Con el sacrificio y la conciencia del Líder mártir de la República Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, el 28 de febrero se abrió un nuevo capítulo en la historia de la humanidad: el pueblo iraní, más allá de sus diferencias, fortaleció la defensa de su patria contra Estados Unidos y el régimen israelí, y tomó la iniciativa en la reorganización del nuevo orden mundial.
La derrota en Asia Occidental marca también el principio del fin de la hegemonía global imperialista estadounidense y del yugo sionista sobre la región.
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