Publicada: viernes, 10 de julio de 2026 13:35

La nueva doctrina de Irán sobre el estrecho de Ormuz redefine la disuasión y sitúa a Estados Unidos ante un dilema estratégico sin una salida clara.

El estrecho de Ormuz ha sido durante mucho tiempo el punto de estrangulamiento marítimo más trascendental del mundo, una estrecha arteria por la que transita diariamente aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado a escala mundial.

Durante décadas, cualquier discusión sobre el cierre de esta vía marítima fue considerada principalmente como un elemento de disuasión: una carta estratégica que Teherán mantenía en reserva para desalentar aventuras militares, sin intención real de llegar a jugarla. Ese cálculo de larga data ha quedado ahora irrevocablemente destruido tras la reciente guerra de agresión ilegal y no provocada contra Irán.

Tras infligir una contundente derrota a la maquinaria bélica de Estados Unidos e Israel y obligarla a solicitar un alto el fuego, que finalmente condujo a la firma de un memorando de entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés), Irán reabrió de manera condicionada esta estratégica vía marítima, mientras que Estados Unidos también se comprometió a poner fin a sus actos de bandidaje y piratería marítima en el golfo Pérsico.

El cese de la agresión y de las amenazas estadounidenses en todos los frentes —desde Irán hasta el Líbano— quedó estipulado en el memorando de entendimiento como requisito previo para alcanzar un acuerdo de largo plazo en los términos de Irán. Sin embargo, la parte estadounidense, fiel a su conocido patrón de traición, continuó vulnerando el entendimiento de diversas formas y por múltiples vías.

En la más reciente violación, ocurrida la mañana del miércoles, el ejército estadounidense lanzó una serie de ataques contra el sur de Irán, dirigidos contra infraestructuras civiles y de defensa, que dejaron varias víctimas. La respuesta fue rápida y contundente: el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán bombardeó cerca de 60 objetivos militares estadounidenses en determinados países árabes.

Tras el más reciente acto de agresión, una fuente de seguridad declaró a Press TV que Teherán ha adoptado formalmente una doctrina estratégica marcadamente distinta, que vincula de manera directa la seguridad del estrecho de Ormuz con cualquier futuro ataque contra el territorio iraní o los intereses de Irán.

El estrecho como componente del marco de represalia

En lugar de servir únicamente como una carta de negociación que Teherán podía utilizar a su discreción, el estrecho se ha convertido ahora en un componente integral de un marco de represalia automática, un mecanismo que activa una respuesta predeterminada y devastadora.

Los recientes ataques militares estadounidenses contra bases costeras e instalaciones civiles en la provincia meridional iraní de Hormozgán y en Mahshahr (en la provincia suroccidental de Juzestán) constituyeron claras violaciones tanto del alto el fuego como del memorando de entendimiento firmado recientemente. La respuesta de Irán fue inmediata, pero las autoridades iraníes sostienen que podría representar apenas la fase inicial de una transformación estratégica más amplia, destinada a redefinir las reglas del enfrentamiento en el golfo Pérsico durante los próximos años.

Irán ha emitido una advertencia inequívoca, según declaró la fuente a Press TV: la era de las respuestas medidas y de las represalias recíprocas ha llegado, en la práctica, a su fin. Tras los nuevos ataques militares estadounidenses contra territorio iraní, en medio de las ceremonias fúnebres por el Líder mártir de la Revolución Islámica, Teherán ha presentado una nueva doctrina militar que promete una represalia abrumadora y el cierre total del estrecho de Ormuz en respuesta a cualquier futura agresión.

Los acontecimientos de las últimas 48 horas, hasta el miércoles, han consolidado la determinación iraní con una claridad sin precedentes, colocando a Estados Unidos ante una disyuntiva de enormes consecuencias para los mercados energéticos mundiales y la estabilidad regional.

 

La violación que lo cambió todo

El detonante inmediato del endurecimiento de la postura iraní fue la nueva agresión perpetrada en la madrugada del miércoles. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) confirmó el lanzamiento de ataques contra 80 objetivos iraníes, mientras que el presidente estadounidense, de visita en Turquía, amenazó con llevar a cabo nuevos bombardeos, una clara señal de la intención de Washington de mantener la presión militar.

