Bajo el manto de la noche teheraní, miles de ciudadanos vuelven a congregarse en las calles. No solo los mueve el duelo, sino una profunda convicción política. El ambiente que se respira en estas movilizaciones nocturnas es el reflejo de un país que busca mantener vivo el legado de su Líder mártir, el Ayatolá Seyed Ali Jamenei. Para la opinión pública, su impronta trasciende las fronteras de la República Islámica.
La resistencia y la soberanía nacional frente a las presiones externas surgen de manera unánime en el discurso de la población como el testamento político más robusto de su liderazgo.
Pero el impacto de su figura no se mide únicamente en términos geopolíticos, sino también en la inquebrantable cohesión social que despierta entre sus seguidores. Ante la inminente llegada de millones de personas a la capital para las ceremonias fúnebres, el tejido comunitario se ha activado mediante una masiva campaña de solidaridad titulada “Acogida a los Peregrinos del Líder Mártir”.
A las puertas de un funeral que se anticipa histórico, Teherán no solo llora a su guía, sino que se organiza para recibir a una marea humana que llegará desde todos los rincones del país y del mundo.
Nargues Fallah, Teherán
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