Por: Ivan Kesic
En Serbia ha encontrado a su socio más reciente y controvertido. La estrategia es simple: proteger la cadena de suministro de Tel Aviv frente a los misiles balísticos iraníes.
El 7 de marzo de 2026, el presidente serbio, Aleksandar Vučić, hizo un anuncio enigmático. Serbia, afirmó, abriría pronto una fábrica de “los drones más avanzados del mundo” junto con un socio extranjero del régimen israelí.
A comienzos de abril, diversos informes revelaron el alcance completo del acuerdo. Elbit Systems —la mayor empresa militar de los territorios ocupados y una compañía señalada repetidamente por expertos de la ONU por beneficiarse del genocidio en curso en Gaza— acordó establecer una planta conjunta de producción de drones en Šimanovci, a unos treinta kilómetros al oeste de Belgrado.
La fábrica, que podría comenzar a operar ya a finales de abril de 2026, está diseñada para producir dos tipos de vehículos aéreos no tripulados, incluido un modelo de largo alcance capaz de volar a altitudes superiores a seis kilómetros.
Mientras la mayoría de la atención mediática se ha centrado en la creciente carrera armamentística entre Serbia y Croacia, una historia mucho más trascendental ha pasado prácticamente desapercibida.
Lo que hace que este acuerdo sea particularmente significativo no es solo la transferencia tecnológica o las condiciones financieras, sino la lógica estratégica que lo impulsa.
El régimen israelí, tras haber sufrido pérdidas devastadoras de su flota de Hermes 900 durante la reciente guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, busca desesperadamente diversificar su base de producción fuera del alcance de posibles represalias iraníes.
📷 Handala publica una foto del equipo de diseño del dron “Hermes” israelí.
— HispanTV (@Nexo_Latino) April 7, 2026
🔹La cuenta del grupo de hackers Handala compartió por primera vez una foto exclusiva del equipo principal responsable del diseño y desarrollo del dron “Hermes” en la empresa Elbit Systems. pic.twitter.com/TEjPdS9PII
Fábrica en Serbia: detalles del acuerdo de 2026
El acuerdo de empresa conjunta entre Elbit Systems y la compañía estatal serbia Yugoimport SDPR otorga a la empresa israelí una participación mayoritaria del 51 %, mientras que el socio serbio conserva el 49 % restante.
Según documentos obtenidos por algunos periodistas y confirmados por dos fuentes independientes cercanas a la industria militar, la fábrica producirá dos tipos distintos de drones.
El primero es un modelo de corto alcance con alta capacidad de carga y alas rotatorias, diseñado para misiones tácticas de reconocimiento y ataque en entornos operativos restringidos.
El segundo es mucho más avanzado: un modelo de largo alcance, más rápido y capaz de operar a altitudes superiores a seis kilómetros, lo que lo hace adecuado para misiones de vigilancia de penetración profunda más allá de las fronteras serbias.
Una fuente familiarizada con el acuerdo describió este dron de largo alcance como “más avanzado” que el Pegasus, un dron de reconocimiento de combate que Serbia ya produce a nivel nacional.
“Tiene una mayor altitud de vuelo y mayor autonomía operativa”, explicó la fuente. “La esencia de toda la historia es la transferencia de tecnología, porque nuestros ingenieros también trabajarán en él. Este dron es, en realidad, la joya de la corona de todo el proyecto”.
Expertos de Utva, una fábrica aeronáutica propiedad de SDPR, también participarán en el proceso de producción, lo que indica una inversión significativa en capacidades técnicas locales.
El emplazamiento previsto para la fábrica también ha generado controversia: una instalación propiedad de Pink Media Group, el imperio mediático de Željko Mitrović, empresario con estrechos vínculos con el partido gobernante de Vučić.
Tras la publicación de informes de investigación, Pink Media Group negó su participación, afirmando que ni Mitrović ni ninguna entidad asociada habían intervenido en las negociaciones ni arrendado instalaciones para el proyecto.
Sin embargo, esta negación no abordó las pruebas documentales ni las dos fuentes independientes que confirmaron el acuerdo. La ubicación exacta de la fábrica sigue sin resolverse.
