Por Mohammad Ali Haqshenas
Por primera vez en la historia de sus participaciones mundialistas, la selección de Irán concluyó la fase de grupos sin conocer la derrota. Tres trabajados empates ante Nueva Zelanda, Bélgica y Egipto no fueron suficientes para asegurar un lugar en los dieciseisavos de final, ya que Irán quedó eliminado por un estrecho margen tras una dramática combinación de resultados en otros grupos que lo dejó a un puesto de clasificarse entre los mejores terceros del torneo.
La eliminación fue especialmente dolorosa porque la clasificación parecía estar al alcance de la mano.
Ante Egipto, Shoya Jalilzade creyó haber marcado, en el tiempo añadido, el gol de la victoria que habría clasificado automáticamente a Irán, pero el VAR anuló el tanto por fuera de juego.
Un día después, goles de último minuto y resultados sorpresivos en otros grupos acabaron con las esperanzas iraníes de alcanzar por primera vez la fase eliminatoria.
Sin embargo, vista en su conjunto, la campaña de Irán en el Mundial contó una historia mucho más compleja.
Un estreno invicto
Los tres empates de Irán marcaron la primera campaña invicta del país en una Copa del Mundo a lo largo de sus siete participaciones, entre 1978 y 2026, un hito que puso de relieve la creciente competitividad del equipo en el mayor escenario del fútbol.
Las estadísticas también reflejaron a un conjunto capaz de competir con las selecciones más fuertes del torneo. Irán marcó tres goles en total, logró un empate sin goles frente a la poderosa Bélgica y llevó a Egipto hasta el pitido final en un partido que fácilmente pudo haberse inclinado a su favor.
El exdelantero iraní Mohsen Bayatinia considera que la actuación del equipo en el Mundial de 2026 merece un reconocimiento mucho mayor del que refleja la clasificación final.
“Si observamos la historia de Irán en los Mundiales, conseguimos nuestros mejores resultados porque no perdimos y marcamos tres goles”, afirmó, al sostener que el rendimiento general del equipo fue superior al de torneos anteriores.
Bayatinia reconoció que el empate inicial frente a Nueva Zelanda terminó siendo decisivo, pero advirtió contra los análisis simplistas.
“No debemos ver el fútbol en blanco y negro”, dijo. “Los logros del equipo en este Mundial fueron mucho mejores que en ediciones anteriores, y esa es la realidad”.
Fútbol bajo circunstancias extraordinarias
La preparación de Irán fue distinta a la de casi cualquier otra selección presente en el torneo.
Meses antes del Mundial, Estados Unidos y el régimen israelí lanzaron una agresión militar no provocada contra Irán, que dejó cientos de muertos, dañó infraestructuras críticas, interrumpió la liga nacional de fútbol y complicó gravemente la preparación de la selección iraní para la mayor competición futbolística.
Varios amistosos programados antes del torneo fueron cancelados debido a la guerra y a las dificultades logísticas derivadas de ella.
Finalmente, la Federación de Fútbol decidió establecer su concentración en la ciudad mexicana de Tijuana, después de que problemas logísticos y la denegación de visados estadounidenses obligaran al equipo a abandonar su plan inicial de entrenar en Arizona.
Varios integrantes de la delegación iraní no obtuvieron visado para Estados Unidos, lo que obligó a la selección a entrenarse en México y cruzar la frontera para disputar sus partidos en territorio estadounidense.
Para sus dos primeros encuentros, disputados en Los Ángeles, Irán solo recibió autorización para ingresar a Estados Unidos la noche anterior a cada partido y tuvo que regresar a México inmediatamente después del pitido final.
Los jugadores y el seleccionador Amir Qalenoei describieron repetidamente esta situación como un obstáculo para la preparación y recuperación del equipo, mientras que el capitán Mehdi Taremi criticó a la FIFA por no resolver los problemas logísticos pese a las garantías ofrecidas con anterioridad.
Estas circunstancias excepcionales se convirtieron en una característica definitoria de la campaña iraní, obligando al equipo a combinar la competición deportiva con largos desplazamientos, incertidumbre y un intenso escrutinio político.
Una unidad forjada bajo presión
Las difíciles circunstancias que rodearon la participación de Irán en el Mundial disputado en Estados Unidos también parecieron fortalecer la unión del equipo, transformando la adversidad en una oportunidad.
Jugadores y cuerpo técnico hablaron con frecuencia de su determinación por representar a su país en condiciones tan extraordinarias, y esa experiencia compartida fortaleció el espíritu de unidad y resiliencia dentro de la concentración.
Esa cohesión también se reflejó sobre el terreno de juego. Durante todo el torneo, Irán permaneció prácticamente al margen de distracciones internas, con los jugadores mostrando siempre una imagen de unidad pese a la enorme presión que rodeaba al equipo.
El apoyo de los aficionados iraníes, tanto dentro como fuera del país, también fue un factor determinante en la campaña.
