Publicada: jueves, 6 de febrero de 2020 13:32

Si un presidente de EE.UU. se opone al Estado Profundo o a los dueños del enclave financiero-militar-mediático-parlamentario, sería “neutralizado” rápidamente.

El asesinato de un presidente en ejercicio como lo fue John Fitzgerald Kennedy en Dallas (Texas), el 22 de noviembre de 1963, demostró claramente que quien se opusiera al Estado Profundo o dueños del enclave financiero-militar-mediático-parlamentario, serían “neutralizados” rápidamente.

Pese a que sus agencias de investigación fueron auto consideradas las mejores del mundo, nunca lograron demostrar quienes fueron los autores del magnicidio pues éstas se confabularon con dichos organismos de seguridad interior y, por tanto, se escondió la verdad quedando como un crimen supuestamente sin resolver, es decir, impune.

Este hecho ha confirmado que todo candidato/a a la primera magistratura de dicho país debe saber claramente que si no actúa a favor de los intereses del sector más poderoso está sentenciado. Por ello, todos los presidentes de dicha nación han sido proclives a la Cleptocracia Global dando origen a postulantes cada vez más inferiores y culminando, posiblemente, con Donald Trump, modelo de la irracionalidad estadounidense.

Las elecciones previstas para noviembre de 2020 son únicas puesto que, por fin, un sector de la sociedad se separa de la esencia de los dos partidos tradicionales que han manejado todo, repartiéndose los cargos desde hace más de 150 años, sin dejar espacio alguno a propuestas diferentes o progresistas.

Bernie Sanders es un senador perteneciente al partido demócrata, cuya propuesta desde hace décadas es lograr una sociedad con mayor equidad al materializar derechos obvios de los pueblos como son la salud integral y pública, la educación para todos, la defensa de la paz interna e internacional, entre otras ideas progresistas. La defensa del capitalismo modelo Finlandia es considerado para los conservadores un sacrilegio ya que daría beneficios a la mayor parte de la población y eso no es conveniente porque altera la empleabilidad y afecta sus intereses económicos.

Lo anterior le ha valido ser declarado pro ruso, comunista, anarquista, junto con una serie de calificativos como viejo anacrónico, haciendo mofa de su edad e ideario, con el fin de destruir un proyecto progresista y beneficioso para dicha nación. Asimismo, los miembros tradicionales del partido demócrata como los Clinton o Biden han sido destructivos ya que sus intereses no coinciden con los de las clases trabajadoras.

Los recientes resultados del partido demócrata que marcan la salida hacia la carrera magisterial en Iowa, fueron dados a destiempo,  generando caos y confusión al aplazar la publicación de la votación en los caucus (asambleas partidarias), debido supuestamente a problemas técnicos y controles de calidad adicionales tras detectarse "incongruencias" en la transmisión de tres conjuntos de datos y un problema con la aplicación informática utilizada, descartando un hackeo o una intrusión, pero manifestándose que la integridad de los resultados es primordial.

Lo cierto es que todas las encuestas daban como ganador a Bernie y pese a los resultados ya no confiables plenamente, el máximo aspirante a la Casa Blanca podría ser él.

No obstante, sucederán dos situaciones a partir de ahora nítidamente expuestas: por una parte, el polo regresivo del partido realizará una nueva campaña para quitarle la oportunidad y con tal fin se unirán a los medios hegemónicos que apoyan a Trump basados en el principio que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Lo anterior implica que el mandatario actual se supone menos peligroso que un opositor con una visión progresiva, verdaderamente democrática.

Por otra, si obtuviera la nominación con la posibilidad de ganar la presidencia, estarán sobre la mesa dos opciones: una, neutralizarlo a través de cualquier método “natural” que pudiese provocar un ataque al corazón o simplemente un aneurisma, como se sabe ahora que ocurrió con Marilyn Monroe al establecerse que fue inyectado oxígeno en su región púbica.

Definitivamente el pueblo estadounidense, agobiado por más de cincuenta millones de pobres y con una desinformación total sobre la realidad que ocurre en el país o en el extranjero, se enfrentará a la gran opción que el mandatario sea reelegido por obra de una contradicción en el poder: deslegitimar que alguien dispute lo mantenido con sangre, sudor y lágrimas por encima de la paz y (o) unirse todas las fuerzas de la élite para impedir el paso a un presunto advenedizo que puede cambiar las reglas de juego y el bienestar limitado que tiene la población hasta ahora.

Si fuese elegido B. Sanders como presidente de Estados Unidos seguramente el mundo y dicha nación podrían transitar una era de tranquilidad o diplomacia con sentido social, no exento de dificultades obviamente. Efectivamente, denuncias y demandas sobre la culpabilidad del gobierno USA en la generación de cáncer al pueblo iraquí por la aplicación de bombas o municiones con uranio empobrecido en su invasión, serían aceptadas y compensadas, aunque sea económicamente.

Ahora bien, no se puede descartar que, si la traición ocurre, millones de votantes le soliciten participar por fuera del círculo ya establecido y como una oportunidad de romper el duopolio dominante.

La conclusión es premonitora: de no cambiar las condiciones socio políticas mediáticas en USA, el próximo presidente podría ser nuevamente el burlador de tratados, el inconsciente hombre de guerra, el más peligroso enemigo para la paz mundial y el pueblo estadounidense.

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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