Publicada: sábado, 4 de julio de 2026 21:35

En homenaje a una de las figuras más importantes de Asia Occidental, entrego una trilogía de textos como expresión de admiración. En idioma castellano, cuando queremos traer al presente a un ser amado, al que hemos perdido físicamente, pero cuya presencia trasciende y ha dejado una profunda influencia en nuestra vida, solemos recurrir al concepto de recordar.

Por Pablo Jofré Leal

La palabra, de origen latino, deriva de recordari, es decir, “volver a pasar por el corazón” no representa sólo un mero acto cognitivo, sino una experiencia integral del ser. No simplemente “traemos a la mente”, sino que permitimos que transiten nuevamente por nuestro centro emocional. El corazón como símbolo vivo. Por ello, al entender este órgano, más allá de su función fisiológica, lo reconocemos como:

  • Repositorio de afectos
  • Centro de intuición y espiritualidad
  • Sede de la memoria emocional

Recordar, entonces, es un acto de amor continuado. No es resignación ante la ausencia, sino un tejido vivo de presencia: aquello que perdemos físicamente permanece en el latido de nuestros sentimientos, en cada evocación que nos estremece. Esta comprensión transforma el dolor en un acto de fidelidad emocional. La persona amada no se va completamente mientras persista en nuestro corazón.

Y así percibo a un ser humano memorable, de enorme trascendencia , más allá de su país y de la región de Asia Occidental, para ser hoy un nombre referencial para el conjunto de la humanidad. Me refiero a Seyed Ali Hoseini Jamenei, Líder religioso de la República Islámica de Irán hasta el día de su martirio. Las ceremonias fúnebres oficiales del mártir Jamenei, asesinado el 28 de febrero de 2026 al inicio de una nueva guerra contra el pueblo iraní.

Ese mismo día 28 de febrero se cometió también el alevoso crimen contra 168 pequeñas estudiantes de una escuela primaria en la ciudad de Minab, en la provincia de Hormozgan, se efectuarán entre el 4 y el 9 de julio de 2026.  Las exequias de Seyed Ali Jamenei habían sido postergadas debido a la intensa agresión militar contra la República Islámica de Irán por parte de la alianza imperial sionista.

El mártir Jamenei, quien condujo el país desde 1989 hasta su asesinato el 28 de febrero, dejó un legado político, religioso y estratégico de alcance regional y global. Sus mensajes dirigidos a la juventud mundial dieron cuenta de un alto nivel intelectual y de una visión estratégica sobre los desafíos que enfrenta el mundo contemporáneo (1).

Esa dimensión de su liderazgo no puede reducirse a la administración del poder. Jamenei fue, ante todo, un intérprete de la historia iraní reciente: comprendió que la independencia de la República Islámica no era una consigna abstracta, sino una condición de supervivencia nacional frente a un orden internacional dispuesto a castigar cualquier proyecto que desafiara la subordinación política, económica, militar y cultural. En ese sentido, su figura adquiere la densidad de un sabio político-religioso: alguien que no separó la fe de la responsabilidad histórica ni la espiritualidad de la defensa concreta de la patria.

Su sabiduría se expresó en la paciencia estratégica, en la lectura de largo plazo de los procesos regionales y en la convicción de que la dignidad de un pueblo no se negocia bajo amenaza. No fue la sabiduría retirada del mundo, sino aquella que se prueba en el conflicto, en el asedio y en la necesidad de preservar la unidad nacional cuando el enemigo apuesta por la fractura interna.

Ali Hoseini Jamenei se presenta, en la comprensión de su figura, como un guía político y religioso cuya influencia excede ampliamente los límites institucionales del Estado. Su conducción se expresa en tres dimensiones inseparables: la defensa de su país y de Asia Occidental frente a la injerencia externa; la formación de una juventud consciente de su papel histórico; y la cohesión de la sociedad iraní en torno a una idea de dignidad, independencia y resistencia.

