Publicada: domingo, 4 de octubre de 2026 21:55

El incidente del vuelo FZ1073 de Flydubai está rodeado de contradicciones, pruebas ausentes, afirmaciones cinematográficas y una historia que no cuadra.

Por: Yousef Ramazani

La “emergencia” en pleno vuelo a bordo del vuelo FZ1073 de Flydubai, el 30 de septiembre de 2026, se transformó en cuestión de horas en un arma geopolítica, aprovechada, reformulada y amplificada por el aparato propagandístico de Israel para servir a una siniestra agenda política.

Lo que inicialmente se informó como un “violento enfrentamiento” entre dos pilotos a bordo de un Boeing 737 MAX 8 que transportaba a 174 pasajeros de Dubái a Tel Aviv pronto quedó relegado ante una avalancha de declaraciones procedentes de los dirigentes del régimen israelí y amplificadas por los medios de comunicación estadounidenses.

Casi de inmediato, la maquinaria propagandística sionista reformuló el incidente como una historia de sabotaje y terrorismo, mucho antes de que existiera la más mínima prueba creíble que respaldara esas afirmaciones.

El relato israelí se ha ido construyendo sobre una serie de afirmaciones sin fundamento acerca de los motivos, la ideología y la participación extranjera, todas ellas cuidadosamente encajadas en un guion político predeterminado.

Los hechos parecen haber sido convocados para servir a la historia, en lugar de haber sido estos los que la determinaran.

La prisa por atribuir un móvil, la llamativa ausencia de pruebas corroborativas y la conveniencia política del momento, apenas unos días antes de las elecciones en Tel Aviv, plantean una cuestión inquietante: el relato se escribió antes de que se conocieran los hechos, porque nunca se pretendió que estos importaran.

La versión oficial israelí-estadounidense, según la cual un copiloto omaní intentó estrellar contra Tel Aviv un Boeing 737 MAX 8, plantea serios interrogantes que merecen un examen más detenido.

Lo que se ha presentado como un atentado “terrorista” frustrado se ha incorporado rápidamente a un relato político más amplio, en el que las acusaciones de sabotaje, participación externa y repercusiones más amplias para la seguridad surgieron antes de que se esclareciera plenamente lo sucedido.

La historia reúne todos los elementos de un relato geopolítico prefabricado: un presunto autor, una catástrofe evitada, un enemigo claramente identificado y una conexión externa implícita. Sin embargo, varias cuestiones fundamentales siguen sin resolverse.

¿Resisten los detalles técnicos divulgados un examen riguroso? ¿Es compatible la cronología de los acontecimientos con la versión oficial? ¿Y por qué siguen sin identificarse, permanecen inaccesibles o resultan difíciles de verificar de manera independiente personas clave y pruebas cruciales?

No se trata de cuestiones secundarias. Afectan al núcleo mismo de este relato fabricado.

Examinamos las principales afirmaciones en torno al vuelo FZ1073, distinguimos lo que está documentado de lo que simplemente se ha afirmado e identificamos las lagunas que persisten entre las pruebas disponibles y las conclusiones que se están promoviendo.

1. Contexto estratégico: un plan ultimado en Dubái

Sin embargo, la cronología comienza antes incluso de que el avión despegara.

El 27 de septiembre de 2026, Netanyahu realizó una visita breve y no programada a Dubái, donde se reunió con el presidente de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el sheij Mohamed bin Zayed Al Nahyan. Lo acompañaban altos cargos militares y de inteligencia.

Tres días después se produjo el incidente del vuelo FZ1073.

Según una fuente regional familiarizada con el asunto, la operación se debatió y quedó ultimada durante la visita de Netanyahu, con la participación de funcionarios de varios países árabes en conversaciones multilaterales sobre una operación que posteriormente podría atribuirse a Irán.

En lugar de tratarse de un acto aislado de sabotaje, esto apuntaría a un esfuerzo coordinado para fabricar una conexión con Irán y crear las condiciones políticas necesarias para intensificar el enfrentamiento con Teherán.

Según la misma fuente, que habló con Press TV, el objetivo era doble: arrastrar al presidente estadounidense, Donald Trump, a otro enfrentamiento militar directo contra Irán y generar un pretexto para reanudar una campaña de agresión.

