Por: Iqbal Jassat *
Informes de diversas fuentes sugieren que equipos negociadores de Estados Unidos e Irán podrían regresar a Pakistán en los próximos días para reanudar las conversaciones destinadas a poner fin de manera permanente a la guerra de agresión contra la República Islámica de Irán.
El miércoles, el jefe del ejército paquistaní, Asim Munir, llegó a Teherán para mantener conversaciones con el liderazgo iraní sobre el frágil alto el fuego vigente y el camino a seguir, incluida la posibilidad de una nueva ronda de negociaciones en la capital pakistaní en los próximos días.
Aunque se hace referencia a la “guerra en el Golfo Pérsico”, esta denominación no describe adecuadamente la realidad del conflicto contra Irán, ni las razones ni los responsables de su inicio.
Por ello, es crucial recordar que Israel y Estados Unidos lanzaron las llamadas operaciones “León Rugiente” y “Furia Épica” el 28 de febrero, con el objetivo declarado de destruir al sistema de la República Islámica e imponer un “cambio de régimen”.
Irán respondió disparando múltiples salvas de misiles contra los territorios ocupados y contra objetivos de EE.UU. en países de Asia Occidental y del Golfo Pérsico que albergan bases militares estadounidenses en la región.
La intensidad sostenida de la respuesta iraní demostró su capacidad para defenderse de los ataques aéreos y navales combinados de Estados Unidos e Israel.
Mientras los informes iraníes afirman que cientos de soldados israelíes murieron en los ataques de represalia, Israel ha minimizado estas cifras. Según medios sionistas, solo 12 soldados israelíes y 23 colonos murieron, y al menos 7693 resultaron heridos, además de 11 soldados estadounidenses fallecidos.
Dada la estricta censura sobre las bajas militares impuesta por el régimen israelí, es posible que nunca se conozca el número real de víctimas.
Mientras persiste la incertidumbre y el frágil alto el fuego mediado por Pakistán pende de un hilo, Estados Unidos ha impuesto un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz.
Trump ha amenazado con hundir cualquier barco que desafíe el bloqueo, añadiendo que las fuerzas estadounidenses aplicarán el mismo “sistema de eliminación” usado contra supuestas embarcaciones de narcotráfico en el Caribe.
A pesar de la retórica de Trump, se informa que varios buques han evitado el bloqueo, mientras China ha calificado la medida como “peligrosa e irresponsable”.
Netanyahu también enfrenta dificultades, en medio de una crisis económica global en desarrollo y advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre tasas de crecimiento negativas.
Como instigador de la guerra ilegal y no provocada, Netanyahu es consciente de que el riesgo de recesión global derivado de sus acciones criminales —y de haber arrastrado a Trump— sitúa a su régimen como uno de los principales responsables.
Las alarmas entre economistas occidentales apuntan a tensiones en las cadenas de suministro. El bloqueo militar del estrecho de Ormuz impulsado por Trump, supuestamente para “castigar” a Irán por ejercer su soberanía, podría desencadenar una crisis alimentaria global, advirtió el economista jefe de la FAO.
Mientras Netanyahu influye en la política estadounidense hacia Irán, Arabia Saudí ha presionado públicamente a Washington para poner fin al bloqueo del estrecho de Ormuz y volver a las negociaciones, según informó The Wall Street Journal.
El informe señala que Riad teme que el estancamiento pueda provocar una escalada regional más amplia, incluyendo amenazas a las rutas comerciales del mar Rojo y a las exportaciones petroleras saudíes.
En línea con Netanyahu, y bajo presión política interna, el director del servicio de espionaje del régimen israelí (Mossad), David Barnea, declaró en una ceremonia del Holocausto que su agencia no descansará hasta facilitar la “caída del régimen islámico de Irán”.
“Nuestra misión aún no ha terminado… planeamos continuar, incluso después del periodo de ataques sobre Teherán”, afirmó.
Fue la primera vez que el jefe del Mossad habló públicamente sobre su papel y su postura respecto al “cambio de régimen” en Irán.
Tras no haberse materializado dicho cambio de régimen en las primeras semanas de la guerra, e incluso después del alto el fuego, diversos funcionarios israelíes y estadounidenses han intentado culpar al Mossad y a Barnea del fracaso.
El Mossad rechazó estas acusaciones, negando haber fallado o haber inducido a Estados Unidos a creer en la posibilidad de un “cambio de régimen”.
Tras no alcanzar sus objetivos militares y políticos, Netanyahu se encuentra en una situación difícil tanto a nivel interno como internacional.
Con Trump deseoso de poner fin a una aventura que ha dañado su prestigio y poder, se sugiere que podría terminar aceptando las demandas de Irán en la próxima ronda de negociaciones en Pakistán.
* Iqbal Jassat es miembro ejecutivo de Media Review Network (Red de Revisión de Medios), Johannesburgo, Sudáfrica.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
