• El presidente de Estados Unidos Barack Obama y el premier británico David Cameron
Publicada: lunes, 16 de marzo de 2015 6:33
Actualizada: martes, 26 de abril de 2016 4:19

A pesar de que los medios de comunicación occidentales presentan las operaciones aéreas de Estados Unidos, como un gran esfuerzo colectivo para derrotar a Daesh en Siria e Irak, la realidad indica que dichas operaciones han resultado en un fiasco.

Efectivamente, la Coalición Internacional Contra Daesh (CICD) liderada por Estados Unidos, desde el inicio de las operaciones de bombardeo contra Daesh en los territorios que ocupan, tanto en el noreste sirio como en el centro y norte de Irak – que tuvo su comienzo en agosto del año 2014 - mirado desde el punto de vista cualitativo presenta ínfimos resultados, poco claros, con objetivos de triunfo difícil de plantear y sobre todo manifiesta, que la política de aliados es desastrosa y con escasa visión. Esto, pues dos países fundamentales en el área, si el eje de lucha es verdaderamente contra Daesh, no participan de esta Coalición: Irán y Siria.

En promedio, según las propias autoridades militares estadounidenses se ejecutan diez operaciones de bombardeo de las posiciones terroristas por día. El 90 % de esas acciones bélicas, son realizadas por aeronaves estadounidenses. Esto, a pesar que la coalición cuenta con 60 miembros nominales, pero donde sólo se involucran con aviones en acción directa, algunas naciones: Francia, Emiratos Árabes Unidos y Jordania fundamentalmente. Todo ello a un costo estimado de 8 millones de dólares diarios lo que visualiza, comparado con otras intervenciones internacionales la modestia del compromiso aliado por erradicar a Daesh de Siria e Irak.

La eficacia de dichas operaciones aéreas también han sido minúsculas, recuperando tan sólo 750 kilómetros cuadrados de territorios ocupados por Daesh lo que representa menos del 1 % del total de áreas donde el grupo terrorista se ha asentado. Únase a ello los ataques que en lugar de tener como objetivo al grupo takfirí suelen destruir la infraestructura económica, militar, vial y energética tanto de Siria como de Irak. El día jueves 12 de marzo los aviones de la Coalición liderada por Washington en lugar de apuntar sus bombas contra los terroristas takfiríes de Daesh las lanzaron contra una unidad del Ejército iraquí, afincada en la provincia occidental de Al-Anbar, lo que significó la muerte de 22 soldados de ese país.

Las autoridades militares estadounidenses negaron que sus aviones hayan realizado el bombardeo lo que fue refutado por autoridades militares iraquíes quienes dieron a conocer que sus aviones no operan en el área donde murieron sus hombres. Únase a lo mencionado las denuncias que dan cuenta que los bombardeos aliados  suelen destruir la infraestructura económica del Gobierno sirio, principalmente refinerías, que se destruyen bajo el pretexto de no permitir que sean aprovechados por las fuerzas terroristas.

Un análisis generoso sobre estos magros resultados, trataría de explicar dicha situación, a la luz de la eficacia militar takfirí o al contrario,  en la poca competencia militar de las fuerzas internacionales e incluso la consideración de lo escabroso del terreno donde se ejecutan los bombardeos o trayendo a colación, hipotéticamente, el espíritu de gran humanidad que anima a los pilotos de la CICD de evitar “daños colaterales”. Sin embargo,  las cifras de muertos y heridos, conocidas hasta el momento, resultan también sospechosas y valga en esto la consideración y advertencia,  que cualquier muerte es condenable pero, cuando se  trata de Oriente Medio las muertes se suelen contar por decenas de miles.

Para los críticos de las acciones de la CICD la ineficacia de sus operaciones tiene un claro trasfondo político-estratégico: no se quiere dañar a Daesh porque es un instrumento más del objetivo mayor en la perspectiva de influir en la correlación de fuerza que podría acaecer tras la hipotética caída del gobierno Sirio, el debilitamiento y cerco del gobierno de Irán como también el tratar de concretar un plan que se fraguó ya desde los años 90 del siglo XX cuando se invadió Irak a manos de una Coalición internacional liderada por Estados Unidos. Esto es, básicamente,  la implementación de un modelo de rediseño geoestratégico,  que implica la balcanización o fragmentación de Irak en tres zonas  (Kurda, sunnita y una zona Chiita)  y el desarrollo de áreas de influencia definidas por Estados Unidos, Francia e Inglaterra, fundamentalmente.

El Gobierno de Teherán ha declarado que algunas potencias pretenden incitar las divergencias en la región, con el objeto de sacar provecho y contribuir al logro de sus intereses económicos y en ese plano de crisis es imprescindible la colaboración de todos para establecer la paz y la seguridad permanente. Estos llamado han sido permanentes desde Teherán y sin embargo Estados Unidos se ha negado sistemáticamente  a desarrollar una política de acercamiento y generación de políticas de combate conjunta contra Daesh. Ante esas constantes negativas Irán implementó una política de apoyo a Irak. En Siria ese apoyo se vislumbra a través de Hezbolá.