También existía una dimensión política interna. Netanyahu se enfrenta a un panorama político muy reñido de cara a las elecciones del 27 de octubre, con encuestas que muestran que ninguno de los bloques puede asegurarse una mayoría parlamentaria clara, lo que reduce sus posibilidades de reelección.

En ese contexto, una aparente crisis de seguridad atribuida a Irán podría tener consecuencias políticas evidentes.

Boeing 737-8 MAX implicado en el incidente (A6-FKF)

 

2. El copiloto omaní: violaciones de los protocolos y un anonimato conveniente

Una de las afirmaciones más contundentes del relato oficial es también una de las que menos respaldo independiente tienen: que un ciudadano omaní trabajaba como copiloto en un vuelo con destino a Tel Aviv.

Esto plantea inmediatamente una pregunta básica: ¿qué disposiciones legales, reglamentarias y operativas permitieron que un ciudadano omaní trabajara en un vuelo que operaba en el espacio aéreo controlado por Israel y aterrizaba en el aeropuerto Ben Gurión, dada la ausencia de relaciones diplomáticas entre Omán e Israel?

Si la nacionalidad atribuida al copiloto es correcta, las circunstancias de su autorización por parte del aparato de inteligencia israelí y de su asignación al vuelo requieren una explicación. Sin embargo, esos detalles apenas han sido objeto de escrutinio público.

Aún más llamativa es la disparidad en la forma en que se ha presentado a ambos pilotos.

El capitán indio Smit Machchhar ha sido identificado públicamente y elogiado de manera destacada por Netanyahu, Trump y el primer ministro indio, Narendra Modi. Por el contrario, el supuesto copiloto omaní, presentado como el presunto autor de un intento de atentado destinado a causar numerosas víctimas, sigue sin tener una identidad verificable de manera independiente ni información biográfica detallada.

Esta disparidad es importante. Uno de los pilotos tiene nombre, identidad pública y un destacado elenco de figuras políticas que avalan su supuesto heroísmo. El otro solo existe en los relatos israelí-estadounidenses, sin una identidad ni unos antecedentes claros que el público pueda verificar de forma independiente.

Antes de aceptar como un hecho una acusación tan grave, deberían responderse las preguntas más evidentes: ¿quién era el copiloto? ¿Cuál era su historial laboral y de habilitaciones aeronáuticas? ¿En virtud de qué acuerdos fue asignado al vuelo? ¿Quién autorizó su participación? ¿Y qué pruebas independientes confirman tanto su identidad como las acciones que se le atribuyen?

Hasta que estas preguntas se respondan con pruebas verificables, el elemento más trascendental del relato oficial seguirá siendo una afirmación, en lugar de un hecho establecido de manera independiente.

3. La imposibilidad física del relato oficial

Las afirmaciones técnicas en torno al incidente merecen un examen especialmente minucioso.

Según la versión israelí-estadounidense, el avión descendió bruscamente entre unos 14 000 y 17 000 pies en menos de un minuto. Un análisis sitúa el tramo más pronunciado del descenso en aproximadamente 14 125 pies en tan solo 29 segundos. Según los informes, el avión logró recuperarse, ascendió, volvió a descender y finalmente continuó volando el tiempo suficiente para desviarse de su ruta y aterrizar sin contratiempos en Arabia Saudí.

Esta secuencia plantea preguntas evidentes sobre lo que ocurrió físicamente en el interior del avión.

Algunos informes han afirmado que el avión alcanzó aproximadamente Mach 0,96 durante el picado, una velocidad muy superior a la velocidad operativa máxima publicada del 737 MAX, de Mach 0,82, y que la maniobra sometió a la aeronave a cargas aerodinámicas extremas.

Otros relatos han destacado los daños sufridos por el timón de dirección del avión. Estas afirmaciones deben contrastarse con la envolvente operativa certificada de la aeronave, sus límites estructurales, los registradores de datos de vuelo y los resultados de la investigación oficial.

El elemento más extraordinario del relato se refiere a la supuesta intervención de los pasajeros.

