La huelga, que se realizará mañana miércoles, podría causar el cierre de los principales aeropuertos, los puertos marítimos, la red ferroviaria, la Bolsa de Tel Aviv, oficinas, hospitales y escuelas del régimen israelí.
Al respecto, funcionarios del ministerio de finanzas de Israel se han reunido este martes con el principal sindicato de trabajadores israelíes, Histadrut ─con 700.000 trabajadores del sector público─, a fin de evitar la huelga; sin embargo, todavía no han revelado el resultado del encuentro.
Los líderes empresariales han estimado el daño provocado por la huelga, unos 300 millones de shekels (77 millones de dólares), al día, mientras que las autoridades israelíes dicen que el daño total podría ser de entre 1 000 millones hasta 3 000 millones de shekels diarios.
El Histadrut exige un incremento del 11 por ciento de sus sueldos para los empleados civiles, denunciando que muchos ciudadanos israelíes apenas pueden ganarse la vida.

Hasta la fecha, las conversaciones respecto a la subida salarial no han tenido resultado, porque las autoridades israelíes insisten en que los trabajadores con bajo salario podrían ganar más, solo en el caso de que los que perciben un alto salario sean objeto de un aumento salarial menor.
Por su parte, la federación de cámaras de comercio de Israel y la asociación de fabricantes de Israel han urgido al tribunal laboral a evitar cualquier huelga.
La última huelga protagonizada por los trabajadores tuvo lugar en 2012 y se prolongó durante tres días. La huelga le costó a la economía israelí cerca de 6 000 millones de shekels y se acabó después de que el gabinete del régimen israelí ofreciera un nuevo paquete salarial para los trabajadores contratados con bajos ingresos.
La economía israelí experimentó en el primer semestre del año en curso un crecimiento más lento de lo esperado.
El pasado mes de marzo, el premier israelí, Benyamin Netanyahu admitió su fracaso en zanjar la crisis de vivienda y bajar el creciente costo de vida en los territorios ocupados.
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