Cooperación serbo-israelí: armas, espionaje y conexiones políticas
El acuerdo de la fábrica de drones es solo el capítulo más reciente de una relación en rápida expansión entre Belgrado y Tel Aviv, que abarca comercio de armas, tecnología de inteligencia, consultoría política y alineamiento diplomático.
El valor de las exportaciones de municiones y armas desde Serbia hacia el régimen israelí se ha multiplicado por 42 desde 2023, alcanzando los 114 millones de euros a finales de 2025, según datos disponibles.
La gran mayoría de estas exportaciones se realizaron a través de Yugoimport SDPR, la misma empresa estatal que ahora colabora con Elbit en la fábrica de drones.
Más allá del armamento convencional, la asociación se extiende al ámbito opaco de la vigilancia y la tecnología de espionaje.
Las autoridades serbias han utilizado productos forenses adquiridos a la empresa israelí Cellebrite para desbloquear y extraer datos de dispositivos móviles pertenecientes a periodistas y activistas en redes sociales.
Una nueva herramienta de software espía denominada “NoviSpy” ha sido desplegada para infectar estos dispositivos, permitiendo a los servicios de seguridad interna monitorizar y reprimir voces críticas.
Los métodos empleados llevan la marca distintiva de la tecnología y la formación israelí. Las conexiones personales entre ambos regímenes son profundas.
Asaf Eisin, consultor israelí, ha sido descrito como el principal arquitecto de las campañas electorales victoriosas de Vučić.
Su papel va más allá de la mera consultoría política; se le considera ampliamente el estratega discreto de Vučić, proporcionando técnicas sofisticadas de gestión de campañas desarrolladas en los territorios ocupados.
La oposición serbia ha calificado a Eisin como una “agencia para ganar elecciones”, y su historial en múltiples campañas políticas en los Balcanes respalda esta caracterización.
En septiembre de 2024, mientras el régimen israelí enfrentaba un creciente aislamiento internacional por sus acciones en Gaza, su presidente, Isaac Herzog, realizó una visita oficial a Belgrado, reuniéndose con altos funcionarios serbios.
El momento fue significativo: pese a la presión diplomática global, Vučić lo recibió como un gesto de solidaridad.
Analistas de política exterior señalaron que Serbia vio en ello una oportunidad para demostrar su alineamiento con el aliado más cercano de Washington en Asia Occidental, en un movimiento calculado para ganarse el favor de la entrante administración de Donald Trump.
Esta alineación se formalizó en septiembre de 2020 mediante el Acuerdo de Washington, en el que Serbia se comprometió a abrir una oficina de la cámara de comercio y una oficina estatal en Al-Quds (Jerusalén).
La medida fue celebrada en Tel Aviv como “un paso importante y valiente”, mientras que los críticos señalaron que situaba a Serbia firmemente del lado de la ocupación y en contra de la soberanía palestina.
La conexión con los Emiratos Árabes Unidos, articulada a través del mismo acuerdo, ha creado un eje que se extiende desde Abu Dabi, pasando por Tel Aviv, hasta Belgrado.
Los EAU, que normalizaron relaciones con el régimen israelí en 2020, se han convertido en un inversor significativo en Serbia, además de actuar como canal para la transferencia tecnológica y la cooperación militar.
Esta relación triangular ha permitido a Serbia acceder a tecnologías de defensa avanzadas, al tiempo que proporciona al régimen israelí un centro europeo de producción y logística.
Elbit Systems: una empresa rodeada de controversia global
Elbit Systems, la firma militar israelí en el centro del acuerdo para la fábrica de drones en Serbia, ha acumulado un impresionante historial de controversias internacionales que abarca violaciones de derechos humanos, campañas de desinversión financiera, activismo de base y desafíos legales.
La empresa genera aproximadamente el 90 % de sus ingresos a partir de actividades militares y está profundamente integrada en el aparato militar del régimen israelí, lo que la convierte en un foco central de críticas en medio del genocidio en curso en Gaza y en la Cisjordania ocupada.
Una de las controversias más prolongadas se refiere a la participación de Elbit en infraestructuras vinculadas a la ocupación israelí, particularmente los sistemas de vigilancia instalados a lo largo del muro de separación en la Cisjordania ocupada.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió en 2004 una opinión consultiva declarando dicho muro contrario al derecho internacional; sin embargo, Elbit continuó suministrando tecnología para su funcionamiento.
