Por HispanTV
El ayatolá Seyed Ali Jamenei fue asesinado, junto con algunos miembros de su familia, el 28 de febrero, el primer día de la guerra de agresión ilegal de 40 días librada por Estados Unidos y el régimen israelí contra Irán. Irán dio una contundente respuesta con misiles y drones dirigidos a los territorios ocupados por Israel y objetivos estadounidenses en la región.
Los actos de despedida y sepelio del ayatolá Jamenei iniciaron el viernes; la primera etapa de las ceremonias fúnebres comenzó con la presencia de dignatarios extranjeros y destacadas figuras religiosas, quienes presentan sus respetos en el Gran Mosalá de Teherán. Líderes religiosos y funcionarios extranjeros, que han llegado a Teherán, rindieron homenaje delante del féretro del Líder mártir.
Las ceremonias de despedida hasta su última morada continuarán hasta el lunes con una procesión fúnebre a lo largo de una ruta de 10 kilómetros, seguida de ritos en la ciudad santa de Qom el 7 de julio, en Irak el 8 de julio y el entierro en Mashad el 9 de julio.
A continuación, se presentan fragmentos de algunos de las reflexiones del Líder mártir respecto a la independencia:
La independencia constituye uno de los conceptos centrales del pensamiento político del Líder mártir de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, quien la define como un requisito indispensable para que una nación pueda decidir libremente su propio destino y preservar su soberanía frente a las potencias extranjeras.
En una recopilación de discursos pronunciados a lo largo de los años, el ayatolá Jamenei sostiene que el verdadero significado de la independencia trasciende la simple autonomía política y abarca también las dimensiones económica, cultural e identitaria de un país.
“La libertad más importante de las naciones es la libertad pública del país; es decir, la independencia. En otra ocasión he dicho que la independencia significa la libertad de una nación. Cuando hablamos de independencia, estamos hablando de la libertad de una nación para poder realizar libremente sus propios asuntos”.
Según el Líder, esa libertad constituye precisamente el objetivo del denominado ‘sistema de dominación’, al que acusa de emplear distintos métodos para someter a otros países.
“El sistema de dominación se opone a esta libertad; a veces mediante el colonialismo, a veces mediante el neocolonialismo y a veces mediante los métodos actuales —es decir, la guerra blanda—, están dañando gravemente a las naciones. Por supuesto, cuando es necesario, también intervienen con fuerza militar y no muestran ninguna vacilación”.
Como ejemplo de esa política, citó la presencia militar estadounidense en Siria e Irak.
“Hoy los estadounidenses entran en la región del Éufrates oriental en Siria y dicen abiertamente que han venido por el petróleo. ¿Es su casa? Es otro país, pero dicen que aquí hay petróleo, hemos venido por el petróleo; es decir, no sienten vergüenza al expresarlo de forma tan directa. O entran en un país como Irak sin permiso; no van al gobierno de ese país ni a su capital. Se quedan en sus propias bases y van directamente allí. En otras palabras, ofenden abiertamente la libertad y la independencia de las naciones”.
El pueblo como garante de la independencia
El ayatolá Jamenei sostuvo que el principal sostén de la independencia nacional no son las instituciones, sino la participación popular.
“El principal factor de la independencia de los países es su pueblo; nosotros lo hemos experimentado. Durante la Defensa Sagrada [guerra de ocho años impuesta por Irak a Irán (1980-1988)], el pueblo entró en acción, y aunque todas las potencias apoyaban a Sadam [Husein] y le brindaban ayuda, la República Islámica, con el apoyo del pueblo, pudo imponerse y frustrar al enemigo”.
En esa línea, diferenció entre independencia nacional y libertad social, aunque subrayó que ambas forman parte de un mismo principio.
“La independencia nacional significa la libertad de la nación y del gobierno frente a la imposición y la prepotencia de las potencias dominantes del mundo. Y la libertad social significa el derecho de todos los miembros de la sociedad a decidir, actuar y pensar. Ambos son valores islámicos, y ambos son un don divino para los seres humanos; ninguno de ellos es un favor concedido por los gobiernos al pueblo. Los gobiernos están obligados a garantizar ambos”.
Afirmó además que la independencia alcanzada tras la Revolución Islámica (1979) fue obtenida mediante grandes sacrificios.
“El valor de la libertad y la independencia lo comprenden mejor quienes han luchado por ellos. La nación iraní es uno de esos ejemplos a través de su lucha de cuarenta años. La independencia y la libertad actuales de la República Islámica de Irán son el resultado —incluso el fruto de sangre— de cientos de miles de personas nobles, valientes y sacrificadas, en su mayoría jóvenes, pero todas ellas en elevados rangos de humanidad”.
