Por: Ivan Kesic
Según el más reciente informe del Critical Technology Tracker del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI, por sus siglas en inglés), la República Islámica de Irán ocupa el cuarto lugar mundial en la producción de investigación científica de alto impacto sobre motores aeronáuticos avanzados, incluidas las tecnologías de propulsión hipersónica, superando a potencias aeroespaciales tradicionales como Japón, Italia y el Reino Unido.
En una era en la que el conocimiento científico se ha convertido en la principal moneda del poder nacional, Irán ha construido de manera discreta pero constante un ecosistema de investigación que hoy compite con las naciones más avanzadas del mundo en diversos ámbitos estratégicamente críticos.
El Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI, por sus siglas en inglés), un centro de estudios con sede en Canberra especializado en defensa y tecnologías emergentes, publicó la actualización de su Critical Technology Tracker, una herramienta que monitorea publicaciones científicas de alto impacto en 74 tecnologías críticas a lo largo de un período de 21 años.
Este indicador no mide la producción industrial ni la fabricación comercial, sino la generación del 10 % de los artículos científicos más citados, considerado un indicador adelantado de las capacidades tecnológicas futuras.
Según estos datos recopilados mediante una metodología rigurosa, Irán ocupa el cuarto puesto mundial en el ámbito de los motores aeronáuticos avanzados, incluidas las tecnologías hipersónicas, situándose únicamente por detrás de China, Estados Unidos e India.
Esta posición, por delante de potencias de ingeniería con una larga tradición, refleja una estrategia nacional deliberada de inversión científica asimétrica, que ha producido importantes resultados pese a décadas de sanciones integrales y a una integración limitada en las redes industriales occidentales.
Comprender el Critical Technology Tracker del ASPI
El Critical Technology Tracker del ASPI, presentado por primera vez en marzo de 2023 y ampliado de forma significativa durante los últimos tres años, constituye una de las evaluaciones empíricas más completas sobre el desempeño mundial en investigación dentro de tecnologías de importancia estratégica.
La plataforma supervisa 74 tecnologías críticas que abarcan los sectores de defensa, espacio, energía, inteligencia artificial, biotecnología, robótica, ciberseguridad, computación, materiales avanzados y tecnologías cuánticas.
En lugar de contabilizar el número bruto de publicaciones, el sistema se centra exclusivamente en el 10 % de los artículos científicos más citados de cada disciplina, partiendo de la premisa de que estas publicaciones de alto impacto constituyen la base teórica, los algoritmos fundamentales y las ciencias de la ingeniería que sustentarán los futuros avances tecnológicos.
Desde una perspectiva estadística, las investigaciones altamente citadas tienen mayores probabilidades de derivar en patentes, impulsar innovaciones futuras y, en última instancia, generar capacidades militares e industriales tangibles.
El sistema emplea metodologías sofisticadas para garantizar la precisión de los resultados y evitar sesgos estadísticos.
Para ello utiliza el índice H (H-index), que permite medir simultáneamente la cantidad y la calidad de la producción científica, evitando que un país alcance posiciones destacadas simplemente mediante la publicación masiva de trabajos de escaso valor o gracias a un único artículo excepcional.
Asimismo, el método de asignación fraccionada distribuye el crédito correspondiente a los artículos elaborados en coautoría entre todos los investigadores participantes y sus respectivas instituciones, evitando la doble contabilización y reflejando con mayor exactitud la contribución científica neta de cada país.
El rastreador también calcula un Índice de Riesgo de Monopolio Tecnológico (Technology Monopoly Risk, TMR), que utiliza un sistema de semáforo para medir el riesgo de que una tecnología crítica sea dominada por un único país.
Una tecnología se clasifica como de alto riesgo cuando el país líder alberga al menos ocho de las diez principales instituciones de investigación del mundo en ese ámbito y cuando su participación en la investigación de alto impacto es al menos tres veces superior a la del segundo país clasificado.
La tecnología de motores aeronáuticos avanzados está catalogada como de alto riesgo, lo que refleja la extrema concentración de la excelencia investigadora en este campo.
Aunque la estructura de financiación del ASPI incluye aportaciones del Departamento de Defensa de Australia y de importantes contratistas militares occidentales, como Lockheed Martin, Boeing y Raytheon, los datos brutos que sustentan el Critical Technology Tracker proceden de bases de datos académicas públicas sometidas a revisión por pares y son procesados mediante fórmulas cientométricas estandarizadas.