Esto provocó una temprana reacción internacional. En 2009, el fondo soberano de Noruega retiró sus inversiones de Elbit, y el ministro de Finanzas declaró entonces: “No queremos financiar empresas que contribuyan de manera tan directa a violaciones del derecho internacional humanitario”.
Decisiones similares fueron adoptadas por instituciones financieras danesas y suecas.
El movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) ha convertido a Elbit en uno de sus principales objetivos, señalando que la tecnología de la empresa contribuye directamente a graves violaciones de los derechos humanos contra los palestinos en Gaza y en los territorios ocupados.
Estas campañas han logrado resultados tangibles. HSBC retiró su inversión en Elbit en 2018, tras la adquisición por parte de la empresa de IMI Systems, fabricante de municiones de racimo.
En 2026, una importante entidad de inversión canadiense también se deshizo de sus participaciones en Elbit tras protestas sostenidas por su papel en el suministro de equipos utilizados en el genocidio en Gaza.
Un informe de un Relator Especial de la ONU publicado en junio de 2025 incluyó a Elbit entre las empresas que se benefician del genocidio en Gaza. El documento mencionaba específicamente los drones desarrollados y suministrados por la compañía, describiendo cómo operan junto a aviones de combate durante campañas de bombardeo, utilizados para vigilar a la población palestina y recopilar inteligencia sobre objetivos.
El informe concluía que “los drones, hexacópteros y cuadricópteros se han convertido en máquinas de matar omnipresentes en los cielos de Gaza”.
El activismo directo también ha apuntado a instalaciones de Elbit en todo el mundo. En el Reino Unido, grupos como Palestine Action (Acción Palestina) han irrumpido y ocupado instalaciones vinculadas a la empresa. La intrusión en la planta de Filton en 2024 causó daños significativos y dio lugar a arrestos y procesos judiciales de alto perfil.
En 2025, Elbit cerró una instalación en el Reino Unido tras protestas sostenidas, una victoria simbólica para los activistas que demuestra que los costos reputacionales y operativos pueden afectar incluso a grandes empresas armamentísticas.
En España, un envío de acero vinculado a la filial IMI Systems fue cancelado tras protestas. En Francia, el gobierno prohibió a empresas militares israelíes, incluida Elbit, exhibir armas ofensivas en el Salón Aeronáutico de París de 2025, citando el genocidio en Gaza.
Ese mismo año, una agencia de adquisiciones vinculada a la OTAN excluyó a Elbit de contratos debido a una investigación por corrupción, lo que sugiere que sus responsabilidades trascienden las campañas activistas y alcanzan la gobernanza formal del sector militar.
Mientras tanto, en Macedonia del Norte, la participación de Elbit en sistemas de vigilancia “Safe City” ha suscitado preocupaciones sobre vigilancia masiva, transparencia y posibles abusos, ampliando el debate ético más allá del conflicto armado hacia las libertades civiles y los derechos digitales.
⚠️💥Irán intercepta y derriba un dron israelí Hermes 900 en el cielo de Lar, en la provincia de Fars. pic.twitter.com/Jevdl7ic5V
— HispanTV (@Nexo_Latino) April 8, 2026
Hermes 900: capacidades y papel en la agresión contra Irán
El vehículo aéreo no tripulado Hermes 900, producido por Elbit Systems, se ha consolidado como el dron más importante del régimen israelí para ataques de largo alcance, y su desempeño durante la reciente agresión estadounidense-israelí contra Irán evidenció tanto su valor estratégico como sus vulnerabilidades críticas.
Como plataforma de media altitud y larga autonomía, el Hermes 900 puede permanecer en vuelo durante más de 30 a 40 horas, operando a grandes altitudes que le permiten supervisar amplias zonas sin necesidad de repostaje frecuente.
Esta autonomía se ve reforzada por comunicaciones satelitales, que posibilitan el control más allá de la línea de visión y la transmisión de datos en tiempo real a distancias imposibles para sistemas controlados desde tierra.
Su capacidad de largo alcance lo hace especialmente adecuado para misiones de vigilancia lejos de los territorios ocupados por Israel, incluyendo el monitoreo de infraestructuras militares iraníes y el seguimiento de los movimientos de las fuerzas del llamado Eje de la Resistencia en toda la región.
