El arte callejero en tiempos de guerra no es solo un acto de creación. Es un acto de supervivencia y resistencia.
Aquí está escrito : “Un alto el fuego es una estupidez. Negociar es una traición”.
Con este lema está agradeciendo a las fuerzas aeroespaciales del GGRI. Pero también vemos las imágenes de los mártires de las guerras estadounidenses e israelíes, un profesor universitario, una periodista, y la combinación de todo esto muestra que cada corriente de pensamiento y cada tendencia política está expresando sus creencias a través de estas imágenes y escritos.
Los bombardeos han cesado, pero Teherán sigue en pie de guerra. Y sus armas no son solo los misiles, sino los sprays y los pinceles. La capital y otras grandes ciudades se han transformado en un enorme lienzo a cielo abierto, donde el arte callejero se ha convertido en voz de la resistencia.
Este es otro lenguaje del muralismo. Las líneas desnudan las distintas capas de la historia, y los cráneos, los huesos, susurran que el corto camino de Estados Unidos fue trazado sobre crímenes, uno tras otro.
En Irán conviven dos tipos de muralismo. Está el oficial, el de las grandes plazas y el que nace de la gente en diferentes espacios, pero lo que se percibe en la ciudad es una cohesión entre ambas partes.
Una guerra se gana con bombas, pero también con el convencimiento de quien la libra. Y en Teherán, ese convencimiento se plasma en cada rincón, en cada aerosol, en cada muro que se niega a ser solo escombros.
Samaneh Kachui, Teherán.
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