Los propios analistas occidentales coinciden que en este escenario donde los bombardeos ocasionan escaso daño a Daesh, los que llevan el peso de la contienda han sido los milicianos de Hezbolá, los Peshmergas, el Ejército sirio y las fuerzas militares que responden al Gobierno central de Bagdad. Son ellos los que han logrado recuperar pueblos y ciudades que estaban en manos de Daesh. El pasado 2 de marzo fuerzas iraquíes apoyadas por fuerzas voluntarias lanzaron una operación militar de gran envergadura, que significó la movilización de 30 mil soldados con apoyo aéreo iraquí (no de la Coalición) destinada a recuperar la estratégica ciudad de Tikrit y el resto de la provincia de Salah al-Din.

Recobrar Tikrit permite proyectar un objetivo mayor: la liberación de la capital de la provincia noroccidental de Nínive: Mosul donde Daesh se hizo fuerte a partir de junio del año 2014, zona que le permite el control de pozos petrolíferos cuyo crudo es vendido a países de la región como Jordania, Turquía y el régimen de Israel a un precio inferior al del mercado. El pasado jueves 12 de marzo, el Consejo Gubernamental de la provincia de Salah al-Din, centro de Irak, comunicó la liberación de la ciudad de Tikrit, capital de la citada provincia en una noticia que alienta los buenos resultados de la lucha conjunta entre fuerzas iraquíes y voluntarios que combaten a Daesh. Para la liberación total de la estratégica ciudad las fuerzas antiterroristas están eliminando los últimos focos de resistencia takfiríes.

Los iraquíes han reconocido que gracias a la ayuda de asesores iraníes se ha logrado expulsar a Daesh de grandes extensiones de territorio en su país, en el norte y el oeste devolviendo algo de estabilidad a zonas que hace pocas semanas se había convertido en nido de terroristas. Los integrantes de las Fuerzas militares de la organización Badr han sido una valiosa ayuda y ha conseguido responder con más rapidez a la amenaza takfirí que otros grupos o el propio Gobierno iraquí y ni hablar de la CICD que ha mostrado que sus objetivos no son combatir el terrorismo de Daesh sino conspirar para derrocar al gobierno sirio y fragmentar a Irak.

En un artículo anterior mencionaba que prueba del importante papel asumido por Irán habían sido las palabras del parlamentario iraquí Hasan Mohsen al-Saedi quien destacó, ante el Poder Legislativo de su país los apoyos de Irán al Gobierno de Bagdad, asegurando que la reconquista de varias zonas del país árabe que estaban bajo control terrorista se debía a la ayuda táctica brindada por Irán. “Nosotros, con la ayuda de asesores iraníes, expulsamos a Daesh de grandes territorios en el norte y oeste de Irak. Agradecemos los esfuerzos que el país persa ha hecho para devolver la estabilidad a Irak. Los integrantes de las fuerzas de la organización Badr son una valiosa ayuda y ha conseguido responder con más rapidez a la amenaza takfirí que otros grupos o el propio Gobierno iraquí”.

La denominada coalición internacional dirigida desde Washington y en la cual, nominalmente participan 60 países ha derivado en una herramienta de presión sobre los verdaderos luchadores contra Daesh. Es una coalición devenida en un arma de complot contra Oriente Medio, creada para difamar el Islam de la mano de las políticas antislámicas de Inglaterra, el régimen de Israel y Estados Unidos, que apoyados por países como Arabia Saudí, Turquía, las monarquías árabes del Golfo Pérsico y Jordania sirven de orquesta para esta música de terror. Daesh es lisa y llanamente un títere menor, un instrumento de violencia  para atizar el fuego del hegemonismo occidental y de las posiciones takfirí en la zona digitadas desde Riad, donde la casa Al Saud y su doctrina Wahabista es el sostén de gran parte de los movimientos terroristas que suelen asolar el Magreb, Oriente Medio Y Asia Central.

La lucha contra Daesh continúa y cada día queda más claro que los muertos para erradicar el terrorismo no los pone Estados Unidos y sus aliados. Cifras dadas a conocer con relación a Siria dan a conocer la magnitud del daño ocasionado a este país. Desde que estalló el conflicto armado, según un informe de la ONU que contó con la colaboración de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA, sus siglas en inglés) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) la población siria ha tenido 220 mil muertos desde que se iniciaron las agresión en marzo del año 2011, con 840 mil heridos. Cuatro millones de refugiados en países vecinos. 6 millones de desplazados dentro del país.

El informe alerta, igualmente, sobre la disminución de la esperanza de vida en la sociedad siria,  la que se ha reducido de 75,9 años en 2010 a unos 55,7 a finales de 2014, el equivalente a una bajada de algo más de dos décadas. El estudio resalta, de igual manera, que la economía siria ha perdido en estos cuatro años más de 202 mil millones de dólares, a través de la fuga de capitales, la destrucción masiva y una reducción del Producto Interno Bruto (PIB) de casi 120 mil millones de dólares.

Cifras que sólo son una muestra del enorme daño que la injerencia de grandes potencias en la vida de las sociedades de Oriente Medio han ocasionado y donde los grupos terroristas como Daesh, han servido de punta de lanza para una intervención con objetivos mayores para los neocons: fragmentar esa zona del planeta y apoderarse de sus riquezas energéticas y establecer una hegemonía donde Estados Unidos y sus aliados sean los que dicten las políticas regionales, cercando a Irán e influyendo sobre las zonas de influencia rusa en el Cáucaso y Asia Central.

 

Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de página WEB de análisis internacional ANÁLISIS GLOCAL www.analisisglocal.cl

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