Las fuerzas implicadas, estimadas en tres G cuando la aeronave solo está certificada para soportar 2,5 G positivas, habrían sometido la estructura del avión a esfuerzos que deberían haber provocado un fallo estructural.

La estrecha cabina de mando de un Boeing 737-8 MAX

 

Según expertos en aviación, el timón de dirección se desprendió de la cola y, aun así, el avión continuó volando durante más de una hora antes de aterrizar.

El exinvestigador de accidentes aéreos Jeff Guzzetti afirmó que resulta extraordinario que lograran salir de aquel picado y que lo que los salvó fue disponer de suficiente altitud para recuperarse. Steve Arroyo, expiloto de United Airlines, expresó su asombro por el hecho de que el avión no se desintegrara y cuestionó, en esencia, el relato que ha circulado sobre aquella “escapatoria milagrosa”.

La hipótesis de que un pasajero sin formación oficial como piloto, descrito supuestamente como un fontanero que había visto documentales sobre desastres aéreos, sacara un Boeing 737 MAX de un picado a una velocidad cercana a la del sonido resulta aerodinámicamente absurda.

La afirmación de que ese mismo pasajero inmovilizó mediante una llave de estrangulamiento al atacante armado mientras el avión caía en picado contradice tanto las leyes de la física como la lógica.

4. Pasajeros convenientemente presentes

La presencia de determinadas categorías de pasajeros en el vuelo FZ1073 resulta difícil de creer. Resulta que entre los pasajeros había dos antiguos militares israelíes que, según los informes, ayudaron a reducir al copiloto.

También resultó que había dos pilotos de relevo, descritos alternativamente como británicos, neozelandeses o sudafricanos, sin una identificación coherente, que lograron aterrizar el avión sin contratiempos.

El relato oficial exige creer que pasajeros sin formación pilotaron una aeronave gravemente dañada a velocidades extremas y, al mismo tiempo, sostiene que esos mismos pasajeros pudieron dominar físicamente a un atacante armado en una cabina de mando estrecha y repleta de interruptores y controles.

Según los expertos, no puede producirse una lucha de esta naturaleza en una cabina de mando sin que el avión termine estrellándose.

El pasajero que afirma haber entrado primero y haber aplicado una llave de estrangulamiento a un atacante fuera de sí, armado con un objeto punzante, presenta un relato propio del cine, no de una investigación de accidentes aéreos.

5. La puerta de la cabina de mando: una secuencia ficticia

El relato oficial sostiene que el capitán herido, mientras era atacado por el copiloto, extendió el brazo desde la puerta donde había caído, localizó el panel electrónico central, presionó hacia dentro el interruptor de desbloqueo y lo giró hasta la posición de apertura, momento en que la puerta fue empujada desde el exterior.

Aunque esta secuencia describe, en teoría, un procedimiento estándar de Boeing 737, exige que un piloto gravemente herido, supuestamente cubierto de cortes, con la cabeza y las manos prácticamente abiertas por heridas profundas y el cuerpo casi partido en dos, ejecute un procedimiento electrónico preciso de varios pasos mientras continúa siendo atacado.

La improbabilidad física se ve agravada por el mecanismo de cierre automático de las puertas de las cabinas de mando posteriores al 11 de septiembre, diseñadas para volver por defecto a la posición de bloqueo.

Si el capitán cayó herido, la puerta se habría cerrado automáticamente de golpe, lo que habría obligado a utilizar el código de emergencia del teclado, que activa un zumbador de anulación retardada. El atacante que se encontraba dentro podría haber impedido fácilmente el acceso.

Puerta de la cabina de mando del Boeing 737-8 MAX, fabricada con Kevlar, una fibra de gran resistencia

 

6. Aterrizaje en Arabia Saudí: una elección geopolítica

El desvío del vuelo a Tabuk, en Arabia Saudí, en lugar de a Jordania, país favorable a Israel, también plantea interrogantes.

Según los informes, el avión se encontraba en el espacio aéreo jordano cuando se produjo el incidente, y la distancia hasta Tel Aviv era menor que la que lo separaba de Tabuk.