Estos ataques constituyeron una violación flagrante e inequívoca del memorando de entendimiento (MoU) firmado el 18 de junio entre Irán y Estados Unidos, en virtud del cual la parte estadounidense había declarado formalmente el “cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes” y se había comprometido a no iniciar ninguna acción ofensiva contra Irán, un compromiso que ahora ha quedado al descubierto como una promesa vacía.

La percepción de traición está profundamente arraigada y ampliamente extendida en los círculos oficiales iraníes, donde esta violación no se considera un incidente aislado, sino una manifestación más de un patrón de duplicidad.

El presidente del Parlamento iraní y principal negociador, Mohamad Baqer Qalibaf, enumeró el miércoles, en una publicación en X, las principales violaciones cometidas por Estados Unidos: la injerencia en los “ajustes iraníes” en el estrecho de Ormuz, la continuidad de las amenazas de nuevos ataques, el restablecimiento de las sanciones petroleras, los bombardeos contra el sur de Irán y la persistencia de la agresión israelí contra el Líbano; cada una de ellas, afirmó, constituye una erosión deliberada de los fundamentos del entendimiento.

Para la dirigencia iraní, estas acciones acumulativas demuestran de manera concluyente que Washington no es un actor confiable para cumplir sus compromisos, lo que vuelve cada vez más inviable la vía diplomática y empuja a Teherán hacia una postura basada en la autosuficiencia y la firmeza estratégica, un giro con profundas implicaciones para la arquitectura de seguridad de la región.

La respuesta inmediata de Irán: 85 objetivos y un nuevo cálculo estratégico

La respuesta iraní a la agresión estadounidense fue rápida y contundente. Las fuerzas aeroespaciales y navales del CGRI de Irán lanzaron una andanada de misiles balísticos y drones contra al menos 85 objetivos militares estadounidenses.

Entre los blancos alcanzados figuraron la base aérea Ali al-Salem, en Kuwait, y las instalaciones de la Quinta Flota de Estados Unidos en Baréin. Asimismo, fue derribado un dron MQ-9 Reaper que intentó interferir en la operación, enviando un claro mensaje de que las fuerzas iraníes actúan con precisión y coordinación en múltiples escenarios y están preparadas para responder con toda su capacidad.

Esta represalia no constituyó simplemente un acto de respuesta militar, sino una demostración cuidadosamente calculada de una nueva doctrina estratégica. La lógica de represalias recíprocas que hasta ahora había regido los intercambios militares entre Estados Unidos e Irán en la región del golfo Pérsico ha quedado, en la práctica, superada, siendo reemplazada por una postura que deja escaso margen para una escalada gradual o para maniobras diplomáticas.

La nueva estrategia militar iraní, confirmada por una fuente bien informada a Press TV, establece dos respuestas inmediatas e innegociables frente a cualquier nuevo ataque contra territorio o intereses iraníes.

En primer lugar, el estrecho de Ormuz será cerrado por completo al tránsito marítimo. En segundo lugar, Irán atacará objetivos enemigos con una proporción mínima de dos a uno; es decir, por cada objetivo iraní alcanzado, al menos dos objetivos enemigos serán destruidos en respuesta.

Esta fórmula representa un salto cualitativo en la postura disuasoria de Irán, al eliminar la tradicional escalera de la escalada y confrontar a cualquier agresor con la certeza de una represalia devastadora.

Este cambio doctrinal supone una transformación fundamental del enfoque estratégico iraní. En lugar de respuestas calibradas destinadas a demostrar determinación sin desembocar en una guerra total, Irán ha adoptado una política de represalias desproporcionadas cuyo objetivo es imponer costos tan elevados que cualquier agresión resulte impensable, una estrategia basada en la premisa de que un castigo abrumador constituye la vía más eficaz para la disuasión.

Irán dispone ahora tanto de la capacidad militar como de la determinación estratégica necesarias para mantener la iniciativa frente a sus adversarios, preparado para responder a cualquier acto de agresión con una fuerza considerablemente superior.

 

El control del estrecho: la posición inquebrantable de Irán

Un elemento central de la nueva doctrina iraní es su autoridad absoluta e incuestionable sobre el estrecho de Ormuz. El Cuartel General Central de Jatam al-Anbia, principal mando militar de Irán, subrayó en un comunicado emitido el miércoles que el estrecho “no es un campo de juego para la agresión estadounidense”, sino parte del territorio sometido a la “indiscutible soberanía” de Irán, cuya seguridad y estabilidad constituyen una línea roja inviolable para las Fuerzas Armadas iraníes.

