Publicada: miércoles, 28 de marzo de 2018 11:08
Actualizada: miércoles, 28 de marzo de 2018 13:30

Si un padre sanciona a su hijo porque quizá haya golpeado a su hermana menor, pese a que la niña lo niegue, todo el mundo dirá que es lo más absurdo del planeta, ya que puede haber otros abusadores aparte del hermano y, por tanto, le dirán que use el cerebro para pensar quién puede haberlo hecho. Y si aún insiste en acusarlo y castigarlo porque no ve a nadie más que pueda haber querido agredir a la niña, la gente cuerda considerará al padre un desquiciado mental.

Si el mundo llegara a ese nivel, la teoría del absurdo aplicada por los padres sería un horror inmenso y rechazada por la civilización…a no ser que quienes tienen el poder cambien los valores humanos transformando al ser en un monstruo, con lo cual la Humanidad estaría en grave peligro de extinción.

Y esto está ocurriendo, especialmente con las medidas de expulsión de diplomáticos rusos de varias naciones, sustentados en que es posible que ellos hayan atentado contra el ex espía Skripal. Así, el Consejo Europeo afirmó compartir "la evaluación del Gobierno del Reino Unido", que considera "muy probable" que Rusia fuera la responsable del ataque, en el sentido de que “no hay una explicación alternativa plausible”, es decir, esa es la única explicación y no hay más en el Universo. Los Medios han informado que, tras la decisión de Donald Trump de expulsar a 60 rusos de EE.UU., la mayoría de estados de la Unión Europea (UE) se  suman acusando al Kremlin de emplear un agente nervioso, sin dar ninguna prueba mínima de lo afirmado ni permitir al acusado investigar: es la presunción de inocencia destruida totalmente.

Hay cuatro preguntas esenciales al respecto.

Una, ¿para qué Rusia haría un acto así cuando Skripal no tenía ninguna importancia en las redes de espionaje y cómo es que Theresa May supo de inmediato que el agente era Novichok, sin hacer las pruebas científicas que demoran un tiempo prolongado?

La respuesta es evidente: es muy probable que el autor sea la inteligencia británica al poseer y producir ese gas nervioso, ya que no existe otra “alternativa plausible” a una provocación previamente planificada por Londres, con el fin de controlar la sociedad y la esfera de información para consolidar la imagen del enemigo exterior. Sin embargo, el intento de expulsar a Rusia de la arena política y económica internacional y de influir en las elecciones rusas fracasó, incentivando la votación por Vladimir Putin quien obtuvo cerca del 77%.

Dos, ¿tiene un impacto real en la actividad consular esta medida? Es de impacto medio básicamente, por lo cual hay que verla como un show mediático ante la impotencia por los fracasos constantes en la arena militar-estratégica y el ascenso de las naciones que buscan su soberanía.

Tres, ¿puede Rusia responder de otra forma que no sea simétrica al bloqueo? Es difícil ya que su cosmovisión es la razonabilidad y, asimismo, está en juego el Mundial 2018, aunque de retirarse algunas selecciones (además de concurrir la sanción de la FIFA), una alta cantidad que no alcanzaron un cupo estarían muy interesadas en participar.

Cuatro, ¿se sabrá la verdad sobre quien intentó asesinar o envenenar a Skripal? Sí, con seguridad, pues todo apunta a un nuevo auto atentado donde lo que se pretende es, sin matar de inmediato al objetivo, hacer un escándalo para encubrir los conflictos internos del país y liderar a la UE. Se conoce que un agente neurotóxico de dicha denominación mata en pocos minutos y aquí no ha ocurrido eso extrañamente.

La historia demuestra la experticia en administrar falsedad: Torres Gemelas para invadir Afganistán e Irak, derribo del avión malasio por Kiev, contribución de Gran Bretaña a la creación de los grupos terroristas de EIIL (Daesh, en árabe) y Frente Al Nusra, entre miles. Cabe anotar que la destrucción del Ara San Juan, submarino argentino desaparecido, “sugiere” como “muy probable” que haya sido causado por un misil de alto impacto de la Real Armada británica en Las Malvinas puesto que "no hay una explicación alternativa plausible".  

Cuando el estado español persigue obsesivamente a una persona sin armas ni experiencia militar como es el expresidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont, para neutralizarlo por el riesgo o amenaza contra la seguridad nacional, la integridad territorial y estabilidad del Estado de derecho (considerando eso si a los terroristas en Siria “milicianos por la libertad”), hay una lógica absolutamente desatinada.

La conclusión es que muy pronto, en medio año o más, la victoria del ejército sirio contra las bandas criminales apoyadas por los euroestadounidenses exigirá una definición clara entre las fuerzas de la guerra, ocupantes ilegales, del mal definitivamente, y aquellas naciones que consideran que las armas deben estar relegadas al sótano de las antigüedades donde el diálogo, es decir, la inteligencia con solidaridad, debe ser la constante única.

No resta sino confirmar que la Unión Europea ha dejado claro que Donald Trump es el jefe máximo y sus órdenes son mandatos divinos. Cuando los supuestos hechos y las evidencias sugieren una culpabilidad sin ninguna investigación, arrestos o producción de pruebas contrastables, la baja autoestima europea se vuelve inclinación y sumisión como verbos obligados sin pensar. Ya es hora de un mínimo conato de independencia para honrar a los próceres.

 

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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