“Este fruto del ‘árbol bendito’ de la Revolución no puede ponerse en peligro mediante interpretaciones o justificaciones ingenuas y, en algunos casos, malintencionadas. Todos —especialmente el gobierno de la República Islámica— están obligados a protegerlo con toda su existencia”.
No obstante, precisó que la independencia no implica aislamiento. “Es evidente que la independencia no debe significar encerrar la política y la economía del país dentro de sus propias fronteras, y la ‘libertad’ no debe definirse en oposición a la ética, la ley, los valores divinos y los derechos públicos”.
Independencia política frente a la influencia extranjera
En varios de sus discursos, el ayatolá Jamenei insistió en que la independencia exige resistir tanto las presiones abiertas como las estrategias diplomáticas que, a su juicio, buscan incorporar a otros países a los intereses de las grandes potencias.
“Uno de los indicadores del espíritu revolucionario es el compromiso con la independencia. Esta independencia es muy importante: independencia interna, independencia regional, independencia global e internacional; en todos estos asuntos, preservar la independencia del país y del sistema”.
“Esto significa que no debemos ser engañados en el ámbito político. El enemigo, cuyo objetivo es arrastrar a los gobiernos y a las naciones tras de sí, recurre a diversos métodos. No siempre habla mediante amenazas; a veces también mediante halagos. A veces escribe cartas en las que invita a otros a colaborar con Estados Unidos para resolver conjuntamente los asuntos globales. En ese marco, una persona podría sentirse tentada a pensar que es bueno cooperar con una superpotencia en la resolución de problemas internacionales. En el lenguaje diplomático formal se expresa así, pero la realidad no es esa”.
Como ejemplo, recordó la negativa iraní a participar en determinadas iniciativas impulsadas por Washington en Siria.
“El hecho de que en los asuntos regionales, como en el caso de Siria y otros similares, no hayamos participado en la llamada coalición estadounidense —a pesar de que lo solicitaron repetidamente— se debe a esto. Ellos tienen un plan y han definido objetivos; desean alcanzarlos y, por supuesto, quieren utilizar la fuerza, los recursos y la influencia de otros países, incluida la República Islámica. Si la República Islámica cae en esa trampa y entra en su juego, significa que está completando su esquema de trabajo y su plan. Esto va en contra de la independencia. Aparentemente no es algo que implique que un gobierno externo tome el control del país, pero aun así constituye una violación de la independencia política”.
La independencia económica
Otro de los ejes del pensamiento expuesto por el ayatolá Jamenei es la autonomía económica, que considera imprescindible para preservar la soberanía política.
“La independencia económica —en resumen— significa no ser absorbido por la economía global. Obsérvese que ellos mismos, los estadounidenses, en el contexto de los asuntos posteriores a las negociaciones nucleares, dijeron que el acuerdo nuclear debía conducir a que la economía iraní se integrara en la economía de la comunidad internacional: ¡integrarse! ¿Qué significa integrarse? ¿Qué es la economía de la comunidad internacional? ¿Es acaso un orden justo, lógico y racional? En absoluto”.
“La economía cuyo diseño ha sido trazado por la comunidad internacional y cuyos diversos aspectos están extendidos por todo el mundo consiste en un plan y un sistema diseñado principalmente por capitalistas sionistas y, en parte, no sionistas, para apropiarse de los recursos financieros de todo el mundo. Ese es el orden de la economía mundial”.
“Que un país integre su economía en la economía global no es un motivo de orgullo; es una pérdida, un daño, una derrota. Incluso en las sanciones, su objetivo era económico. Cuando nos impusieron sanciones, los propios estadounidenses afirmaron explícitamente que el objetivo era paralizar la economía de Irán”.
Frente a ello defendió la denominada economía de resistencia. “La independencia económica solo se logra mediante la economía de resistencia, como hemos dicho: ‘Economía de resistencia: acción y ejecución’”.
La dimensión cultural
Además de la política y la economía, el Líder mártir considera que la independencia también depende de preservar la identidad cultural.
“Hoy, la bandera de la independencia identitaria y cultural de las mujeres está en manos de las mujeres iraníes; hoy las mujeres iraníes, manteniendo el hiyab (velo islámico), están proclamando su independencia identitaria y su independencia cultural, y la están exportando al mundo; es decir, el mundo está escuchando una nueva palabra”.