En lugar de dirigirse allí, el avión voló durante aproximadamente 68 minutos —más de una hora— con el timón de dirección dañado y un piloto gravemente herido, antes de aterrizar en el Aeropuerto Internacional Príncipe Sultán bin Abdulaziz.

La elección de Arabia Saudí es significativa. El país se ha negado a normalizar sus relaciones con el régimen israelí hasta que se resuelva la cuestión palestina e insistió en que no se enviara ningún avión israelí para recoger a los pasajeros.

El hecho de que otro avión de Flydubai, autorizado por el Mosad, acabara transportando a los pasajeros hasta el aeropuerto Ben Gurión sugiere la existencia de un acuerdo que favorecía los intereses israelíes, al tiempo que mantenía la apariencia de distanciamiento saudí respecto de los territorios palestinos ocupados.

7. El arma: una resolución conveniente

La cuestión del arma presenta otra llamativa inconsistencia en el relato, que ha ido cambiando con el tiempo.

Inmediatamente después del incidente, los pasajeros describieron haber visto lo que parecía ser un cuchillo u otro objeto punzante. Reuters informó de que los testigos habían visto a un hombre que sostenía lo que parecía un cuchillo, mientras que las primeras versiones describieron la agresión como un apuñalamiento.

En aquella fase, no se había establecido de manera independiente cuál era el arma exacta.

Posteriormente, el relato cambió. El 3 de octubre, el fiscal general de los Emiratos Árabes Unidos declaró que el copiloto había atacado al capitán dentro de la cabina de mando con el hacha de emergencia del avión y que después había intentado hacerse con el control de la aeronave. Esta es ahora la versión oficial de los EAU, aunque la investigación sigue abierta y las autoridades afirman que continúan examinando las pruebas físicas y digitales.

La distinción es importante porque no es necesario introducir clandestinamente un hacha de emergencia a bordo de un avión. Se trata de un equipo de emergencia estándar que se lleva en el compartimento de la tripulación de vuelo; la normativa aeronáutica de los EAU exige que los aviones comerciales que cumplen determinados requisitos lleven allí al menos un hacha de emergencia o una palanca.

Esto hace que la explicación posterior resulte operativamente plausible, pero también pone de relieve la discrepancia aún sin resolver con las primeras informaciones.

Si el arma era efectivamente el hacha de emergencia del avión, ¿por qué varias versiones iniciales describieron un cuchillo o un apuñalamiento? ¿Se equivocaron los testigos? ¿Se utilizó otro objeto punzante? ¿Se limitaron los primeros informes a reproducir información incompleta? ¿O se trató simplemente de un relato fabricado?

Por tanto, la evolución desde las primeras informaciones sobre un apuñalamiento hasta la versión oficial que apunta al hacha de emergencia merece ser examinada. Por sí sola, no demuestra que el relato fuera inventado o adaptado a posteriori. Sin embargo, se trata precisamente del tipo de discrepancia que una investigación transparente debería resolver mediante pruebas físicas, historiales médicos, testimonios de testigos, un examen de la cabina de mando y los registradores de voz y de datos de vuelo.

No obstante, la conveniencia de esta explicación no resuelve la cuestión fundamental: si el arma ya se encontraba a bordo del avión como parte del equipo de seguridad obligatorio, ¿por qué el relato israelí inicial describió un apuñalamiento con cuchillo?

8. La conexión iraní: una acusación sin pruebas

El elemento más trascendental del relato israelí, la supuesta participación de Irán, nunca se ha demostrado. El propio Netanyahu afirmó inicialmente que era demasiado pronto para determinar si Irán estaba implicado.

Posteriormente, Trump afirmó, basándose en lo que estaba escuchando, que Irán podría estar implicado, al tiempo que reconocía que el asunto seguía bajo investigación.

No se ha presentado ninguna prueba pública que establezca la participación de Irán. Reuters informó de que los funcionarios del régimen israelí no habían logrado establecer ninguna implicación iraní.

La afirmación de que Irán ordenó a un copiloto omaní estrellar un Boeing 737 MAX contra Tel Aviv es una acusación sin pruebas, formulada con fines políticos.