El Hermes 900 está equipado con sofisticados sistemas de recopilación de inteligencia, incluidos sensores electroópticos e infrarrojos, radar de apertura sintética y herramientas de inteligencia de señales.
Estos sistemas le permiten detectar movimientos de tropas, sistemas de misiles y señales de comunicación, incluso durante la noche o en condiciones meteorológicas adversas.
De forma crucial, el Hermes 900 puede designar objetivos mediante sistemas láser y transmitir coordenadas precisas, facilitando que cazas u otras plataformas —incluidos misiles de crucero de largo alcance— ejecuten ataques basados en la inteligencia recopilada.
Esta capacidad de designación convirtió al dron en un componente clave de la agresión contra infraestructuras iraníes durante la guerra iniciada el 28 de febrero de 2026.
No obstante, el coste para el régimen israelí fue considerable. El mayor número de drones israelíes derribados durante dicha agresión correspondió al modelo Hermes 900: aproximadamente 20 unidades, además de varios más abatidos en 2025.
No existe una cifra oficial sobre el número total de unidades Hermes 900 en posesión del régimen israelí, pero las estimaciones lo sitúan entre 25 y 50.
Algunos analistas militares estiman que la tasa de desgaste de esta flota pudo haber superado el 80 % durante la guerra.
El impacto fue tan severo que, según informes, la fuerza aérea israelí evitó desplegar sus unidades restantes sobre Irán durante periodos prolongados, cediendo de facto el control del espacio aéreo a las defensas iraníes y viéndose obligada a depender de plataformas menos avanzadas.
Este deterioro del principal activo de vigilancia y designación de objetivos de largo alcance de Israel representó una victoria estratégica para la red de defensa aérea iraní, que demostró su capacidad para detectar, rastrear y destruir incluso las plataformas no tripuladas más avanzadas.
Lógica estratégica: la producción en el extranjero como cobertura frente a represalias iraníes
El momento en que Serbia firmó el acuerdo para la fábrica de drones con Elbit Systems no es casual.
El contrato se suscribió en agosto de 2025, un mes y medio después de la primera agresión estadounidense-israelí contra Irán, cuando quedó claro para Tel Aviv que los misiles balísticos iraníes podían amenazar las instalaciones de producción nacionales.
Desde entonces, el régimen israelí ha insistido en desarrollar cadenas de suministro periféricas, ofreciendo a sus clientes tecnologías de vigilancia relativamente obsoletas mientras utiliza estos acuerdos para asegurar plataformas aéreas destinadas a nuevas agresiones en toda la región.
Esta estrategia no es nueva. Según analistas militares, el régimen israelí ya había acordado cooperar con la India en la producción del Hermes 900 desde 2018, mediante una empresa conjunta entre Adani Defence & Aerospace y Elbit Systems, con una instalación dedicada a vehículos aéreos no tripulados en Hyderabad que comenzó a operar en diciembre de ese año para la fabricación de componentes.
Hacia 2020, esta planta se amplió para ensamblar y exportar unidades completas del Hermes 900, convirtiendo a la India en el primer centro de producción fuera de los territorios ocupados.
Analistas estiman que la India produjo aproximadamente 20 de los cerca de 50 drones Hermes 900 de la flota israelí, lo que implica que casi el 40 % de la capacidad de vigilancia no tripulada de largo alcance de Tel Aviv fue fabricada fuera de su territorio, constituyendo una importante cobertura frente a la vulnerabilidad de sus instalaciones domésticas ante represalias iraníes.
En 2024, la India desplegó formalmente su propia versión, el Drishti-10 Starliner, entregando la primera unidad ensamblada localmente a la Marina india en enero de ese año.
La experiencia suiza con la producción del Hermes 900 ha sido mucho menos exitosa y ofrece una advertencia para Serbia. Suiza adquirió estos drones en 2015, pero requirió amplias modificaciones a través de su socio RUAG para permitir su operación segura en el espacio aéreo civil.
La integración de sistemas de detección y evitación resultó extremadamente compleja, generando retrasos reiterados que pospusieron la plena operatividad hasta aproximadamente 2029.
Algunas unidades entregadas no cumplieron con los estándares de rendimiento esperados, e incluso se registró un incidente notable en el que un dron se desintegró durante pruebas debido a problemas estructurales.
