Por primera vez en la historia, el Papa convoca a los altos representantes de la Iglesia Católica de todo el mundo, para hablar de una crisis, de un crimen que ha empañado la credibilidad de esta institución, y que ha sido encubierto y negado durante décadas, “la pederastia”.
El papa Francisco ha pedido dejar las palabras a un lado, y tomar medidas concretas para erradicar este flagelo.
El papa abrió así una cumbre de tres días sobre la pederastia entre los sacerdotes. Pidió a los 200 líderes religiosos que encaren la “plaga de los abusos sexuales” cometidos por miembros de la Iglesia católica, y que escuchen el grito de los niños que piden justicia.
Serán días de debates, discursos, reuniones y oraciones. Pero, sobre todo, los religiosos escucharán el testimonio de las víctimas de violaciones cuando eran niños.
Algunas fuentes calculan que entre 8 mil y 10 mil sacerdotes, incluyendo a obispos y religiosos de alto rango, han sido denunciados internamente por pederastia en todo el mundo.
Las víctimas de abusos admiten la relevancia de esta reunión sin precedentes. Sin embargo, desconfían de que resulte en acuerdos significativos que erradiquen una epidemia enquistada durante tanto tiempo.
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