Según declaró una fuente regional a Press TV, el objetivo era atribuir el incidente a Irán por diversos motivos, entre ellos arrastrar a Trump a otra guerra contra el país y aumentar las posibilidades de reelección de Netanyahu.

9. El calendario electoral: demasiado conveniente para ignorarlo

Es difícil ignorar el momento en que se produjo el incidente. El 29 de septiembre, menos de 24 horas antes del suceso del vuelo de Flydubai, Netanyahu publicó un vídeo desde la base aérea de Tel Nof en el que advertía de que los enemigos de Israel tenían “indicios” de que intentarían atacar el país antes de las elecciones del 27 de octubre. No ofreció detalles concretos sobre la supuesta amenaza.

La proximidad entre la advertencia de Netanyahu y el incidente se convirtió inmediatamente en un foco de controversia política. Los aliados de Netanyahu presentaron el episodio como una prueba de que su advertencia había sido premonitoria; sus adversarios sostuvieron que estaba explotándolo con fines políticos.

Daniel Levy, exasesor del régimen israelí, también señaló la importancia política del momento. Tras el incidente, Levy argumentó que este podía desplazar de los titulares otras cuestiones políticamente perjudiciales, en particular la proximidad del aniversario del 7 de octubre, y sustituirlas por una historia centrada en la participación iraní. Añadió que ese cambio podía reforzar las advertencias de Netanyahu sobre Irán y su defensa de una intensificación de las acciones contra Teherán.

Si la advertencia se basaba en información de inteligencia específica sobre un ataque inminente, las preguntas evidentes son las siguientes: ¿qué identificaba exactamente esa información? ¿Cuándo se recibió? ¿A quién se informó? ¿Estaba relacionada con una amenaza contra la aviación? ¿Y por qué Netanyahu afirmó posteriormente que la advertencia no estaba vinculada específicamente al incidente de Flydubai, mientras sus aliados invocaban el suceso como una aparente confirmación de su capacidad de anticipación?

Netanyahu pretendía presentarse como víctima mediante esta operación de falsa bandera para reforzar sus posibilidades de reelección, especialmente en un momento en que se ha visto envuelto en una polémica en los territorios ocupados relacionada con un reciente informe de Haaretz, según el cual sabía lo que iba a ocurrir el 7 de octubre antes de que sucediera, pero se negó a actuar.

10. El papel de los EAU: un participante reticente

El comportamiento de los EAU tras el incidente sugiere incomodidad con el relato que se les pidió respaldar.

Una fuente anónima cercana al Gobierno emiratí declaró al diario israelí YNET que el régimen israelí estaba explotando el ataque con fines políticos y que la gestión del suceso respondía a los intereses electorales, no a la lógica.

La fuente cuestionó por qué los pasajeros podían embarcar en un vuelo de Arkia si los vuelos de Flydubai seguían suspendidos y rechazó que la situación se describiera como una emergencia que exigiera vuelos especiales de rescate. En palabras de la fuente, sencillamente, no hay ninguna guerra.

Comparó la conducta israelí con la de un pirómano que corre a provocar un incendio y después corre a apagarlo.

Las primeras declaraciones de los EAU fueron deliberadamente comedidas: se limitaron a describir el suceso como un “incidente de seguridad” y advirtieron contra las especulaciones. Posteriormente, la Fiscalía General, bajo una evidente presión israelí-estadounidense, lo calificó formalmente de acto “terrorista”.

La propia investigación emiratí sobre el supuesto copiloto omaní y su disposición declarada a endurecer los procedimientos de control sugieren el deseo de cerrar el capítulo, en lugar de profundizar en las implicaciones políticas que pretendía explotar el régimen israelí.

11. Las primeras informaciones contradictorias

Las primeras horas de cobertura informativa dieron lugar a un caótico entramado de versiones contradictorias que los relatos oficiales israelí-estadounidenses han tratado posteriormente de ocultar.

Las primeras informaciones de los medios israelíes describieron una pelea entre miembros de la tripulación y apuntaron a una supuesta discusión entre pilotos rusos y ucranianos.

Algunos medios identificaron a los pilotos como ciudadanos rusos y ucranianos; otros los describieron como omaníes y emiratíes.

