El ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr bin Hamad al-Busaidi, criticó este lunes, durante una conferencia pronunciada en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, titulada “Seguridad inclusiva en el golfo Pérsico”, la política de las potencias extranjeras de excluir a Irán de los mecanismos de seguridad regional y presentar a Teherán como una amenaza. Asimismo, subrayó que ninguna estructura de seguridad será viable sin la participación de Irán.
“Quizá la imposición más perjudicial que las potencias externas han hecho a la región haya sido la exigencia de excluir a Irán. No solo excluirlo, sino, lo que es aún peor, presentarlo como una amenaza frente a la cual debe organizarse la seguridad regional”, denunció el canciller omaní.
Añadió que, en lugar de establecer una estructura de seguridad genuina que permitiera mantener relaciones estables entre los ocho países del Golfo Pérsico, se había configurado un sistema regional inestable, basado en la premisa profundamente errónea de que existe una hostilidad fundamental entre Irán y los países árabes del golfo.
El jefe de la Diplomacia omaní rechazó esta interpretación y recalcó que “no existe tal hostilidad fundamental. Por supuesto, hay problemas, pero la realidad evidente es que árabes e iraníes han convivido durante siglos en paz, unos junto a otros, en torno al Golfo Pérsico”.
“La cuestión no es si ustedes son amigos o enemigos de Irán. Hoy, Irán es una realidad: cuenta con 93 millones de habitantes, tres mil años de historia y casi la mitad del litoral del golfo Pérsico. Cualquier estructura de seguridad en el Golfo que no incluya a Irán es, por naturaleza, inestable y adolece de un defecto fundamental”, prosiguió Al-Busaidi.
Asimismo, señaló que los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto el elevado coste de perpetuar la percepción errónea de una hostilidad con Irán y de mantener la política de excluir al país de los mecanismos de seguridad regional.
Al-Busaidi señaló que quizá no sea inútil tratar de convencer a los amigos y aliados extrarregionales de que Irán no es un enemigo ni una amenaza para la seguridad regional. Sin embargo, subrayó, “no es necesario hacerlo, porque la solución no depende de los amigos y aliados de fuera de la región”.
El ministro insistió en que los propios países de la región deben asumir la responsabilidad de diseñar, desarrollar y poner en práctica una nueva estructura de seguridad, e iniciar un diálogo regional inclusivo antes de que se impongan desde el exterior otras soluciones.
Críticas a la dependencia de EEUU en materia de seguridad regional
En otra parte de su intervención, el canciller de Omán criticó la prolongada dependencia de las potencias extranjeras para garantizar la seguridad del Golfo Pérsico. Afirmó que, durante décadas, los países de la región habían optado por la vía aparentemente más sencilla: delegar en otros la responsabilidad de su propia seguridad.
Detalló que las potencias foráneas habían intervenido en los mecanismos de seguridad del Golfo mediante tratados militares, cooperación en materia de inteligencia, despliegues navales, sistemas de defensa antiaérea y presencia de fuerzas armadas. Sin embargo, esa presencia también ha respondido a sus propias prioridades políticas e intereses nacionales, que no siempre han coincidido con los intereses comunes de los países de la región y de sus poblaciones.
“Es posible que, cuando se optó inicialmente por esta vía, pareciera una decisión razonable, pero su coste político a largo plazo ha sido excesivamente elevado”, afirmó Al-Busaidi.
Al referirse a la doctrina Carter de 1980, que definió la seguridad del Golfo Pérsico como un interés vital de Estados Unidos, el ministro describió la expansión progresiva de la presencia militar estadounidense en la región, desde la creación del Comando Central de Estados Unidos (Centcom) en 1983 hasta el despliegue de la Quinta Flota en Baréin y el establecimiento de una base militar en Catar.
El jefe de la Diplomacia omaní reconoció que estos mecanismos habían producido ciertos resultados en determinados momentos, pero señaló que sus limitaciones y consecuencias negativas se habían hecho cada vez más evidentes con el paso del tiempo.
Asimismo, advirtió de que la dependencia continuada de las potencias extranjeras ha obstaculizado el desarrollo de mecanismos autónomos de seguridad y ha complicado los problemas regionales, hasta hacer que algunos resulten prácticamente irresolubles.
El papel de las potencias extranjeras en el caso nuclear iraní y el estrecho de Ormuz
Al-Busaidi se refirió a las negociaciones nucleares entre Irán y Estados Unidos y a las conversaciones sobre la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, y presentó ambos asuntos como ejemplos de las consecuencias de la dependencia regional de las potencias extranjeras en materia de seguridad.
“Tanto la cuestión nuclear como la del estrecho de Ormuz se han vuelto irresolubles porque las potencias extranjeras siguen determinando las condiciones y el marco de las interacciones, mientras que las potencias regionales no pueden asumir la responsabilidad colectiva de establecer sus propios mecanismos de seguridad ni alcanzar un consenso al respecto”, remarcó.
