Publicada: martes, 7 de julio de 2026 15:28

La defensa de Palestina nunca fue, para el ayatolá Seyed Ali Jamenei, una cuestión circunstancial de política exterior. Constituyó el eje permanente de su actuación política, diplomática y estratégica durante casi cuatro décadas al frente de la República Islámica de Irán.

Por Sayid Marcos Tenório *

Desde la Revolución Islámica de 1979, la causa palestina dejó de ser únicamente un asunto regional para convertirse en uno de los principios estructurales del Estado iraní. Bajo el liderazgo de Jamenei, este compromiso se profundizó y consolidó como expresión de la lucha contra el colonialismo, la ocupación y la hegemonía extranjera en Asia Occidental.

Para Jamenei, Palestina simboliza la mayor injusticia contemporánea cometida contra un pueblo privado de su tierra, de su soberanía y de su derecho a la autodeterminación.

Por ello, rechazó de manera constante las iniciativas que reducían la cuestión palestina a negociaciones limitadas o a acuerdos patrocinados por las potencias occidentales, sosteniendo que ninguna solución podría ser legítima mientras mantuviera la ocupación, negara el derecho al retorno de los refugiados y continuara desconociendo los derechos nacionales del pueblo palestino.

Para él, la liberación de Palestina era una cuestión de justicia histórica y de derecho internacional, no una concesión diplomática.

Este compromiso dio continuidad al legado del Imam Ruholá Jomeini, fundador de la República Islámica, quien convirtió a Al-Quds (Jerusalén) y Palestina en uno de los pilares fundamentales de la Revolución.

Aun enfrentando una guerra devastadora, décadas de sanciones económicas, aislamiento internacional y constantes amenazas militares, Jamenei jamás relegó la causa palestina a un segundo plano. Por el contrario, insistió en que la defensa de Palestina era inseparable de la defensa de la independencia y la soberanía del propio Irán.

A lo largo de su liderazgo, Jamenei transformó este compromiso en una política permanente de Estado. Teherán se convirtió en uno de los principales centros de diálogo entre los dirigentes de la resistencia palestina.

En sucesivos encuentros con delegaciones de HAMAS, la Yihad Islámica Palestina y otras organizaciones, el Líder reafirmó el apoyo político, espiritual y material de la República Islámica, al tiempo que alentó una mayor coordinación entre los distintos movimientos de resistencia.

Más que un anfitrión de estos encuentros, Jamenei fue uno de los principales impulsores del acercamiento entre HAMAS y la Yihad Islámica Palestina, defendiendo mecanismos permanentes de cooperación política y estratégica entre las fuerzas de la resistencia. Su convicción era que la fragmentación favorecía a la ocupación, mientras que la unidad fortalecía el camino hacia la liberación.

El respaldo iraní fue mucho más allá de la solidaridad retórica. Bajo su liderazgo, la República Islámica brindó apoyo político en los foros internacionales, asistencia material y respaldo al fortalecimiento de la capacidad de resistencia de las organizaciones palestinas.

Al mismo tiempo, Jamenei otorgó legitimidad moral y religiosa a la lucha palestina, presentándola como un deber colectivo de la Ummah. Al recibir regularmente a dirigentes de movimientos mayoritariamente suníes, reafirmó que Palestina estaba por encima de las diferencias confesionales, convirtiendo la resistencia frente a la ocupación sionista en un elemento de convergencia entre chiíes y suníes.

Esta concepción explica también la centralidad de Palestina en la construcción del denominado Eje de la Resistencia.

Para Jamenei, la resistencia nunca fue únicamente una respuesta militar frente a la ocupación, sino un proyecto político regional orientado a defender la soberanía de los pueblos frente a las intervenciones extranjeras.

Palestina, Líbano, Siria, Irak, Yemen e Irán pasaron a integrar una misma arquitectura estratégica, basada en la convicción de que la estabilidad regional depende del fin de la ocupación de Palestina y de la superación del proyecto colonial representado por "Israel".

Esta visión otorgó a la cuestión palestina una dimensión que trasciende las fronteras de Asia Occidental.

Para Jamenei, Palestina se convirtió en el principal símbolo contemporáneo de la lucha anticolonial, del derecho de los pueblos a la autodeterminación y de la resistencia frente a la dominación imperial.

No es casualidad que convirtiera el Día Internacional de Al-Quds en un instrumento permanente de movilización política y solidaridad internacional, manteniendo viva la centralidad de la causa palestina incluso en períodos de menor atención por parte de la comunidad internacional.

El legado político de Ali Jamenei, por tanto, no puede comprenderse sin Palestina.

Más que un defensor de la causa palestina, contribuyó decisivamente a convertirla en uno de los principales ejes de la geopolítica de Asia Occidental y en un elemento estructurador de la política exterior iraní.

Para sus partidarios, su mayor aporte consistió en demostrar que la resistencia no constituye únicamente una estrategia militar, sino un proyecto político capaz de unir a diferentes pueblos, corrientes del islam y movimientos de liberación en torno a un objetivo común: poner fin a la ocupación y construir una Palestina libre, soberana e independiente.

 

* Sayid Marcos Tenório es historiador, analista de geopolítica y presidente del Instituto de Amistad Brasil-Irán. Es autor del libro Palestina: del mito de la tierra prometida a la tierra de la resistencia.