La orientación política de la institución no puede alterar las estadísticas brutas de los artículos científicos revisados por pares publicados en prestigiosas revistas internacionales, ni las citaciones realizadas por investigadores de todo el mundo, ni los índices de impacto asociados a dichos trabajos.
Por ello, los datos de clasificación pueden considerarse académica y estadísticamente válidos, siempre que se comprenda adecuadamente la metodología empleada.
La posición global de Irán en motores aeronáuticos avanzados
Según los datos más recientes del ASPI correspondientes al período 2019-2023, la clasificación mundial de los países en la producción de artículos científicos de alto impacto sobre motores aeronáuticos avanzados, incluidas las tecnologías hipersónicas, resulta especialmente reveladora.
China ocupa el primer lugar con una cuota superior al 60 % de las publicaciones de alto impacto a escala mundial en este ámbito. Estados Unidos se sitúa en la segunda posición, mientras que India ha alcanzado el tercer puesto.
Irán ocupa el cuarto lugar, superando a Japón, Alemania, Italia y el Reino Unido, países con una larga y distinguida trayectoria en la ingeniería y fabricación aeroespacial.
La diferencia porcentual entre la cuota de Irán y la de China es considerable, lo que refleja la extraordinaria concentración de la inversión científica china.
Sin embargo, ocupar el cuarto puesto mundial y situarse por delante de potencias industriales como Japón y Alemania constituye un logro científico de primer orden.
Esta clasificación no implica que Irán pueda competir comercialmente con empresas como Rolls-Royce, General Electric o Safran en la producción masiva de motores para aeronaves civiles.
El propio ASPI advierte explícitamente contra la equiparación entre liderazgo científico y capacidad industrial. Los ecosistemas de fabricación, los sistemas de certificación, las cadenas globales de suministro y décadas de experiencia operativa no pueden medirse únicamente mediante el número de publicaciones científicas.
Lo que sí demuestra esta clasificación es que Irán posee los conocimientos teóricos, las capacidades de simulación informática, el desarrollo de algoritmos avanzados, el modelado de dinámica computacional de fluidos, el análisis de transferencia de calor en condiciones críticas y la metalurgia de superaleaciones necesarios para diseñar motores avanzados al más alto nivel internacional.
Instituciones de educación superior como la Universidad de Teherán, la Universidad Tecnológica Sharif, la Universidad Tecnológica Amir Kabir y la Universidad Iraní de Ciencia y Tecnología han sido identificadas como actores fundamentales en esta producción científica.
Según las clasificaciones institucionales del ASPI, la Universidad de Teherán ocupa el décimo puesto mundial en índice H en determinados campos relacionados, mientras que el Instituto de Ciencia y Tecnología Nuclear se sitúa en el decimoséptimo lugar en artículos altamente citados sobre materiales avanzados y materiales nucleares.
Los investigadores iraníes han desempeñado un papel destacado en el modelado de dinámicas de sistemas, la simulación del rendimiento de motores aeronáuticos de turbina de gas y el desarrollo de sistemas activos de control de combustible para motores.
Estas universidades funcionan, en la práctica, como poderosos departamentos de investigación y desarrollo al servicio de la industria aeroespacial del país.
El enfoque estratégico de la inversión científica iraní
La base de datos histórica de 21 años del Critical Technology Tracker del ASPI revela un profundo cambio en el liderazgo mundial de la investigación científica. Entre 2003 y 2007, Estados Unidos encabezaba 60 de las 64 tecnologías críticas analizadas.
En el período más reciente, correspondiente a 2019-2023, China lidera 57 tecnologías, mientras que Estados Unidos encabeza únicamente siete. El centro de gravedad de la investigación científica mundial se ha desplazado de manera decisiva hacia la región del Indo-Pacífico.
Dentro de esta estructura altamente competitiva y asimétrica, el desempeño de Irán refleja una estrategia nacional deliberada basada en la concentración de recursos en áreas prioritarias seleccionadas.
Los analistas del ASPI, tras examinar los documentos rectores de la política científica iraní, concluyeron que este rumbo fue planificado con antelación.
El Mapa Científico Integral del País, un documento estratégico publicado en 2011, estableció una jerarquía clara de prioridades en materia de investigación.
La energía, la industria aeroespacial y las nanotecnologías y microtecnologías fueron definidas como prioridades nacionales de primer orden, destinándose a ellas una parte significativa de los limitados recursos de investigación disponibles.
Por el contrario, áreas como la computación cuántica recibieron una prioridad menor. Esta concentración estratégica explica por qué Irán ocupa el cuarto lugar mundial en motores aeronáuticos avanzados, pero se sitúa entre el noveno y el undécimo puesto en la clasificación general de las 74 tecnologías críticas.