El gobierno suizo se vio obligado a reducir sus exigencias, abandonando ciertas capacidades avanzadas mientras los costos continuaban aumentando.
Comisiones parlamentarias expresaron dudas sobre la capacidad de RUAG y Elbit para resolver los problemas persistentes, e incluso se llegó a contemplar la cancelación del programa.
Para un país neutral como Suiza, el acuerdo también generó un debate sobre si este tipo de asociaciones compromete su neutralidad o la alinea en exceso con intereses militares-industriales extranjeros.
La experiencia de Brasil plantea otro tipo de desafíos. Aunque el Hermes 900 se ensambla localmente a través de AEL Sistemas, filial brasileña de Elbit, el programa ha estado marcado por problemas de fiabilidad técnica.
Se han producido múltiples accidentes, incluido uno durante las inundaciones de 2024 en Río Grande do Sul, cuando un dron empleado en operaciones de rescate se estrelló debido a un fallo técnico.
En marzo de 2026, otro Hermes 900 se precipitó durante un ejercicio militar en Mato Grosso do Sul, dejando supuestamente a la Fuerza Aérea Brasileña con una sola unidad operativa en ese momento.
Estos incidentes han suscitado preocupaciones sobre la fragilidad de la flota y la posible dependencia excesiva de Brasil respecto a un sistema extranjero complejo que no controla plenamente.
Incluso con ensamblaje local, los componentes críticos, el software y la experiencia en mantenimiento siguen vinculados a proveedores israelíes, generando una dependencia estructural que, según críticos, limita la soberanía tecnológica brasileña.
🔴💥🇨🇿 La organización activista «Earthquake Faction» anuncia que esta mañana ha incendiado la planta de fabricación de armas de la empresa israelí Elbit en la República Checa. pic.twitter.com/i1pTMkGSfb
— HispanTV (@Nexo_Latino) March 20, 2026
La apuesta serbia: riesgos y oposición interna
Dentro de Serbia, el acuerdo para la fábrica de drones ha generado una controversia significativa.
Observadores militares señalan que Elbit mantendrá el control total sobre la propiedad intelectual, lo que implica que, aunque trabajadores serbios puedan ensamblar drones, el país no adquirirá la capacidad de producirlos o replicarlos de manera independiente.
Petar Vojinović, analista de aviación, explicó que el modelo más probable otorga a Elbit el control de las ventas y de la propiedad intelectual, mientras que Yugoimport participa en la producción y percibe un porcentaje de los ingresos.
“Se espera que Elbit conserve el control completo de la propiedad intelectual”, señaló.
“Por lo tanto, dicha propiedad estará protegida y Serbia probablemente no podrá producir ni replicar los drones que se fabriquen”.
Otros analistas subrayan que la cuestión clave es la transferencia de conocimiento, argumentando que si parte del desarrollo y la producción se realiza en Serbia, ello implica formación de personal, acceso a tecnología y la posibilidad de avances futuros sin dependencia total de socios externos.
La dimensión política del acuerdo también ha suscitado críticas contundentes. La Relatora Especial de la ONU Francesca Albanese, durante una visita a Serbia en marzo de 2026, describió al país como “uno de los aliados más firmes y decididos de Israel, sin ningún pudor”.
Organizaciones de la sociedad civil serbia han advertido que albergar una instalación de producción de Elbit podría convertir al país en un objetivo militar legítimo en futuros conflictos que involucren al régimen israelí.
A diferencia de Croacia, que cuenta con la protección derivada de su pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea, Serbia permanece fuera de ambas alianzas, careciendo de un paraguas disuasorio frente a posibles represalias.
La población serbia se muestra ampliamente crítica con sus autoridades, y muchos sostienen que los funcionarios obtienen comisiones lucrativas de acuerdos controvertidos como este.
El hecho de que la fábrica pueda ubicarse en terrenos vinculados a un magnate mediático cercano al partido gobernante ha intensificado las sospechas de corrupción y conflicto de intereses.
Mientras Vučić presenta el acuerdo como un triunfo de la diplomacia y del desarrollo tecnológico serbio, sus críticos lo consideran una alineación arriesgada con un régimen paria que podría exponer a Serbia al aislamiento diplomático o a consecuencias aún más graves.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
