Por el equipo de redacción de Press TV
Esta visión busca transformar la relación de Irán con el punto estratégico energético más importante del mundo, pasando de una vigilancia defensiva a una gestión activa y legalmente regulada.
El cambio más significativo con respecto a la política iraní anterior radica en el paso de las advertencias descriptivas a marcos de acción concretos. Mientras que el discurso anterior solía catalogar las amenazas extranjeras, la nueva política se centra en la codificación legislativa y la implementación militar.
El énfasis del ayatolá Jamenei en la “nueva gestión” del estratégico estrecho señala un cambio de posturas reactivas a un control proactivo en medio de los rápidos cambios en la región tras la guerra de agresión de 40 días entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica.
Ya no se trata de monitorear o defender los intereses iraníes, sino de ejercer la autoridad soberana de maneras que transforman radicalmente la gobernanza del estrecho.
Irán ha trazado sus líneas rojas con claridad y precisión. Una de ellas es la firme e irreversible decisión de ejercer el control total sobre el estrecho de Ormuz.
Esto constituye una exigencia fundamental e innegociable que redefine el panorama estratégico, dejando a Estados Unidos en una encrucijada donde todos los caminos posibles conducen a una crisis.
Lecciones de la historia
En su declaración del Día del Golfo Pérsico, el ayatolá Jamenei describió el estrecho como una bendición divina y un campo de batalla histórico contra la dominación extranjera. Las repetidas agresiones de las potencias estadounidenses y europeas, incluyendo las recientes amenazas del Gran Satán, conforman un hilo conductor de hostilidad imperialista hacia las naciones de la región.
Irán, poseedor de la costa más extensa del Golfo Pérsico, ha soportado el mayor sacrificio en la defensa de la independencia de esta vía marítima, afirmó el Líder, remontándose a esta resistencia indomable desde la expulsión de los colonizadores portugueses en 1622 hasta las posteriores luchas contra el colonialismo neerlandés y británico.
La Revolución Islámica de 1979, señaló, fue un punto de inflexión decisivo que rompió definitivamente el dominio de las potencias arrogantes sobre la región.
En los últimos dos meses, dijo, Estados Unidos sufrió una “humillante derrota” tras la mayor agresión militar en la región, iniciada el 28 de febrero. Esta derrota, indicó el Líder, marca el comienzo de un nuevo capítulo para el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz.
Quizás lo más significativo fue el contraste que el Líder estableció entre el reciente despertar de los pueblos de la región y el histórico “silencio y sumisión” de los gobernantes del Golfo Pérsico.
La causa fundamental de la inseguridad
El Líder de la Revolución Islámica identificó la presencia estadounidense y su afianzamiento militar en la región del Golfo Pérsico como la principal fuente de inestabilidad regional.
Esto no se presenta como una opinión política, sino como una conclusión empírica derivada de décadas de consecuencias observadas. Además, señaló que las bases militares estadounidenses son “vacías”, incapaces de garantizar su propia seguridad, y mucho menos la de proteger a sus aliados y representantes locales, como se evidenció durante la Guerra de los Cuarenta Días.
El Líder vislumbró un “futuro brillante” para la región del Golfo Pérsico, un futuro definido por la ausencia de Estados Unidos. En este futuro, el progreso, el bienestar y la prosperidad regionales no serán resultados fortuitos, sino objetivos explícitos de un orden post-estadounidense.
Asimismo, enfatizó un “destino común” compartido por Irán y sus vecinos a lo largo del Golfo Pérsico y el mar de Omán.
Marco jurídico: Institucionalización del control
El “Plan de Acción Estratégico para Garantizar la Seguridad y el Progreso en el Estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico”, aprobado por el Parlamento, constituye el pilar legislativo de la nueva doctrina.
Con aproximadamente once artículos, el plan estratégico establece mecanismos sin precedentes para la autoridad y la gestión iraníes de la vía marítima, entre los que se incluyen:
- Soberanía monetaria: Los ingresos financieros procedentes del estrecho deberán recaudarse en riales iraníes, lo que supone un desafío directo al predominio del dólar en las transacciones energéticas regionales.
- Mecanismo de compensación: Los países que hayan impuesto sanciones, bloqueado activos iraníes o emprendido acciones hostiles deberán pagar una compensación sustancial por el tránsito por la vía marítima.
- Autoridad militar: El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Irán ha sido designado como la autoridad responsable de todas las acciones en este punto estratégico, consolidando así el mando militar y civil.