La posición de Irán en el marco del memorando de entendimiento es igualmente categórica. Según explicó a Press TV una fuente informada, el acuerdo incluye disposiciones que otorgan a Irán autoridad absoluta e incuestionable para reabrir el estrecho conforme a sus propios mecanismos, y Teherán no permitirá el establecimiento de ninguna nueva ruta al margen de ese marco.

Esta postura se ha visto reforzada por el mayor control ejercido por Irán sobre el estrecho desde el 28 de febrero, cuando prohibió el paso seguro de embarcaciones hostiles pertenecientes o vinculadas a Israel y Estados Unidos tras la agresión conjunta contra territorio iraní, una medida que evidenció la disposición de Teherán a convertir sus postulados doctrinales en una realidad operativa.

Después de la reapertura de la vía marítima, la parte estadounidense continuó incurriendo en acciones aventureras, poniendo a prueba la paciencia de las Fuerzas Armadas iraníes. Pese a las reiteradas advertencias, los ataques contra territorio iraní continuaron, especialmente en las provincias meridionales situadas a orillas del golfo Pérsico.

Las implicaciones prácticas de esta postura son profundas y de gran alcance. Irán ha advertido que todos los petroleros y buques mercantes deberán utilizar las rutas designadas por Teherán y que cualquier incumplimiento será respondido de manera inmediata y contundente por las Fuerzas Armadas iraníes. En esta política de aplicación inflexible ya no existe margen para la ambigüedad.

Las amenazas de Trump y el rechazo de Irán

Trump respondió a la nueva postura iraní recurriendo a su habitual estrategia de presión al borde del abismo. En declaraciones realizadas al margen de la cumbre de la OTAN en Turquía, advirtió que Estados Unidos “podría atacar nuevamente a Irán con dureza esta misma noche” y sugirió la posibilidad de restablecer un bloqueo naval e incluso tomar el control de la isla iraní de Jark.

Asimismo, acusó a Teherán de “comportarse muy mal” respecto al memorando de entendimiento y presentó los recientes ataques con drones y misiles como justificación para una nueva escalada, en una maniobra retórica destinada a proyectar fortaleza mientras mantiene abiertas todas las opciones militares.

Sin embargo, las amenazas belicistas de Trump fueron recibidas con abierta desafiante por parte de Irán. Las autoridades iraníes las desestimaron con desprecio, afirmando que Trump “no obtendrá ningún beneficio de estas amenazas, pero sin duda perderá tanto el estrecho de Ormuz como las negociaciones para un acuerdo definitivo”, según declaró una fuente informada a Press TV, especialmente en un momento en que enfrenta crisis en todos los frentes, tanto internos como externos.

La misma fuente afirmó que Irán ha dejado inequívocamente claro que “no distingue entre Estados Unidos y sus socios en la región”, ampliando así el alcance potencial de cualquier represalia y complicando considerablemente los cálculos de Washington respecto a su coalición regional.

El desafío para Washington radica en que la nueva doctrina iraní elimina, en la práctica, la escalera de la escalada que anteriormente servía como mecanismo de contención frente a una confrontación de gran escala. En el pasado, ataques limitados podían ser respondidos con acciones cuidadosamente calibradas que permitían a ambas partes demostrar determinación sin desencadenar una guerra abierta, un peligroso pero manejable equilibrio de disuasión.

Ahora, Irán ha declarado que cualquier nuevo ataque contra su territorio provocará el cierre del estrecho de Ormuz y una represalia desproporcionada, una postura que elimina cualquier espacio para una escalada gradual. La credibilidad de esta amenaza se ve reforzada por la disposición demostrada por Irán para cumplirla, como quedó evidenciado en la rápida y devastadora respuesta ejecutada en la madrugada del miércoles.

 

El cálculo estratégico: por qué Irán considera que lleva la ventaja

La confianza de Irán en su nueva postura se sustenta en una poderosa combinación de ventajas geográficas, capacidades militares asimétricas y la evidente debilidad de la posición estratégica de su adversario. Analistas militares sostienen que la verdadera fortaleza de Irán radica en aprovechar sus ventajas asimétricas en las aguas estrechas y congestionadas del estrecho de Ormuz, donde la superioridad tecnológica suele verse neutralizada por las realidades geográficas.

