Bashar al-Qaryuti, paramédico de la localidad de Qaryut, ha informado este lunes a la agencia oficial palestina de noticias WAFA que las fuerzas israelíes bloquearon la ambulancia en el puesto de control militar de Awarta, situado al sur de Nablus, tras cerrar sus accesos.
Qaryuti informó que el equipo de la ambulancia fue retenido durante más de 30 minutos y que la mujer embarazada, que “sufría una hemorragia muy grave”, fue sometida a un registro pese a encontrarse en “estado extremadamente crítico”.
“Los soldados israelíes ordenaron al personal apagar el motor de la ambulancia, lo que provocó que el equipo de soporte médico a bordo dejara de funcionar”, ha añadido el paramédico.
Finalmente, la ambulancia recibió autorización para continuar hasta el hospital, donde los médicos lograron salvar la vida de la mujer, pero no pudieron salvar al feto, según Qaryuti.
El incidente ocurrió casi una semana después de que Sajoud Fuqaha, de 30 años y residente de la localidad de Sinjil, al norte de Ramalá, muriera de un infarto después de que las fuerzas israelíes retrasaran la entrada de una ambulancia al pueblo al cerrar una puerta de hierro en su acceso.
Las restricciones a la libertad de movimiento han sido históricamente una característica de la vida en Cisjordania, obstaculizando la actividad económica y complicando tanto la vida cotidiana como las situaciones de emergencia.
En los últimos tres años, el número de bloqueos de carreteras, puestos de control y otras barreras ha aumentado considerablemente, alcanzando niveles no vistos desde la Segunda Intifada, hace más de dos décadas, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Los datos recopilados por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) muestran que el número de obstáculos a la circulación ha alcanzado su punto máximo en 20 años.
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