Un “Frankenstein Uniformado” es el título utilizado por las periodistas Rekha Chandiramani y Grisel Bethancourt para referirse a la Policía de Panamá en un reciente artículo donde abordan distintos desequilibrios que circundana este cuerpo de seguridad.
Junto a denuncias de corrupción, violaciones a los derechos humanos y secretismo dentro de la institución, el carácter militar que aún la envuelve a pesar de la disolución del Ejército luego de la invasión estadounidense en 1989, preocupa a muchos panameños, sobre todo tras su desempeño en la contención de las manifestaciones populares, como resultado del descontento ante el manejo que ha tenido la crisis sanitaria y económica.
La detención del periodista Juan Cajar en noviembre pasado o el ataque a golpes contra una estudiante universitaria por reclamar derechos sociales un mes más tarde, son breves ejemplos de estas prácticas.
Fuerzas especiales como el Servicio Nacional de Fronteras (SENAFRONT) o la Fuerza Alfa de combate a grupos pandilleriles han terminado reprimiendo y deteniendo las protestas civiles en los últimos meses.
A pesar del cambio reciente en el mando de la Policía Nacional, las críticas apuntan a una estructura corroída, cuyo fortalecimiento ha sido respaldado por las distintas administraciones de Gobierno, preocupadas siempre por priorizar sus intereses y el de los círculos de poder a su rededor.
John Alonso, Ciudad de Panamá.
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