Esa influencia explica por qué Irán no solo resistió décadas de sanciones y amenazas, sino que también ha logrado proyectarse como referente geopolítico para pueblos que enfrentan formas diversas de dominación, en cada uno de los continentes (2).

A lo largo de su liderazgo, Jamenei entendió que una parte decisiva de la disputa geopolítica se libraba en el plano cultural, comunicacional y generacional. Por ello, sus mensajes a la juventud pueden leerse como piezas políticas orientadas a preservar la identidad revolucionaria iraní y, al mismo tiempo, a interpelar a las nuevas generaciones de Occidente.

A los jóvenes de Irán les exigió salvaguardar los principios de la Revolución Islámica de 1979 frente al choque cultural externo. En sus discursos, la resistencia interna, el desarrollo científico propio y la autosuficiencia nacional aparecieron como caminos indispensables, para así romper el cerco de las sanciones internacionales y sostener la independencia del país.

En relación con la juventud iraní, los llamados de Jamenei pueden interpretarse como una pedagogía de responsabilidad histórica. No se trataba únicamente de exhortaciones religiosas, sino de una convocatoria a estudiar, crear, defender el conocimiento propio y asumir que la independencia nacional requiere ciencia, cultura, disciplina social y conciencia política.

En esa línea, Jamenei buscó formar generaciones capaces de resistir la colonización cultural, comprender el sentido profundo de la Revolución Islámica y sostener un proyecto nacional bajo condiciones de presión externa permanente.

Pero también dirigió sus palabras a la juventud de Europa occidental y de Estados Unidos, letras en las cuales los convocó a estudiar el Islam desde sus fuentes originales y no desde los filtros de los grandes medios de comunicación. Sus cartas abiertas, redactadas en momentos de crisis global, buscaron cuestionar el doble rasero de los gobiernos occidentales, denunciar la opresión histórica ejercida sobre el mundo islámico y abrir un diálogo directo con una generación menos atada a los relatos oficiales.

Alí Jamenei no fue solo un gobernante. Representó la articulación entre autoridad religiosa, conducción política y estrategia de Estado en la República Islámica. Durante casi cuatro décadas, consolidó el concepto del Eje de la Resistencia frente a la hegemonía occidental (3) y convirtió a Irán en una potencia asimétrica capaz de desafiar la presión de Washington y Tel Aviv. Su muerte en Teherán marcó el cierre de una etapa histórica; sin embargo, las exequias programadas en Teherán, Qom y Mashhad evidencian que su influencia religiosa, política y simbólica continúa proyectándose más allá de las fronteras iraníes.

Alí Jamenei debe ser comprendido, menos como una figura aislada del poder clerical y más como el conductor de una etapa histórica marcada por la defensa de la soberanía iraní frente a la presión combinada de Estados Unidos, Israel y sus aliados europeos. Jamenei encarna la continuidad política de la Revolución Islámica de 1979, encabezada por el Imam Jomeini, al cual sucedió, pero también la adaptación de Irán a un escenario de guerra híbrida, sanciones económicas, cerco mediático, sabotajes, asesinatos selectivos y amenazas militares permanentes.

La figura de Jamenei se proyecta sobre la noción de “defensa sagrada”, concepto que remite a la guerra impuesta contra Irán en la década de 1980 y que, en el presente, vuelve a adquirir centralidad frente a las agresiones externas. Bajo esa interpretación, su liderazgo no se agota en la dimensión religiosa: representa una doctrina de resistencia nacional, una pedagogía política orientada a mantener cohesionada a la sociedad iraní y una estrategia de largo plazo para impedir la fragmentación territorial, el sometimiento económico o la subordinación diplomática de la República Islámica.

Desde esta mirada, Seyed Ali Jamenei debe ser entendido como un guía integral: religioso por su condición de autoridad islámica, pero profundamente político por su capacidad de leer el movimiento de la historia, anticipar amenazas y orientar al pueblo iraní en medio de escenarios límites.

