En una rueda de prensa conjunta, celebrada en Túnez, las partes además han insistido en que Libia podrá superar esa situación caótica por medio de la aplicación de una solución política y han asegurado que los dos países harán todo a su alcance para materializar este objetivo.
De igual manera, han apostado por incrementar la cooperación mutua en el ámbito de la seguridad, para impedir la propagación del terrorismo.
Bakush ha descartado que una intervención militar pueda poner fin a la crisis en Libia y ha opinado que ello solo agravaría la situación y causaría masivas inmigraciones.
Por su parte, Gentiloni ha resaltado que Roma apoyará la misión del enviado especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para Libia, el español Bernardino León, y ha afirmado que se esforzará a fin de que el caso de Libia sea una prioridad en la agenda internacional.
La semana pasada, el canciller italiano advirtió a la comunidad internacional de los peligros que el creciente poderío del grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) en Libia constituye para la seguridad de Europa y el continente africano.
Además, pidió a la comunidad internacional que intervenga en Libia, ya que en la situación actual, la vía diplomática no daría resultados concretos debido a la naturaleza del conflicto, en el que más de 1500 facciones armadas combaten entre sí para poder hacerse con el control del país.
Tras la intervención extranjera del Occidente en Libia y la caída del régimen de Muamar Gadafi, el país árabe sigue sumido en la inseguridad e inestabilidad por los enfrentamientos existentes entre las fuerzas gubernamentales y los grupos armados, algunos de los cuales han jurado lealtad a Daesh.
Estos grupos armados son los mismos que recibieron equipos militares y municiones provenientes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para derrocar a Gadafi.
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