“Cuba continuará resistiendo la campaña de presión impulsada por el Gobierno de Donald Trump por el tiempo que haga falta”, aseguró el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, en una entrevista concedida esta semana al diario The New York Times.
El canciller expresó su convicción de que la política estadounidense hacia la isla terminará modificándose, al considerar que las medidas adoptadas por Washington no han logrado sus propósitos en más de seis décadas.
Rodríguez señaló que “en estos 60 años, hasta hoy, la política de Estados Unidos contra Cuba no ha funcionado”, y defendió la estrategia de “resistencia y adaptación” de la isla, que calificó de exitosa.
El titular de Exteriores cubano admitió, no obstante, que La Habana nunca había tenido que hacer frente a una campaña de presión estadounidense de la magnitud de la actual. Desde enero, el Gobierno de Trump ha intensificado las sanciones e impuesto un bloqueo petrolero que ha profundizado la crisis económica y energética de la isla, provocando prolongados apagones y dificultades en la prestación de servicios esenciales.
Rodríguez también abordó el estado de los contactos entre La Habana y Washington. Aunque ambos gobiernos mantienen intercambios mediante encuentros presenciales, conversaciones telefónicas y mensajes de WhatsApp, reconoció que los avances han sido escasos.
Al respecto, el máximo diplomático cubano declaró que las amenazas constantes de la Casa Blanca constituyen un obstáculo para cualquier progreso en el diálogo. “es muy difícil que progresen conversaciones cuando estas están acompañadas permanentemente de amenazas”, advirtió, en alusión a las declaraciones de funcionarios estadounidenses que reclaman un cambio político en Cuba.
Asimismo, el jefe de la diplomacia cubana criticó el reciente llamamiento del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, a reclutar informantes dentro de la isla. Al pronunciarse sobre esta iniciativa, la calificó de poco seria y consideró que sus planteamientos parecían “un poco infantiles”.
Rodríguez también negó que Cuba se encuentre aislada en el escenario internacional y destacó el respaldo obtenido el miércoles por la resolución que exige el levantamiento del embargo estadounidense, con 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones. Sin embargo, la votación reflejó una reducción del apoyo respecto a 2025, cuando la iniciativa recibió 165 votos favorables.
En el ámbito económico, el canciller defendió las reformas anunciadas por el Gobierno cubano durante los últimos meses, que incluyen la apertura del sector bancario a entidades privadas, la posibilidad de adquirir acciones de empresas estatales y la flexibilización de las normas sobre inversión extranjera y actividad empresarial privada.
Según explicó, estas medidas no obedecen a las presiones de Washington, sino a la necesidad de hacer frente a las dificultades económicas de la isla. Rodríguez señaló que los cambios permitirán ampliar las oportunidades para el capital privado, los inversores extranjeros y las empresas de distintos países, aunque recalcó que el modelo económico cubano conservará su carácter socialista.
El ministro aseguró que las compañías estadounidenses también tendrían cabida en la economía de la isla y manifestó la disposición de La Habana a recibirlas, siempre que ello no implique que Washington adquiera el control de sectores económicos del país. “Sería bienvenida la presencia de sus compañías que reconocemos como competitivas en la economía cubana”, afirmó.
Durante la entrevista, Rodríguez sostuvo que Cuba dispone de capacidad para hacer frente a la presión estadounidense, incluso en un contexto marcado por la pérdida de aliados tradicionales como Venezuela y la escasa disposición de Rusia a desafiar el bloqueo petrolero impuesto por Washington.
El canciller insistió en que las medidas estadounidenses no han logrado alterar el sistema político y económico de la isla y afirmó que tampoco lo conseguirán en esta ocasión.
Durante más de seis décadas, Cuba ha sido objeto de sanciones estadounidenses inhumanas, en flagrante violación de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas y del derecho internacional.
Tras el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y la toma del control del petróleo de este país, Trump ha hablado de tomar medidas contra Cuba. Ha sugerido que La Habana debería llegar a un acuerdo con Washington, para ello ha aumentado la presión sobre la isla, dejándola sin combustible.
Los líderes cubanos han rechazado por completo las amenazas, y el presidente Miguel Díaz-Canel ha repudiado cualquier rendición ante Washington. “No hay rendición ni capitulación posible, ni ningún tipo de entendimiento basado en la coerción o la intimidación”, ha aseverado.
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