La planilla del Congreso peruano se duplicó en solo cinco años, alcanzando erogaciones superiores a los 240 millones de dólares para su personal de confianza. Aunque el Parlamento ampara este gasto desmedido en convenios sindicales, la negativa a aplicar recortes salariales confirma la impunidad con la que manejan los recursos del Estado.
El personal del Congreso lideró los aumentos salariales mediante bonos aprobados sin sustento técnico. Esta asignación arbitraria de recursos indigna a una ciudadanía que exige transparencia en el gasto público.
Mientras la salud y la educación sufren serios déficits, el Congreso prioriza expandir su propio presupuesto y el del sector defensa. Esta distribución fiscal antepone el fortalecimiento político a las necesidades básicas de la población.
Perú retomará el Congreso bicameral con una Cámara de Diputados y un Senado. Desde el 24 de julio, ambas instancias asumirán el trámite de vacancias presidenciales y acusaciones constitucionales.
Aarón Rodríguez, Lima.
zmo