En esa condición de guía, Jamenei representó una síntesis entre memoria, doctrina y acción. Su voz no operó únicamente como mandato institucional, sino como una forma de orientación moral frente a la agresión. Para amplios sectores del pueblo iraní y de los movimientos que observan en Irán un ejemplo de autodeterminación, su figura encarnó la certeza de que defender la patria no consiste solo en proteger fronteras, sino también en resguardar una civilización, una identidad y una voluntad colectiva de no rendirse.

Su autoridad no descansó solo en el cargo que ocupó, sino en la función simbólica de ofrecer dirección, serenidad y sentido colectivo ante la guerra, el bloqueo, la demonización mediática y la incertidumbre regional. En la sociedad iraní, esa figura operó como punto de referencia para articular fe, memoria revolucionaria, defensa nacional y proyecto.

Seyed Ali Jamenei fue una pieza rectora en la consolidación del llamado Eje de la Resistencia, entendido como una arquitectura política, militar y simbólica que articula a Irán con fuerzas regionales contrarias a la hegemonía estadounidense e israelí (4) Por ello impulsó una política exterior basada en la disuasión asimétrica, el fortalecimiento científico-tecnológico, la autonomía militar y el respaldo a causas consideradas estratégicas, especialmente Palestina y Líbano. Esa línea explica por qué Irán logró transformar su aparente inferioridad convencional en una capacidad de presión regional capaz de alterar los cálculos de Washington y del régimen sionista israelí.

Desde esa perspectiva, la enorme influencia de Jamenei en Asia Occidental no puede entenderse solo como resultado del poder militar iraní, sino como consecuencia de una conducción doctrinaria capaz de unir soberanía, espiritualidad y estrategia. Jofré ha subrayado que la Revolución Islámica transformó a Irán en un actor que desafió la arquitectura regional diseñada por Washington y Tel Aviv, y que Jamenei dio continuidad a esa orientación al respaldar la causa palestina, la resistencia libanesa y los procesos de autodeterminación de los pueblos de la región. Su liderazgo operó como una brújula política para una zona históricamente sometida a guerras, ocupaciones y proyectos de fragmentación (5).

Otro elemento recurrente en las reflexiones de Jamenei fue la crítica al tratamiento mediático occidental sobre Irán. Más allá de su propia figura, su análisis se concentró en el país, la sociedad, la región y el mundo, lo que refleja una concepción política alejada de la vanidad personal y centrada en la defensa de un proyecto histórico.

A su juicio, los grandes medios no describen al país persa desde categorías neutrales, sino desde una narrativa de demonización que busca presentar toda política de defensa iraní como amenaza global, mientras minimiza o justifica la presencia militar extranjera, las sanciones unilaterales y los ataques contra infraestructura o dirigentes iraníes.

Por ello, la figura de Jamenei aparece asociada también a una batalla comunicacional: disputar el relato, defender la legitimidad de la resistencia y denunciar el doble rasero de quienes invocan el derecho internacional solo cuando favorece a sus intereses.

Así, al profundizar en la figura de Alí Jamenei, emerge la imagen de un líder histórico cuya importancia no radica únicamente en la conducción del Estado iraní, sino también en haber dado continuidad a una visión antihegemónica, soberanista y multipolar. En esta lectura, Jamenei se convierte en símbolo de una época en la que Irán dejó de ser un actor cercado para transformarse en referencia de resistencia política, moral, militar y cultural para amplios sectores del Sur Global.

El magnicidio del líder religioso de la República Islámica de Irán constituye un hecho imposible de olvidar o perdonar desde la perspectiva de quienes lo consideramos una agresión directa contra la soberanía iraní. Se trata, además, de una grave violación del derecho internacional y de un episodio inscrito en una estrategia más amplia de desestabilización contra Irán.

