• Pulso: El control de las rutas de tránsito del crudo, otro mapa de conflictos
domingo, 27 de enero de 2019 12:37

Más allá del control de las fuentes de reservas de los recursos energéticos, surge la necesidad de garantizar su transporte hasta los lugares de su consumo.

Por ello, el interés de las grandes potencias es la estabilidad de las zonas que atraviesa el petróleo antes de llegar a su destino.

La mitad del crudo distribuido por el mundo se transporta vía marítima. El crudo del Golfo Pérsico con destino a Europa Occidental debe cruzar una serie de estrechos: Ormuz, el canal de Suez y Gibraltar.

De lo contrario, debería pasar por el cabo de Buena Esperanza, lo que supondría un alargamiento de la ruta, además de un encarecimiento. Y si en vez de navegar hacia el oeste se navega hacia el este, se debe atravesar el estrecho de Malaca, el punto de mayor tráfico marítimo de todo el mundo.

Para los yacimientos de la zona del Caspio y del Cáucaso no existe salida al mar y el transporte debe hacerse a través de oleoductos. El trazado de los oleoductos y gasoductos proporciona dibujar también un mapa de conflictos activos actualmente: el Kurdistán, Siria, Chechenia, Georgia, Afganistán o el propio Irak.

Y es que en Asia Central, y aun en Europa, la geopolítica de los oleoductos viene a ser una reformulación de la geopolítica de los ferrocarriles propia del siglo XIX.

El territorio ocupado por Irán, Afganistán y Paquistán representa un eje de unión de alto valor, entre Europa, Oriente Próximo y el Lejano Oriente, es la denominada “Ruta de la Seda,” una vía de distribución de riquezas en hidrocarburos de primer nivel.

Irán es uno de los cinco pivotes geopolíticos de Eurasia, una encrucijada estratégica, un país de tránsito obligado. Afganistán constituye también geográficamente un corredor obligado entre Asia Central, el subcontinente indio y la salida al Índico.

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