trump a modificar nuevamente su estrategia.
Nate Swanson, investigador principal del think tank Atlantic Council que hasta el año pasado trabajó sobre Irán en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, consideró que, si la nueva estrategia estadounidense resulta realmente eficaz, Teherán terminará reaccionando. “Si esto resulta realmente eficaz, en algún momento Irán volverá a arremeter; simplemente no tendrá otra alternativa”, afirmó Swanson subrayando que “puede que Trump vea esto como una fase diferente de la guerra, pero no creo que Irán lo vea así”.
Bloomberg recuerda que, desde el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero, Teherán ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para soportar ataques aéreos contra miles de objetivos, sucesivas rondas de sanciones y un bloqueo naval estadounidense, al tiempo que ha conservado su capacidad de contraataque.
Teherán ha empleado drones de ataque Shahed y misiles balísticos contra bases estadounidenses y otras instalaciones en distintos puntos del Golfo Pérsico. Según Bloomberg, esta situación ha contribuido a mantener prácticamente cerrado el estrecho de Ormuz, elevar los precios mundiales de la energía y llevar a los países del Golfo Pérsico a presionar a Washington para que encuentre una salida diplomática al conflicto.
Además, el control iraní sobre el estrecho de Ormuz proporciona a Teherán un importante instrumento de presión de cara a cualquier eventual negociación con Estados Unidos.
Bessent afirmó esta semana que el giro hacia una campaña económica “significa que probablemente no se producirá una reanudación de las operaciones militares a gran escala”. Sin embargo, los analistas citados por Bloomberg dudan de que Irán adopte la misma postura.
Chris Kennedy, responsable de política económica de Bloomberg Economics, señaló que, si la nueva campaña de presión económica tiene éxito —algo que calificó de “gran si”—, es más probable que Irán responda militarmente antes que capitule. “El mero hecho de que EE.UU. haya decidido suspender su operación militar a gran escala no significa que Irán vaya a seguir el mismo camino”, afirmó Kennedy.
Al mismo tiempo, Bloomberg cuestionó hasta qué punto Washington dispone de margen para intensificar de manera significativa la presión económica contra Irán.
China constituye el principal desafío para la estrategia estadounidense, ya que es el mayor comprador del petróleo iraní. Una ofensiva contra Pekín podría provocar una reacción negativa del Gobierno chino y agravar las tensiones entre las dos principales economías del mundo.
Asimismo, Washington podría recurrir a nuevas sanciones contra entidades más pequeñas que mantienen relaciones comerciales con Irán en países como Irak, Turquía o Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, Bloomberg consideró poco probable que este tipo de medidas sean suficientes para quebrar la voluntad de Teherán.
En definitiva, Bloomberg planteó que la nueva estrategia de Washington representa un cambio de la presión militar directa hacia el aislamiento económico, pero advirtió de que el intento de aumentar el coste económico para Teherán podría tener el efecto contrario y desencadenar nuevas represalias iraníes en el Golfo Pérsico.
De hecho, diversos medios, analistas y estrategas, incluso estadounidenses, afirman que Irán ha sido victorioso en el plano militar ante la guerra de agresión que retomó Estados Unidos e Israel en el pasado febrero tras doce días de ataques en junio del año pasado, y en cuanto al tema económico, las autoridades iraníes recuerdan que la nación persa ha sabido sortear años de sanciones unilaterales.
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