Las escenas son así en todo el país norteamericano. Los ataques terroristas de la “supremacía blanca” en las ciudades estadounidenses El Paso (Texas) y Dayton (Ohio) indican el descenso social del colectivo hacia el fascismo.
Los sociólogos describen cinco etapas de sociedad fascista: según dicha escala, el país vive en consolidación de radicales ideológicos. La manifestación del fenómeno es violencia generalizada.
En los años 90, entre 20 000 y 60 000 supremacistas blancos pasaron a ser parte de las fuerzas del orden, Fuerzas Armadas, sector público, academia, entre otros. Décadas después, bajo el tutelaje de Trump, los adherentes al terrorismo radical incrementaron sus filas.
El racismo violento es consecuencia de una narrativa que amplifica ansiedades socioeconómicas de los sectores desfavorecidos del colectivo. Estos, a su vez, tienen fácil acceso a las armas de fuego.
El resultado de esta combinación lo registra el Southern Poverty Law Center. En el periodo comprendido entre 2018 y 2019, existen más de 1000 grupos de supremacistas blancos, muchos de ellos involucrados en el movimiento de “milicias irregulares”.
En varios estados uno puede adquirir armamento militar con solo presentar documentación de identidad y el pago de un arancel.
Marcelo Sánchez, Miami.
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