Antes del torneo existía preocupación por la posibilidad de que grupos monárquicos dominaran el ambiente en los estadios, especialmente en Los Ángeles, generando una presión psicológica adicional sobre los futbolistas.
Sin embargo, una gran cantidad de seguidores iraníes acudió a respaldar a la selección iraní, creando un ambiente mucho más positivo y favorable de lo que muchos habían anticipado.
Más fuerte con cada partido
El rendimiento del equipo también mejoró progresivamente a medida que avanzaba el torneo.
Tras un discreto empate inicial frente a una selección relativamente más débil como Nueva Zelanda, Irán firmó una sólida actuación defensiva ante Bélgica, frustrando a una de las mejores selecciones europeas gracias a su organización, disciplina táctica y rápidos contraataques.
El último partido de la fase de grupos, frente a Egipto, mostró la versión más completa del equipo en el torneo. Irán se recuperó de un revés inicial, ganó confianza y determinación y siguió presionando hasta los últimos segundos, cuando el gol de Khalilzadeh, anulado en circunstancias controvertidas, y un remate de Saeid Ezatolahi al larguero dejaron a los aficionados imaginando lo que pudo haber sido.
El exdefensa iraní Behruz Rahbarifard considera que la progresión del equipo a lo largo de los tres partidos fue evidente.
“Fuimos mucho mejores contra Bélgica y luego excelentes frente a Egipto, pero lamentablemente no pudimos ganar”, afirmó.
“En general, creo que la selección nacional merece una calificación aprobatoria, especialmente si se tienen en cuenta las difíciles condiciones con las que llegó al torneo, la falta de partidos de preparación adecuados y las presiones impuestas por el país anfitrión”.
Hitos individuales
Irán también dejó una huella importante gracias a una serie de destacadas actuaciones individuales.
Ramin Rezaeian fue elegido dos veces como Jugador del Partido, mientras que el portero Alireza Beiranvand recibió la misma distinción ante Bélgica tras realizar una serie de intervenciones decisivas.
Ningún futbolista iraní había obtenido anteriormente el premio al Jugador del Partido en una Copa Mundial de la FIFA. En 2026, sin embargo, Irán tuvo al mejor jugador del encuentro en los tres partidos de la fase de grupos: Rezaeian recibió dos galardones y Beiranvand uno.
Beiranvand también terminó el torneo entre los porteros con mayor número de atajadas, mientras que Taremi encabezó la clasificación de la fase de grupos en duelos aéreos ganados.
Ganarse la admiración más allá del terreno de juego
Aunque Irán no logró su objetivo declarado de alcanzar la fase eliminatoria del Mundial de 2026, consiguió algo igualmente valioso durante su intensa estancia de 24 días en México.
Los habitantes de Tijuana acogieron al equipo durante todo el torneo, reuniéndose frente al hotel antes y después de los partidos, transmitiendo mensajes de apoyo y convirtiendo a la ciudad fronteriza en un inesperado hogar lejos de casa.
En un mensaje de despedida antes de abandonar México, los jugadores agradecieron a la comunidad local y escribieron:
“Nos demostraron que organizar una Copa del Mundo no consiste solo en estadios y entradas; también se trata de respeto, humanidad y dignidad”.
Añadieron que México se había convertido «no solo en nuestro anfitrión, sino también en nuestro segundo país y nuestro segundo equipo».
La selección también reiteró sus preocupaciones por el trato desigual recibido durante el torneo, señalando que se marchaba con “una pregunta seria: ¿realmente todos los equipos disfrutaron de las mismas oportunidades y de las mismas condiciones?”.
Reconocimiento de la FIFA
Incluso el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien recibió duras críticas por no garantizar a la selección iraní condiciones de competición equitativas durante el torneo, reconoció la notable resiliencia del equipo.
“Permanecer invictos durante una exigente fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA es un logro extraordinario que demostró al mundo su excepcional calidad y trabajo en equipo”, escribió en un mensaje publicado en Instagram.
“Lamentablemente, no fue suficiente para avanzar, pero todos pudieron ver su pasión y su determinación. Gracias por jugar con tanto corazón y por dar a todos tantos motivos para sentirse orgullosos”.
El camino por delante
El Mundial de 2026 también dejó al descubierto los desafíos que aún separan a Irán de la élite del fútbol.
Más allá de la decepción por no alcanzar la fase eliminatoria, el torneo puso de manifiesto la necesidad de fortalecer las estructuras nacionales, mejorar la calidad de la preparación, continuar la evolución táctica y lograr una exposición más constante a competiciones internacionales del máximo nivel.
Al mismo tiempo, Irán demostró las cualidades que durante años han constituido la base de su éxito: resiliencia, disciplina defensiva, espíritu colectivo y capacidad para competir frente a rivales más poderosos.
De cara al futuro, numerosos expertos han subrayado la importancia de integrar a una nueva generación de jugadores en la selección y aprovechar las lecciones aprendidas en el Mundial para preparar la Copa Asiática de la AFC del próximo año, que se celebrará en Arabia Saudí.