Su martirio, lejos de clausurar esa historia, la desplazó hacia una etapa más intensa. Al intentar eliminar al conductor espiritual y político de la República Islámica, Estados Unidos y su proxy regional como es la entidad judío sionista israelí, no solo atacaron a un hombre, sino a la arquitectura moral y estratégica que había permitido a Irán resistir durante décadas. Por ello, su asesinato redefinió el curso de la guerra: convirtió la defensa de Irán en una causa aún más cargada de memoria, legitimidad y obligación histórica

Desde entonces, la confrontación dejó de ser interpretada únicamente como una disputa militar o geopolítica. Pasó a ser leída, por millones de personas, como una prueba histórica entre la voluntad de sometimiento imperial y la decisión de un pueblo de permanecer de pie. En esa transformación simbólica reside una de las consecuencias más profundas de su muerte: Jamenei, mártir de su patria, se convirtió en un factor de cohesión, en una bandera de continuidad y en una medida moral del conflicto.

La figura de Jamenei trasciende así, como un símbolo de la ética de la resistencia en la historia contemporánea de Asia Occidental. A las puertas de un funeral que proyecta congregar a millones de fieles y delegaciones regionales, su simbolismo se consolida en el imaginario de este Sur que requiere trabajar por su definitiva autodeterminación de aquellas “potencias hegemónicas y arrogantes”.

Por ello, recordar a Ali Hoseini Jamenei no implica solo rendir homenaje a un dirigente caído. Significa reconocer la trayectoria de un hombre que asumió la defensa de su patria como deber sagrado, que leyó con lucidez la naturaleza de la agresión contra Irán y que, al morir bajo el fuego enemigo, terminó por condensar en su propio martirio el sentido de una guerra que ya no puede entenderse sin su nombre, su doctrina y su ejemplo.

Su hijo y sucesor, Moytaba Jamenei, asume la conducción del Estado bajo el mismo estandarte trazado por su padre: el rechazo al dictado de Occidente, la defensa de la soberanía nacional y la vigencia de un mensaje de resistencia que echó raíces en la juventud islámica y en sectores amplios de la sociedad internacional.


Referencias utilizadas para el desarrollo del texto

1. Pablo Jofré Leal, “Carta de Líder iraní: Los jóvenes como luz de esperanza”, HispanTV, 30 de noviembre de 2015. De este artículo se extrajeron las ideas relativas a las cartas de Seyed Ali Jamenei dirigidas a la juventud occidental, la crítica a la islamofobia, el papel de los medios en la demonización del islam y el llamado a conocer el islam desde sus fuentes originales.

2. Pablo Jofré Leal, “Irán: Firmeza ante la alianza imperial sionista - Parte I”, HispanTV, 18 de abril de 2026. De esta lectura se tomaron los conceptos de “guerra impuesta”, “defensa sagrada”, soberanía iraní, resistencia frente a la agresión externa y continuidad histórica de la Revolución Islámica.

3. Pablo Jofré Leal, “Irán: Ejemplo de Soberanía, Valentía, Dignidad y Hermandad”, HispanTV, 10 de abril de 2026. Esta fuente respalda las ideas sobre la conducta soberana de Irán, la firmeza frente a Estados Unidos e Israel, la dignidad nacional y la proyección de Irán como ejemplo político para Asia Occidental y el Sur Global.

4. Pablo Jofré Leal, “Eje de la Resistencia: Soberanía, Dignidad y Autodeterminación”, HispanTV, 5 de agosto de 2024. De este artículo se incorporaron las ideas sobre el Eje de la Resistencia como articulación regional, su papel en Asia Occidental, la defensa de la soberanía de los pueblos y la lucha contra la hegemonía estadounidense e israelí.

5. Entrevista a Pablo Jofré Leal, “Irán emerge como referente geopolítico en Asia Occidental”, HispanTV, 24 de mayo de 2026. Esta entrevista fue utilizada para reforzar la idea de Irán como actor clave y referente político en Asia Occidental pese a décadas de sanciones, presiones y conflictos regionales.