Migrantes y desplazados se refugian en tiendas de campaña en el norte de París. Estas escenas contradicen la versión de las autoridades galas, que habían asegurado su trasladado a centros de acogida tras cerrar La Jungla.
La policía exige a los refugiados que abandonen las calles, mientras ellos se quejan de la situación.
Francia inició el lunes el desmantelamiento del campamento, en el que habitaban miles de refugiados y migrantes. Ayer jueves, las autoridades dieron por evacuada La Jungla.
Sin embargo, un centenar de migrantes pasaron esa noche en una zona anexa al campamento. Muchos de ellos son menores que viajan solos. Según la organización Human Rights Watch, el desalojo efectuado en el campamento de Calais dejó sin reubicar a al menos un centenar de menores solos y a cientos de adultos.
Entre 6000 y 8000 personas vivían hasta la semana pasada en el inmenso campamento del norte de Francia. Salieron de sus países de origen para llegar a Europa, soñando con una vida mejor y más segura. Sin embargo, no son bienvenidos en los países europeos, que presumen de ser defensores de los derechos humanos. No han recibido un trato humano.
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