Irán no constituye una superpotencia tecnológica de base amplia, pero ha desarrollado una excelencia investigadora notablemente concentrada y resiliente en diversos campos de importancia estratégica.
El país figura entre los diez primeros del mundo en 21 tecnologías críticas y entre los cinco primeros en seis de ellas. Además de los motores aeronáuticos avanzados, Irán mantiene posiciones destacadas en nanotecnología, materiales avanzados, tecnologías energéticas y sistemas de propulsión.
Particularmente relevante es la investigación en materiales avanzados. Durante años, Irán ha mantenido uno de los registros de publicaciones científicas más sólidos del mundo en nanomateriales y disciplinas afines, investigaciones que sustentan desde estructuras y recubrimientos aeroespaciales hasta componentes electrónicos, sensores y equipamiento militar.
Del laboratorio al despliegue operativo
Surge una pregunta razonable: si Irán se sitúa por delante del Reino Unido y Japón en investigación sobre motores aeronáuticos, ¿por qué no dispone de una línea de producción moderna de aviones comerciales de pasajeros?
La respuesta reside en la naturaleza del proceso de comercialización y en el amplio régimen de sanciones impuesto al país. Fabricar una aeronave de pasajeros de fuselaje ancho comparable a las producidas por Boeing o Airbus no constituye únicamente un desafío científico.
También requiere una cadena internacional de suministro financiero y logístico que involucra miles de componentes estandarizados procedentes de decenas de países, acceso a los mercados financieros globales, una justificación económica para la producción a gran escala y, sobre todo, la obtención de certificaciones de seguridad y aeronavegabilidad por parte de organismos como la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) o la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea (EASA, por sus siglas en inglés).
Bajo uno de los regímenes de sanciones más amplios de la historia contemporánea, completar esta cadena civil y comercial no resulta actualmente posible para Irán.
Sin embargo, este bloqueo no significa que el conocimiento acumulado haya sido desaprovechado. Irán ha orientado deliberadamente esta expansión del conocimiento de ingeniería hacia las industrias militares, la disuasión asimétrica y la industria aeroespacial de defensa.
Las manifestaciones concretas de esta transferencia del conocimiento científico a la industria pueden observarse en varios programas nacionales de desarrollo de motores.
El motor nacional “Ouy” (Apogeo) es un turborreactor utilizado en el caza ligero autóctono Kowsar. Se trata del resultado de la ingeniería inversa y la optimización nacional del motor estadounidense General Electric J85.
Lograr la localización completa de los componentes de la sección caliente de este motor exige un dominio absoluto de la fundición al vacío de superaleaciones y del mecanizado de ultraalta precisión, tecnologías respaldadas por los mismos artículos científicos de gran impacto identificados por el ASPI.
El motor turbofán Jahesh-700 representa un logro aún más avanzado. Analistas militares occidentales han señalado que este motor ligero presenta una arquitectura similar a la familia de turbofanes Williams FJ33 y FJ44, el mismo tipo de propulsor empleado en el dron furtivo RQ-170 que Irán logró capturar en 2011.
El Jahesh-700 incorpora un sistema electrónico de control modular, componentes fabricados con superaleaciones modernas y una elevada eficiencia de combustible, estimada en aproximadamente 13,77 gramos por segundo por kilovatio de potencia generada.
Esta eficiencia permite vuelos de muy larga duración y a gran altitud para los drones estratégicos iraníes. El motor utiliza álabes de turbina monocristalinos, genera un empuje de 700 kilogramos y puede instalarse en aeronaves de hasta 4000 kilogramos de peso. Gracias a este motor, los drones iraníes pueden alcanzar altitudes de hasta 60 000 pies.
Irán también ha ingresado en el exclusivo grupo de países con capacidades hipersónicas. La presentación del misil Fatah, cuya capacidad de maniobra tanto dentro como fuera de la atmósfera ha sido ampliamente destacada, constituye una manifestación práctica de la posición científica iraní en el ámbito de la propulsión hipersónica.
Las tecnologías de estatorreactor de combustión supersónica (scramjet) requieren la capacidad de comprimir el aire entrante a velocidades hipersónicas e iniciar la combustión de la mezcla de combustible sin recurrir a compresores rotativos.
Mantener una combustión estable siquiera durante una fracción de segundo en un flujo de aire supersónico, al tiempo que se gestionan enormes presiones dinámicas y temperaturas similares a las del plasma en los bordes de ataque del misil, representa un desafío cuya solución depende de las mismas investigaciones altamente citadas en ingeniería metalúrgica, cerámicas avanzadas y recubrimientos absorbentes de calor desarrolladas en las principales universidades iraníes.