Al explicar el papel mediador de Mascate en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos, el ministro señaló que Omán había facilitado cinco rondas de conversaciones indirectas durante abril y mayo de 2025, así como otras tres rondas en febrero de 2026.
Recordó que las negociaciones tenían como objetivo resolver las diferencias en torno al programa nuclear y poner fin a 47 años de hostilidad mutua entre Teherán y Washington. En este sentido, puso de manifiesto que “Omán consideraba que las negociaciones entre Irán y Estados Unidos habían registrado avances significativos y que un acuerdo estaba al alcance. Hoy seguimos manteniendo esa misma valoración”.
Al-Busaidi recalcó que la agresión militar de Estados Unidos y del régimen israelí contra Irán, mientras las negociaciones nucleares seguían en curso, ha dificultado enormemente que ambas partes vuelvan a la mesa de diálogo tras la guerra. No obstante, sostuvo que siguen existiendo los elementos fundamentales necesarios para alcanzar un acuerdo.
A continuación, se refirió a las conversaciones entre Omán e Irán sobre la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz y anunció avances en la elaboración de un marco preliminar para un acuerdo provisional.
“Los contactos de alto nivel y las consultas técnicas entre Omán e Irán han permitido establecer el marco inicial de un acuerdo provisional, pero incluso este entendimiento se enfrenta a obstáculos políticos”, apostilló el jefe de la Diplomacia omaní.
Propuesta de un pacto de no agresión con la participación de Irán
En la parte final de su discurso, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán propuso establecer una estructura de seguridad inclusiva que contara con la participación de Irán, Irak y los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (Omán, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait y Arabia Saudí).
Al referirse a la histórica reunión de los ministros de Exteriores de los ocho países ribereños del Golfo Pérsico, celebrada en Mascate en noviembre de 1976, señaló que aquel encuentro tenía como objetivo crear mecanismos de seguridad colectiva, pero que los acontecimientos políticos y militares de las décadas posteriores impidieron materializar la iniciativa.
“Podemos volver a celebrar ese encuentro. Su agenda puede y debe ser ambiciosa”, apuntó, resaltando la necesidad de recuperar el espíritu de aquella reunión.
Se igual manera, puso de relieve que “el objetivo debe ser alcanzar un pacto de no agresión entre los ocho países. Se trata de una condición indispensable para establecer una estructura de seguridad regional verdaderamente inclusiva”.
El jefe de la Diplomacia omaní reconoció que alcanzar un acuerdo de este tipo no será fácil, dadas las diferencias existentes y la desconfianza acumulada durante décadas.
Sin embargo, aseveró que está surgiendo un entendimiento compartido. “El futuro de la seguridad del Golfo Pérsico debe definirse con la participación de todos los países de la región y ya no puede depender de la cooperación de las potencias extranjeras”.
Asimismo, aclaró que este planteamiento no implica poner fin a la cooperación con los socios externos, sino que estos deben dejar de desempeñar el papel principal en la estructura de seguridad regional.
Al-Busaidi expresó su esperanza de que la cooperación extranjera evolucione gradualmente desde los compromisos militares hacia la inversión, el desarrollo económico y la participación en la construcción del futuro de todos los países del golfo.
El alto diplomático omaní concluyó que, pese a las dificultades políticas y diplomáticas, el camino hacia el futuro de la seguridad regional está claro y que los países del Golfo Pérsico deben actuar desde ahora para establecer mecanismos de seguridad autónomos e inclusivos.
“Si los países del Golfo (Pérsico) toman la iniciativa y asumen su responsabilidad, será posible alcanzar una seguridad regional inclusiva. En las circunstancias actuales, esforzarse por lograr este objetivo quizá parezca, a primera vista, contrario a lo esperado, pero, en realidad, es la única vía racional que tenemos por delante”, puntualizó.
Sus declaraciones se produjeron el mismo día en que altos cargos de Defensa e Inteligencia de Turquía, Pakistán y Arabia Saudí viajaron a Teherán, capital iraní, para abordar la seguridad regional, las consecuencias y la continuidad de la agresión militar, así como la asistencia a los pueblos palestino y libanés, entre otros asuntos.
En un comunicado de prensa, se destaca el consenso alcanzado en la cita para “continuar el diálogo con el propósito de fortalecer la cooperación entre los cuatro países de la región, también en materia de paz y seguridad regionales”.
Antes de la reunión, los tres representantes sostuvieron un encuentro con el presidente iraní, Masud Pezeshkian, quien llamó a los países islámicos a reforzar su unidad y coordinar una respuesta frente a las agresiones de Israel, respaldadas por Estados Unidos.
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