La sorpresiva declaración del Gobernador Alejandro García Padilla, refiriéndose recientemente a la exorbitante deuda pública del país, con más de 73 mil millones de dólares por pagar, como “impagable”, ha marcado un punto de inflexión en la relación de Puerto Rico con los EE.UU.
Expertos de todas las ramas políticas y económicas coinciden en que la debacle económica que sufre la Isla, tiene como principal detonante la subordinación política que siempre ha tenido para con EE.UU.
Durante la década de 1980, Washington instó a la Isla a convertir su industria agrícola en industria manufacturera para luego darle un golpe de gracia en su momento de mayor auge, retirando todos los estímulos industriales y causando el masivo cierre de fábricas y el despido de miles de trabajadores. Esta maniobra sacó a la luz el verdadero poder dominante de EE.UU. y la falta de capacidad de la Isla para contrarrestarlo.
El presidente de PIP, Fernando Martín, lamentó que la Isla no pueda poseer la libertad plena para negociar su deuda como país soberano y la discriminación que sufre por no poder acogerse a la ley federal de quiebra como lo hacen las jurisdicciones estadounidenses.
Mientras tanto, las agencias estadounidenses de calificación crediticia continúan agitando los fantasmas de un impago de la deuda de Puerto Rico y trayendo más problemas que soluciones a la economía local.
Carlos Rubén Rodríguez, San Juan.
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