Un ecosistema tecnológico más amplio
El desempeño de Irán en el ámbito de los motores aeronáuticos avanzados forma parte de un patrón más amplio de logros científicos en múltiples sectores estratégicos.
Según los datos actualizados del ASPI para 2025, que ampliaron el rastreador a 74 tecnologías críticas, Irán continúa figurando entre los cinco primeros países en ocho tecnologías.
Aunque el país ha salido del grupo de cabeza en el campo de los supercondensadores, su institución más destacada en este ámbito, la Universidad Islámica Azad de Teherán, sigue contribuyendo a niveles competitivos a escala mundial.
El análisis de los flujos de talento realizado por el rastreador aporta una perspectiva adicional. Los datos más recientes, basados en el uno por ciento de las publicaciones más citadas en todas las tecnologías analizadas, muestran que Estados Unidos emplea la mayor proporción de talento tecnológico de élite.
China y la Unión Europea compiten conjuntamente por la segunda posición, aunque China mantiene una ligera ventaja dentro del grupo correspondiente al uno por ciento superior.
Si bien Irán no figura entre los líderes mundiales en cuanto a captación y circulación de talento científico, su capacidad para producir investigaciones competitivas a nivel internacional con recursos limitados y bajo una presión externa sostenida refleja la existencia de un ecosistema científico eficiente y resiliente.
La actualización del ASPI para 2025 incorporó diez nuevas tecnologías al rastreador, entre ellas las interfaces cerebro-computadora, la computación en la nube y en el borde de la red (edge computing), la visión por computadora, la inteligencia artificial generativa y las tecnologías de integración de redes eléctricas.
En ocho de estas diez nuevas tecnologías, China ha establecido una posición claramente dominante en términos de participación mundial en la producción de investigaciones de alto impacto.
El patrón constante que emerge de los 21 años de datos recopilados por el rastreador muestra que Estados Unidos lideró durante la primera década de este siglo, pero que la inversión sostenida y de largo plazo de China en investigación fundamental ha erosionado gradualmente esa ventaja hasta superarla.
India también ha mostrado un impulso significativo y actualmente figura entre los cinco primeros países en 50 tecnologías. Corea del Sur, por su parte, mantiene una trayectoria ascendente y ya ocupa posiciones de liderazgo en 32 tecnologías.
En este contexto de competencia global cada vez más intensa, la permanencia de Irán entre los cinco primeros puestos en ocho tecnologías constituye un logro de considerable relevancia.
El valor del liderazgo científico bajo sanciones
Quizá el aspecto más notable del desempeño iraní sea su persistencia bajo condiciones de extrema presión externa.
Muchos países sometidos a niveles comparables de presión económica y aislamiento tecnológico tendrían serias dificultades para mantener durante largos períodos programas de investigación competitivos a escala internacional.
La capacidad de Irán para seguir presente en la literatura científica altamente citada en diversos campos estratégicos sugiere que sus universidades e instituciones de investigación han desarrollado métodos sofisticados para continuar realizando trabajos técnicamente complejos pese a las sanciones que afectan al acceso a equipos, programas informáticos y cooperación internacional.
Los datos del ASPI no respaldan la conclusión de que Irán se haya convertido en una superpotencia tecnológica integral. Más bien, describen a un país que ha logrado concentrar con éxito recursos limitados en una serie de ámbitos estratégicamente seleccionados, obteniendo resultados científicos considerablemente superiores a los que cabría esperar de su posición económica general.
La cuarta posición mundial de Irán en investigación sobre motores aeronáuticos avanzados no es el resultado de una metodología defectuosa ni de un sesgo político. Se trata de una medición real de producción científica efectiva, confirmada mediante fórmulas cientométricas estándar aplicadas de manera uniforme a todos los países.
Esta clasificación demuestra que las complejas formulaciones de la aerodinámica, la metalurgia de altas temperaturas y la combustión supersónica han sido comprendidas y dominadas por una red de científicos iraníes que trabajan dentro de una arquitectura nacional de investigación diseñada deliberadamente para ese propósito.
Que este conocimiento termine materializándose en aeronaves comerciales o en capacidades defensivas asimétricas depende no de la calidad de la ciencia, sino de las decisiones estratégicas adoptadas por quienes controlan los recursos y deben operar bajo determinadas restricciones externas. En las circunstancias actuales, Irán ha optado por una estrategia que considera adecuada.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
