• Un equipo de militares del ejército de EE.UU. traslada los restos de soldados estadounidenses muertos en Kuwait, en Dover, Delaware, 7 de marzo de 2026.
Publicada: jueves, 6 de agosto de 2026 22:40

Casi 700 militares de EE.UU. resultaron heridos en ataques iraníes con misiles y drones desde el inicio de la guerra contra Irán, muchos con lesiones cerebrales traumáticas.

La mayoría de los militares estadounidenses heridos en los ataques iraníes fue diagnosticada con lesiones cerebrales traumáticas (TBI, por sus siglas en inglés), una condición que, según especialistas, puede dejar secuelas neurológicas permanentes pese a que inicialmente sea considerada una conmoción leve, informó la agencia Associated Press (AP), citando a funcionarios militares de EE.UU.

El Departamento de Guerra de EE.UU., Pentágono, calificó la mayoría de los casos registrados durante un período de dos semanas como “conmociones leves”. Sin embargo, médicos advierten que este tipo de lesiones puede derivar con el tiempo en migrañas, mareos, pérdida de memoria, dificultades de concentración y fatiga crónica.

Los especialistas señalan además que todavía no existe un método fiable para determinar de inmediato qué lesiones provocadas por las ondas expansivas terminarán causando complicaciones permanentes. Las investigaciones continúan para comprender cómo explosiones de gran intensidad pueden afectar el cerebro incluso sin un impacto directo en la cabeza.

El empleo de misiles y drones iraníes durante el conflicto ha aumentado la preocupación en el Ejército de EE.UU., debido al elevado riesgo de lesiones cerebrales causadas por las ondas expansivas.

 

La magnitud de estos casos ha reavivado la preocupación por las secuelas que podría dejar la guerra de agresión de Washington contra Irán, como ocurrió anteriormente durante las guerras de Irak y Afganistán. Según datos del Pentágono, más de 500 000 militares fueron diagnosticados con lesiones cerebrales traumáticas entre 2000 y 2025.

Las consecuencias de este tipo de lesiones pueden manifestarse incluso años después. El exmarine, Joe Shearer, relató a AP que dos explosiones sufridas durante su despliegue en Irak en 2005 solo fueron identificadas recientemente como lesiones cerebrales traumáticas. Actualmente continúa padeciendo migrañas, vértigo, mareos, sensibilidad a la luz y pérdida de memoria.

El creciente número de heridos también ha puesto bajo escrutinio la atención médica que reciben los militares estadounidenses. Legisladores del Partido Demócrata han solicitado una investigación sobre la asistencia prestada a los militares lesionados en un ataque con drones iraníes contra una instalación estadounidense en Kuwait, en el que murieron seis soldados de EE.UU.

La senadora demócrata, Tammy Baldwin, afirmó que algunos militares heridos denunciaron haber esperado varias semanas para someterse a evaluaciones especializadas o recibir tratamiento específico por lesiones cerebrales traumáticas.

Los datos ponen de relieve el creciente costo humano que afrontan las fuerzas estadounidenses como consecuencia de la guerra contra Irán, cuyas secuelas podrían extenderse mucho más allá del campo de batalla y persistir durante años.

 

Los ataques de represalia iraníes también han causado la muerte de varios militares estadounidenses y daños en al menos 20 instalaciones militares de EE.UU. desde el inicio de la agresión conjunta de Washington y el régimen israelí contra la República Islámica.

A ello se suma que, según informes recientes, el Ejército estadounidense ha consumido una parte considerable de sus reservas globales de misiles de largo alcance y alta precisión durante los cinco meses de guerra.

En ese contexto, The Washington Post informó el miércoles que el agotamiento de parte de ese arsenal ha provocado crecientes tensiones dentro de la Administración estadounidense. Según el diario, el presidente Donald Trump pidió explicaciones al secretario de Guerra, Pete Hegseth, durante una reunión celebrada el pasado viernes en Camp David, tras considerar que había recibido una evaluación inexacta sobre las capacidades militares de EE.UU. y el estado de sus reservas estratégicas.

La última ronda de la guerra contra Irán comenzó el 28 de febrero, cuando las fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron ataques a gran escala contra territorio iraní. Irán respondió con oleadas diarias de misiles y drones contra objetivos estadounidenses e israelíes en toda la región, al tiempo que cerró el estrecho de Ormuz.

Posteriormente, Irán y Estados Unidos firmaron el 17 de junio el Memorando de Entendimiento de Islamabad, en un intento por poner fin a la guerra en todos los frentes. Sin embargo, la reanudación de la agresión militar estadounidense contra Irán en las últimas semanas llevó a Teherán a retomar los ataques con misiles y drones contra objetivos estadounidenses en la región y a cerrar nuevamente el estrecho de Ormuz.

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