En una entrevista con la revista Financial Times, el secretario general de la ONU, António Guterres, anunció el lunes que “la capacidad de las superpotencias para imponer su voluntad, su poder o su fuerza militar sobre otras naciones se ha visto severamente limitada”.
Al abordar la situación en Asia Occidental, el secretario general de la ONU señaló directamente el fracaso de los objetivos estratégicos de Washington en la guerra contra Irán.
De acuerdo con Guterres, Washington esperaba que Teherán capitulara rápidamente tras las acciones militares; sin embargo, meses después, el liderazgo iraní continúa resistiendo y ha logrado bloquear el estrecho de Ormuz, de vital importancia para el mundo.
Al acercarse al final de su mandato de 10 años al frente de las Naciones Unidas, Guterres ofreció una evaluación contundente de un mundo multipolar en rápida transformación.
Guterres presentó estos reveses militares como claros indicios de una transición desde la era posterior a la Guerra Fría, caracterizada por el dominio absoluto de Estados Unidos, hacia un mundo altamente fragmentado y multipolar, en el que el peso geopolítico de diversos países ha cambiado fundamentalmente.
En este contexto, afirmó que las relaciones de poder a nivel mundial han cambiado de forma irreversible y que las superpotencias tradicionales están descubriendo los claros límites de su influencia.
Las declaraciones del secretario general de la ONU reflejan la realidad geopolítica tras la agresión militar no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada en febrero de 2026.
La guerra fue diseñada para debilitar las capacidades defensivas de Irán y forzar su capitulación política mediante una demostración rápida y abrumadora de fuerza. Sin embargo, la operación se estancó rápidamente, ya que Irán respondió con una estrategia de defensa asimétrica, poderosa, calculada y altamente eficaz.
Mediante el uso de tecnología avanzada de misiles y drones de producción nacional, redes integradas de defensa aérea y capacidades de disuasión regional, Irán no solo neutralizó las amenazas inmediatas, sino que también impuso elevados costes estratégicos y materiales a los agresores.
El fracaso de Estados Unidos en alcanzar sus objetivos ha sido interpretado por analistas como un golpe a la doctrina de supremacía militar estadounidense en Asia Occidental.
Un elemento central de la estrategia de disuasión de Irán ha sido su control soberano sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita diariamente entre el 20 % y el 30 % del consumo mundial de petróleo.
Teherán ha establecido nuevas normas que obligan a los buques comerciales a registrarse, obtener permisos, seguir rutas designadas por Irán y utilizar servicios de seguridad y seguros proporcionados por el país.
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