Por Humaira Ahad
Su nombre era Seyed Mohamad Hosein Behjat Tabrizi, conocido por millones de lectores simplemente como Shahriar. Para cuando su cuerpo llegó a Tabriz, el edificio que lo esperaba ya había tardado diecisiete años en construirse.
Shahriar fue enterrado exactamente donde había pedido descansar, junto a unos 400 poetas, místicos, eruditos y sufíes que habían sido sepultados en el mismo terreno del distrito de Sarab, en Tabriz, durante casi ocho siglos.
Ese lugar es Maqbarat al-Shuara, el Mausoleo de los Poetas, quizá el único cementerio de Irán que ha sido reconstruido de entre sus ruinas debido al extraordinario número de figuras eminentes enterradas allí.
Qué hay realmente allí ahora
Suba hoy por las escaleras de piedra y entrará en una única y vasta cámara rodeada de pequeñas salas, con cada pared cubierta de versos de los poetas enterrados bajo el suelo.
La caligrafía y las fotografías antiguas se entrelazan con las inscripciones, haciendo que las paredes parezcan menos las de un monumento que las páginas de un libro abierto.
Desde el estanque ornamental situado en su lado sur, los arcos de hormigón se entrelazan formando una silueta que ha sido fotografiada tantas veces que se ha convertido en una de las imágenes modernas más reconocibles de Tabriz: treinta metros de estructura de acero revestida con paneles prefabricados que se elevan sobre un barrio dominado por construcciones bajas de piedra y ladrillo.
Más allá de la sala principal, el complejo alberga una librería, puestos donde se venden artesanías y oficinas administrativas, señales de que no se trata simplemente de un monumento, sino de un espacio cultural activo que recibe visitantes y recibe mantenimiento.
La estructura en sí apenas tiene cincuenta años. Antes de que comenzara su construcción, el terreno que ocupa ya había sido testigo de ocho siglos de enterramientos, al menos dos grandes terremotos y el saqueo de la ciudad por los otomanos.
Una ciudad que pagaba a los poetas para que se trasladaran allí
La costumbre de enterrar a los poetas en Sarab comenzó en el siglo XII, cuando Tabriz se encontraba en el corazón de Atabakan de Azerbaiyán, una corte lo suficientemente rica como para pagar generosamente por los versos escritos en su honor.
La noticia se extendió y los poetas llegaron a la ciudad desde cientos de kilómetros de distancia. El célebre poeta Khaqani Shirvani llegó desde Shirvan, en el Cáucaso; el poeta y prosista Anvari Abivardi lo hizo desde la misma dirección; Zahir al-Din Faryabi emprendió un viaje aún más largo desde Jorasán, en el noreste de Irán.
Los tres exhalaron su último aliento en Tabriz y fueron enterrados en el mismo modesto recinto situado en las afueras del barrio de Sarab.
Sus tumbas transformaron un cementerio ordinario en un destino por derecho propio. En el plazo de una generación, los cronistas ya llamaban al lugar Hazirat al-Shuara, el Terreno de los Poetas.
La tradición continuó durante otros seis siglos, a través de tres dinastías sucesivas. Bajo los ilkanes, los yalaíridas y los Aq Qoyunlu, los poetas siguieron siendo enterrados cerca de Khaqani: Humam-i Tabrizi a comienzos del siglo XIV, el poeta místico Assar Tabrizi una generación después y Maghrebi Tabrizi poco tiempo más tarde.
Cuando los enterramientos comenzaron a disminuir, el recinto albergaba nombres que abarcaban tres siglos y dos lenguas literarias, el persa y el turco azerí, uno junto a otro.
Sin embargo, no todos los enterrados allí eran poetas. Aziz Jan Mokri, un general del ejército del siglo XIX, también descansa allí, junto a los legendarios poetas y místicos.
El registro escrito más antiguo que se conserva en el que aparece mencionado el cementerio procede del historiador Hamdallah Mustawfi, hacia 1339.
En los dos siglos transcurridos desde los primeros enterramientos, un modesto cementerio ya había pasado a formar parte de la historia escrita de la literatura persa.
Dos veces destruido, una vez reconstruido
Un ejército otomano saqueó Tabriz en 1514 y se apoderó de sus tesoros. A lo largo de los siglos XVI al XVIII, le siguieron terremotos que dañaron monumentos en toda la ciudad.
Los peores daños sufridos por el cementerio se produjeron en 1779 y 1780, cuando dos grandes terremotos ocurridos en años consecutivos destruyeron gran parte del recinto funerario.
Las lápidas cayeron, las inscripciones se perdieron y el número de nombres borrados nunca llegó a registrarse por completo. El lugar permaneció abandonado y sus límites quedaron indefinidos durante casi dos siglos.
En 1971, se convocó un concurso público de diseño a través de los principales periódicos Kayhan y Ettelaat, así como de la revista literaria Yaghma.
El objetivo era crear un monumento conmemorativo para las aproximadamente 400 personas que se cree que están enterradas allí. El diseño ganador fue obra del arquitecto Gholamreza Farzanmehr: una estructura de acero revestida de hormigón, construida en torno a unos treinta metros de arcos entrelazados, los mismos bajo los que caminan hoy los visitantes.
La construcción comenzó ese mismo año y continuó durante los años siguientes. El edificio quedó terminado en 1988, el mismo año en que murió el poeta Shahriar. Poco después de su finalización, fue enterrado allí.
Shams Tabrizi: el nombre que no está allí
Hay un nombre que muchas personas esperan encontrar aquí, pero no está. Shams Tabrizi, compañero de Moulana Rumi y figura a la que este dedica su Divan-i Shams-i Tabrizi, comparte el nombre de Tabriz, pero no está enterrado en su cementerio.
Nacido en Tabriz alrededor de 1185, posteriormente dejó a Moulana en Konya y se estableció en Khoy, unos 150 kilómetros al noroeste, donde murió alrededor de 1248 y fue enterrado.
Muchos historiadores consideran auténtica esa tumba. Konya conserva un cenotafio dedicado a él, venerado dentro de la orden mevleví, aunque no se cree que contenga sus restos.
La tumba de Khoy ha sido reconstruida desde entonces como un complejo ajardinado revestido de cobre y ha sido propuesta para su reconocimiento por la UNESCO.
Por qué sigue siendo importante
Las estimaciones sobre el número de personas enterradas en Maqbarat al-Shuara oscilan entre unas 320 y más de 400, debido a la pérdida de tumbas e inscripciones durante los terremotos de 1779-1780.
Los investigadores continúan identificando tumbas que no aparecían en los registros anteriores.
Shahriar no fue la última persona enterrada allí. El poeta Mahmoud Melmasi fue sepultado en 1991, seguido por el escritor Aziz Dowlatabadi en 2009, ambos después de que se completara el actual monumento conmemorativo.
Mientras los investigadores continúan catalogando las inscripciones del lugar, el número exacto de personas enterradas en Maqbarat al-Shuara sigue siendo incierto.