Influencia económica: El sistema de peajes
Un elemento central del nuevo marco es la implementación de peajes para los buques procedentes de países considerados “hostiles”. Según informes, el Banco Central de Irán ha abierto cuatro cuentas especiales —denominadas en rial, yuan, dólar y euro— para recibir los pagos recaudados por Irán.
El enfoque multimoneda refleja una planificación financiera sofisticada, diseñada para mantener la funcionalidad en diferentes sistemas de pago internacionales, priorizando la moneda iraní.
El sistema de peajes cumple múltiples propósitos estratégicos: generar ingresos, reafirmar la autoridad regulatoria, imponer costos a los adversarios y crear un mecanismo burocrático para el paso selectivo sin recurrir a la confrontación militar directa.
Posicionamiento geopolítico: El factor omaní
Un elemento importante de la estrategia de Irán implica una autoridad y legitimidad regional indiscutibles mediante la cooperación con Omán, el único otro Estado costero que limita con el estrecho.
Según informes, Teherán ha propuesto dividir el control administrativo de la vía marítima con Mascate, presentándolo como un acuerdo bilateral entre dos países del Golfo Pérsico con derechos soberanos sobre aguas adyacentes.
Según informes, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, durante su reciente visita a Omán, que también lo llevó a Pakistán y Rusia, abordó el tema con la cúpula del gobierno omaní.
Postura militar: Control inteligente
El concepto de “control inteligente” sobre el estrecho, puesto a prueba recientemente en ejercicios navales a gran escala del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) antes de la guerra de 40 días, representa un enfoque gradual que, si bien no llega al cierre total, sí supera la mera vigilancia pasiva.
Durante los ejercicios denominados “Control Inteligente del Estrecho de Ormuz”, las fuerzas navales iraníes practicaron operaciones desde las estratégicas islas de Bu Musa y las islas Tunb Mayor y Menor, que los altos mandos han descrito como “fortalezas inexpugnables y portaaviones insumergibles”.
Esta postura permite a Irán restringir el paso de buques hostiles sin bloquear todo el tráfico, aumentar la presión gradualmente en función de los acontecimientos y aprovechar las ventajas geográficas sin agotar sus recursos militares.
Implicaciones regionales: Sin papel para Estados Unidos
La nueva doctrina rechaza explícitamente el papel que Estados Unidos ha desempeñado durante mucho tiempo en el Golfo Pérsico. En su declaración, el Líder de la Revolución Islámica afirmó claramente que las bases militares extranjeras en la región no brindan seguridad, sino que multiplican las tensiones.
Según esta visión, el futuro de la región pertenece exclusivamente a los países de la zona.
Esto fue reiteradamente afirmado por el mártir Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, en sus discursos, advirtiendo siempre que la presencia de fuerzas externas solo genera inseguridad en la región.
Cálculo de guerra económica
La estrategia de Irán se basa en la dependencia global de las exportaciones de energía del Golfo Pérsico.
Al controlar este flujo, Teherán puede influir en los precios del petróleo, presionar a sus adversarios y crear incentivos para el diálogo diplomático en sus propios términos.
El cálculo es sencillo: el costo de una guerra impuesta o de restricciones prolongadas para la economía global, en particular para los países importadores de energía y Estados Unidos antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, podría forzar concesiones.
La economía iraní, aislada durante mucho tiempo de los mercados globales por sanciones injustas y devastadoras, es comparativamente menos vulnerable a esta forma de guerra económica.
Respuesta y perspectivas globales
La reacción internacional al nuevo sistema de gestión iraní de la estratégica vía marítima se ha caracterizado por una observación cautelosa mezclada con preocupación.
Estados Unidos ha mantenido su bloqueo naval —es decir, el bandidaje y la piratería marítima— y ha rechazado las condiciones iraníes para la negociación. Las potencias europeas se enfrentan a difíciles decisiones: aceptar la gestión iraní o desafiarla militarmente.
La estrategia iraní está diseñada para resistir la voluntad estadounidense de mantener costosos despliegues militares, al tiempo que reafirma sus posiciones innegociables.
En resumen
La declaración del ayatolá Jamenei con motivo del Día del Golfo Pérsico articula una doctrina integral que transforma el enfoque de Irán respecto a la gestión del estrecho de Ormuz.
Mediante el establecimiento de marcos legales, protocolos militares, mecanismos económicos e iniciativas diplomáticas, Irán busca convertir su destino geográfico en una ventaja estratégica duradera.
Lo que está claro es que las normas que rigen el punto estratégico energético más importante del mundo se están reescribiendo, y el resultado final lo determinará la República Islámica de Irán.