“El sistema de dominación significa un sistema mundial bipolar entre los países; una bipolaridad clara y cada vez más evidente entre los Estados. Ese es el sistema de dominación. Un polo es el polo dominante; el otro es el polo subordinado. Así se forma el sistema bipolar”.
“Imitar a Occidente y a lo extranjero en el estilo de vida es exactamente lo opuesto a la independencia cultural. Hoy el sistema de dominación está trabajando sobre este asunto. La cuestión de la ingeniería de la información, estos nuevos instrumentos que han entrado en el escenario, todos ellos son herramientas para dominar la cultura de un país”.
“En cuanto al concepto de libertad, debemos aplicar la independencia —que junto con la libertad es nuestro otro lema—; es decir, pensar de forma independiente, no de manera imitativa o subordinada”.
Independencia y progreso
El ayatolá Jamenei rechazó la idea de que la independencia sea incompatible con el desarrollo.
El Líder sostuvo que la idea de que la independencia política, económica o cultural es incompatible con el desarrollo forma parte de una narrativa promovida por las grandes potencias para desalentar a los países de defender su soberanía.
Según explicó, la independencia no implica aislarse ni romper relaciones con otros Estados, sino impedir que actores extranjeros condicionen las decisiones nacionales en función de sus propios intereses. En ese sentido, afirmó que las potencias intervencionistas buscan influir en aspectos clave de la política, la economía y los recursos de otros países, subordinando sus intereses nacionales.
“Difunden la idea de que la independencia política, cultural o económica de los países es incompatible con el progreso. Quienes están familiarizados con la propaganda global escuchan estas afirmaciones; estas ideas se difunden en el mundo como supuestos argumentos de centros de pensamiento o como planteamientos filosóficos. Algunas personas dentro de los países —incluido el nuestro— también repiten estas ideas en su nombre, afirmando que si un país quiere formar parte del grupo de naciones desarrolladas, no tiene otra opción que reducir su aspiración de independencia. De lo contrario, dicen, es imposible que un país sea independiente —basado únicamente en sus propios intereses— y al mismo tiempo forme parte del sistema global de desarrollo. Esta idea es completamente falsa, fabricada por quienes se oponen a la independencia de los países. La esperanza y el objetivo de las potencias intervencionistas es asegurar sus propios intereses mediante la injerencia en los asuntos de otros países; si los intereses de esas naciones se destruyen o se pisotean, no les importa. Su insistencia es en la intervención. Esto también ocurría en el régimen tiránico: con quién se debía o no tener relaciones, a quién vender el petróleo, cuánto vender, cómo consumirlo, quién debía ocupar o no puestos sensibles—intervenían de forma explícita en todo ello. Así, el país se convierte en una herramienta para sus intereses, y los intereses nacionales quedan completamente olvidados; el objetivo de los dirigentes del país ya no son los intereses nacionales, sino los intereses de las potencias interventoras. La independencia corta este proceso erróneo y traicionero; lo detiene. Ese es el significado de la independencia para un país. La independencia no significa romper relaciones con otros países, sino crear una barrera frente a su influencia para que no puedan subordinar los intereses de ese país y de su nación a los suyos propios. Ese es el significado de la independencia, y es el objetivo más importante para un país”.
También sostuvo que la globalización, tal como ha sido promovida por instituciones internacionales, responde a intereses hegemónicos.
“La globalización es un nombre muy atractivo, y cada país piensa que los mercados mundiales se le abrirán. Sin embargo, la globalización entendida como convertirse en un simple engranaje del sistema capitalista occidental no debe ser aceptada por ninguna nación independiente”.
“Si la globalización ha de realizarse en el verdadero sentido de la palabra, los países deben preservar su independencia —tanto económica como política— y su capacidad de decisión; de lo contrario, una globalización que desde hace décadas ha sido promovida a través del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), entre otros —todos ellos instrumentos estadounidenses y del sistema hegemónico— no tiene ningún valor”.
Y destacó que sin independencia no puede haber un desarrollo auténtico. “Un principio fundamental es la cuestión de la independencia; sin ella no hay progreso, sino una ilusión de progreso”.
La importancia de la producción nacional en lograr la independencia
Subrayó una relación de dependencia entre producción nacional, independencia económica e independencia política.
“Si la producción nacional no se forma, la independencia económica de este país no se hará realidad; y si la independencia económica de una sociedad no se hace realidad, la independencia política de este país tampoco se hará realidad. La independencia de un país depende del trabajo. Ningún país ni ninguna nación llegará a ninguna parte mediante la ociosidad, la pereza y la indiferencia hacia el trabajo”.
