Sindicalistas y militantes de movimientos de jubilados y estudiantes, entre otros sectores, se han movilizado en París, capital de Francia, donde la Policía ha protagonizado enfrentamientos con los manifestantes incluso antes de que empezaran oficialmente las protestas, sujetas a estrictas medidas de seguridad.
En un ambiente de tensión, los agentes han recurrido a granadas de dispersión sting y lacrimógenas contra cientos de personas. La Prefectura de París ha informado de 165 detenciones en la ciudad.
Uno de los barrios donde la situación es más tensa es Montparnasse, punto de inicio en el sur de la capital de la tradicional marcha sindical de todos los años. Más de 7400 policías y gendarmes ha sido desplegados.
La Confederación General del Trabajo (CGT), uno de los principales sindicatos del país, ha organizado 199 manifestaciones en toda Francia con ocasión del Día del Trabajo, aunque la que suscita la mayor atención es la de París, a menudo escenario de espectaculares incidentes desde el inicio de las protestas de los chalecos amarillos.
“El 1 de mayo tiene que agrupar a todos los que se manifiestan desde hace meses y meses (…) para decir que se tiene que cambiar la política social”, ha indicado Philippe Martinez, secretario general de la CGT.
El 1 de mayo tiene que agrupar a todos los que se manifiestan desde hace meses y meses (…) para decir que se tiene que cambiar la política social”, ha indicado Philippe Martinez, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), uno de los principales sindicatos franceses.
Manifestantes en París corean "Revolución".pic.twitter.com/5pfiW6Kfud
— Pablo Del Amo (@PablodelAmo77) May 1, 2019
Francia vive desde el 17 de noviembre del 2018 una oleada de movilizaciones de los llamados chalecos amarillos, movimiento que mantiene contra las cuerdas al presidente del país, Emmanuel Macron.
Desde el inicio del movimiento, se han registrado más de 8500 detenciones, se han presentado al menos 1600 personas en tribunales en comparecencia inmediata y se han pronunciado cerca de 400 condenas de cárcel.
Los chalecos amarillos continúan cada semana sus protestas, que se iniciaron por un aumento planificado del impuesto sobre el combustible. Pese a que el Gobierno galo anuló esta medida, las manifestaciones reclaman ahora mejoras salariales, bajadas de impuestos y hasta la dimisión del presidente.
Sus reivindicaciones son comunes: más poder adquisitivo y una mejora de los servicios públicos y de las condiciones de vida, demandas a las que Macron no ha dado respuesta hasta momento.
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