Sin embargo, en cuestión de horas, el relato cambió drásticamente y se redujo a una única versión: la de un copiloto omaní que habría perpetrado un atentado suicida premeditado.

Este no es el patrón de una investigación concluida, sino el de un relato que se construye en tiempo real para ajustarse a una agenda política concreta que beneficia al actual primer ministro israelí, cuyo destino político probablemente quedará decidido en las próximas elecciones.

12. Daños en el timón de dirección: ¿milagro o tergiversación?

La afirmación de que el timón de dirección del avión se desprendió y, aun así, la aeronave continuó volando durante más de una hora antes de aterrizar plantea dudas sobre la exactitud de las primeras evaluaciones de los daños.

Los ingenieros estructurales señalan que la pérdida de componentes importantes del estabilizador vertical o del timón de dirección suele provocar una pérdida inmediata del control direccional.

La capacidad del avión para volar durante 68 minutos y efectuar un aterrizaje controlado sugiere que los daños fueron menos graves de lo que se informó inicialmente o que la secuencia completa de los acontecimientos es incompatible con los daños descritos.

La negativa de los EAU a divulgar evaluaciones estructurales detalladas y la decisión de Boeing de no hacer comentarios dejan esta cuestión fundamental sin respuesta.

13. El relato del fontanero: una jugada maestra de propaganda

La afirmación de que un pasajero sin formación aeronáutica, descrito como un fontanero que había visto documentales sobre desastres aéreos, ayudó a estabilizar el avión antes de que los pilotos cualificados asumieran el control constituye una auténtica jugada maestra de propaganda.

Crea un relato heroico de valentía civil y, al mismo tiempo, formula una afirmación de gran alcance sobre cómo se recuperó el control de una aeronave tras un picado que debería haberla destruido.

La realidad es que un pasajero que manipulara los controles de un Boeing 737 MAX durante un picado a una velocidad cercana a la del sonido probablemente habría provocado la desintegración estructural del avión.

El relato del fontanero ha dominado la cobertura de los principales medios de comunicación porque cumple el objetivo político de destacar el «heroísmo civil», un recurso que Netanyahu ha sabido explotar.

El Boeing 737 MAX de Flydubai en el aeropuerto Ben Gurión

 

14. Ausencia de verificación independiente

El aspecto más incriminatorio de todo el episodio es la ausencia de verificación independiente de cualquiera de las principales afirmaciones formuladas por los funcionarios israelíes.

La supuesta trayectoria de radicalización del copiloto, incluidas sus reuniones con figuras religiosas, sus publicaciones en redes sociales y su estancia en Siria, procede de fuentes anónimas de inteligencia.

La identidad del arma cambió: primero se habló de un cuchillo y después de un hacha. La conexión iraní se ha planteado sin pruebas. Los datos de la caja negra, que permitirían establecer de manera concluyente los parámetros reales del vuelo, no se han divulgado.

A falta de pruebas verificables, el relato oficial israelí funciona como una declaración política, no como una descripción objetiva de los hechos.

Un relato diseñado para engañar

El incidente del vuelo FZ1073 de Flydubai presenta todas las características de una operación de falsa bandera cuidadosamente orquestada.

La cronología, desde la visita de Netanyahu a Dubái hasta su advertencia electoral, pasando por el incidente y la atribución inmediata de responsabilidades, configura un patrón coherente de ingeniería política.

Las inverosimilitudes técnicas del relato oficial —un pasajero que recupera el control de un avión tras un picado a una velocidad cercana a la del sonido, un capitán herido que ejecuta un complejo procedimiento para abrir la puerta mientras está siendo atacado y una aeronave que sobrevive a unos daños estructurales que deberían haberla destruido— sugieren que la historia se ha construido para respaldar una conclusión predeterminada.

La presencia de militares israelíes y pilotos fuera de servicio entre los pasajeros, las explicaciones cambiantes sobre el arma y la absoluta ausencia de pruebas verificables apuntan a un suceso fabricado.

El objetivo está claro: crear un pretexto para agredir a Irán y rescatar la carrera política de Netanyahu. El mundo ya ha visto este patrón anteriormente y debería reconocerlo por lo que es.


Texto recogido de un artículo publicado en Press TV