Thomas Erdbrink, columnista del diario estadounidense New York Times, opina que la Administración del actual presidente es plenamente consciente del gran peso geopolítico de Irán y de su amplia influencia en el Oriente Medio, y por eso busca mantener por lo menos “una relación de trabajo” con dicho país.
“El Gobierno de Trump parece haber comprendido un punto clave sobre Irán: si bien la Administración se queja y se preocupa, la creciente influencia de Irán en la región convierte en un imperativo que los dos países mantengan al menos una relación de trabajo”, señaló el analista alemán en su artículo publicado el domingo en el New York Times.
Erdbrink destaca que “Estados Unidos tendrá dificultades para resolver los problemas del Oriente Medio sin la cooperación de Teherán”, y recuerda que Washington no será capaz de zanjar las crisis de El Líbano, Siria, Irak, e incluso de Yemen, sin contar con el valioso apoyo de la República Islámica.
El periodista, jefe de Oficina de Teherán para el New York Times, explica que pese al enfoque hostil adoptado por Trump hacia Irán, incluido su reciente llamamiento en Riad, capital saudí, a una gran estrategia regional para “aislar” al país persa, su “Administración ha demostrado su disposición a hacer negocios con Irán”.
El artículo menciona claras muestras de que el Gobierno de Trump está dispuesto a comprometerse con la República Islámica. Se refiere a una rueda de prensa en Riad del secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, en la que este aseguró que si el canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif, lo llamara por teléfono él “atendería la llamada”.
El Gobierno de Trump parece haber comprendido un punto clave sobre Irán: si bien la Administración se queja y se preocupa, la creciente influencia de Irán en la región convierte en un imperativo que los dos países mantengan al menos una relación de trabajo”, señala el analista alemán Thomas Erdbrink en un artículo publicado en el New York Times.
Irán y Estados Unidos rompieron sus relaciones diplomáticas en 1979, después de la toma de la embajada estadounidense en Teherán por un grupo de estudiantes iraníes, al descubrirse que Washington utilizaba el edificio para conspirar contra la joven revolución iraní.
Las autoridades persas siempre han denunciado la hostilidad explícita de EE.UU. hacia la República Islámica, sea quien sea el dirigente de la Casa Blanca.
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