Publicada: miércoles, 1 de marzo de 2023 6:01
Actualizada: miércoles, 1 de marzo de 2023 13:45

Cuando la República Islámica afirma o niega algo, lo más probable es que aparezcan de manera casi inmediata un coro de voces poniendo en duda lo que se ha afirmado o lo que se ha negado.

Esto se vivió con la muerte de Mahsa Amini, una muerte que fue politizada de manera inmediata para culpar de asesinato al Estado iraní. Nada importa que fuese ese propio Estado el que exigiese una investigación en profundidad sobre lo sucedido. Desde el primer momento, aun sin conocerse los detalles sobre la muerte de la joven, opositores y medios internacionales acusaron al “régimen iraní” de estar detrás de la muerte de la joven

Esta semana hemos vuelto a vivir dos situaciones que ponen de relieve que cualquier aseveración que venga de la República Islámica no puede ser creíble para Occidente y sus satélites regionales. La primera situación ha sido una serie de envenenamientos de niñas en la ciudad de Qom. Desde el mes de noviembre, varias niñas, de unos 10 años de edad, han tenido que ser ingresadas en hospitales debido a problemas en las vías respiratorias producidos por algún tipo de veneno.

Una vez más, el Estado ha lanzado una investigación para conocer lo sucedido. Nadie ha negado que los envenenamientos se hayan producido y el propio portavoz del Gobierno iraní, Ali Bahadori Yahromi, en una entrevista para la agencia de noticias IRNA, dijo que el Ministerio de Inteligencia y el de Sanidad están investigando lo ocurrido. El fiscal general, por su parte, ordenó una investigación para tener toda la información necesaria. A pesar de todo lo anterior, la oposición, por boca de Masih Alineyad, ha acusado de manera directa al Estado iraní de estar detrás de los envenenamientos. Según Alineyad, los envenenamientos se habrían producido en venganza contra las niñas porque algunas de estas habrían, según ella, protestado contra el Estado. La prensa occidental, sin ningún tipo de sorpresa, ha preferido creer a Alineyad que a la República Islámica.

El segundo ejemplo son las palabras del director de la CIA, William Burn, quien en una entrevista concedida a la cadena estadounidense CBS aseguraba que “estaba convencido de que Irán no estaría desarrollando armamento nuclear”.

Tanto la muerte de Mahsa Amini, como el caso de los envenenamientos en Qom, y las palabras del director de la CIA sirven para ejemplificar que la República Islámica es vista, desde Occidente, como antitética a la verdad. Esos tres ejemplos no solo sirven para poner de manifiesto las campañas mediáticas contra la República Islámica, sino algo mucho más perverso desde un punto de vista ideológico. Lo que se pone de relieve es que para Occidente la República Islámica no puede tener acceso a la verdad, porque esta es una construcción que solo es accesible siguiendo una serie de reglas, reglas marcadas por la ideología occidental. Esta visión de la República Islámica como antitética a la verdad no es algo nuevo, ni algo que afecte de manera exclusiva a la República Islámica. Si la República Islámica es el principal objetivo de esos ataques, es por el papel político que juega como cara visible de una manera de estar el mundo que podemos calificar como islamista.

Los ataques contra Irán están causados por la relación política entre Irán y el Islam, y son unos ataques de larga duración. Una larga duración que comienza en la edad media europea con la construcción del Islam y los musulmanes como los “infieles” por excelencia, pasando por la Ilustración —siglo XVIII—, en donde nos encontramos al filósofo alemán Kant para quien el Islam es “una monstruosidad contraria a la razón”, hasta nuestros días con los 3 ejemplos anteriormente citados. En este recorrido histórico-ontológico lo que se pone de relieve es que el Islam y los musulmanes fueron subordinados, en la pirámide del ser, al ser humano por excelencia que es el hombre occidental. Esta subordinación se dio de varias maneras, todas ellas violentas. Desde la simple imposición colonial a la más duradera imposición epistémica.

Esta imposición epistémica significa que cuando la República Islámica, por ejemplo, repite por activa y por pasiva que su programa nuclear no tiene objetivos militares, esto sea visto desde Occidente como una mentira. Que tenga que venir una figura occidental, envuelta en algún tipo de autoridad, como en este caso el director de la CIA, a confirmar aquello que la República Islámica había dicho, ayuda a comprender como funciona este mecanismo de subordinación epistémica.

Este mecanismo tiene unos claros objetivos políticos. Irán pude negar o asegurar cualquier cosa pero es necesaria la verificación occidental para considerarlo verdad o mentira. Esta concepción racial de la verdad es parte del privilegio occidental construido, como ya se ha indicado, mediante diversas formas de violencia. Seguir esperando la confirmación por parte de occidente es continuar con esta dependencia epistémica, dependencia que mantiene a los iraníes y al resto de musulmanes en un estado de permanente subordinación ideológica a Occidente. Esto no debe confundirse con un llamamiento a un relativismo absoluto en donde la verdad y la mentira no tengan razón de ser. Al contrario. Las categorías de verdad y falsedad/mentira tienen una importancia fundamental dentro de la gramática Islámica. Haqq, entendido como verdad, y batil, falsedad, articulan el discurso político sobre el que se asienta la República Islámica desde su fundación. La razón de ser de Irán desde 1979 habría sido la de luchar contra un sistema hegemónico, un sistema que se puede incluir dentro de la categoría de batil, construido sobre el supremacismo ontológico occidental. La necesidad de independencia epistémica de Occidente no hay que verla, por tanto, como la eliminación de las categorías de haqq y batil.

Es más, esas dos categorías solo pueden ser relevantes desde un punto de vista político si se desvinculan del lenguaje occidental que pretende borrarlas. Occidente no puede ser el centro desde el cual se decida qué es verdad o mentira, porque eso implica una sola manera de ver el mundo, un mundo construido a imagen y semejanza de Occidente.

Que Alineyad culpe al Estado de ser responsable de los envenenamientos de las niñas en Qom no solo hay que verlo como uno más de los intentos por desprestigiar a Irán y a sus instituciones. También hay que verlo desde esa visión que hemos llamado de larga duración, en la cual los musulmanes son incapaces de razonar, incapaces de tener pensamiento crítico, y, por lo tanto, se hace imprescindible la verificación constante de Occidente, o de figuras occidentalizadas como Alineyad, para no caer en la “propaganda iraní”. Esta es una visión racial que pocas veces es analizada como tal.

Por: Xavier Villar