Este estrecho paso marítimo proporciona a Irán ventajas naturales que compensan de manera efectiva la superioridad tecnológica estadounidense. La doctrina militar iraní pone énfasis en el empleo coordinado de enjambres de embarcaciones rápidas, minas navales y misiles antibuque de alta precisión para restringir las operaciones de la Armada estadounidense en las reducidas aguas del estrecho.

Irán mantiene miles de lanchas rápidas de ataque y embarcaciones suicidas ocultas en cuevas e instalaciones protegidas a lo largo de la costa, lo que dificulta su detección y les permite efectuar salidas rápidas e imprevisibles. Estas embarcaciones pueden desplegarse mediante tácticas de enjambre en múltiples oleadas, saturando las defensas estadounidenses por el mero peso de su número y obligando a Estados Unidos a afrontar un enfrentamiento prolongado y de desgaste que consumiría sus recursos y erosionaría la moral de sus fuerzas.

La vulnerabilidad estratégica de Estados Unidos va mucho más allá del plano táctico. Trump enfrenta un complejo conjunto de desafíos internos y externos que restringen severamente su margen de maniobra: una economía afectada por la inflación, un escenario político profundamente polarizado y una credibilidad internacional debilitada tras la fallida guerra contra Irán.

Washington carece tanto de la voluntad como, sobre todo, de la capacidad para sostener una confrontación militar prolongada, especialmente cuando la alternativa podría ser la pérdida total del control operativo del estrecho de Ormuz y el caos económico que inevitablemente se desencadenaría a escala mundial.

El cálculo del riesgo se ha visto además profundamente alterado por el carácter sin precedentes de la nueva doctrina iraní. Al declarar que cualquier ataque contra los intereses iraníes será respondido con el cierre del estrecho y una represalia en proporción de dos a uno, Irán ha elevado el costo potencial de la confrontación hasta un nivel que podría disuadir incluso a un adversario de gran poder militar.

Estados Unidos debe ahora sopesar los posibles beneficios de cualquier acción militar frente a la certeza de que el estrecho será cerrado, una consecuencia que perturbaría de inmediato los mercados energéticos mundiales y provocaría graves repercusiones económicas tanto para sus aliados como para sus adversarios, configurando un mecanismo de disuasión que trasciende el propio campo de batalla.

Una respuesta justa y legítima frente a la agresión estadounidense

La actual crisis representa, según este enfoque, una respuesta justificada a las reiteradas violaciones cometidas por Estados Unidos y un cambio necesario en la estrategia defensiva. Las acciones de Irán son presentadas como medidas de carácter defensivo destinadas a salvaguardar la soberanía nacional y la integridad territorial frente a un adversario que continúa incurriendo en provocaciones.

El Cuartel General Central de Jatam al-Anbia ha advertido que cualquier fuente de apoyo al ejército agresor de Estados Unidos será considerada un objetivo legítimo para las Fuerzas Armadas iraníes.

Las implicaciones económicas de la nueva doctrina iraní tampoco pueden subestimarse. El estrecho de Ormuz constituye el punto de estrangulamiento energético más importante del mundo. Su cierre total provocaría una conmoción en los mercados energéticos internacionales, desencadenando un fuerte aumento de los precios y una perturbación económica cuyos efectos se sentirían en todos los rincones del planeta.

Los países que dependen en gran medida de las exportaciones de petróleo del golfo Pérsico, entre ellos numerosos aliados de Washington, tienen un interés directo en garantizar que el estrecho permanezca abierto, lo que genera una presión adicional sobre Estados Unidos para evitar acciones que puedan desencadenar su cierre.

Estados Unidos se enfrenta ahora a una decisión compleja. Puede aceptar la nueva realidad y adaptar su estrategia en consecuencia, reconociendo que los intereses iraníes en el estrecho deben ser respetados y que las opciones militares están limitadas por el riesgo de un cierre de la vía marítima. O puede optar por una nueva escalada, poniendo a prueba la credibilidad de las advertencias iraníes y arriesgándose a una confrontación susceptible de escapar a todo control.

La decisión ya no es únicamente una cuestión de política exterior, sino de reconocer que la era de las represalias recíprocas ha llegado a su fin. Irán ha trazado una línea que afirma estar decidido a hacer respetar, y las consecuencias de cruzarla han quedado ahora expuestas con absoluta claridad.


Texto recogido de un art'iculo publicado en Press TV