Aunque todavía es temprano para determinar cuáles serán los impactos de largo plazo de la pandemia del COVID-19 en la seguridad alimentaria mundial, la edición de 2021 del reporte “Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, elaborado por diferentes entes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), destacó uno de los mayores aumentos del hambre en el mundo en décadas, con casi una décima parte de la población mundial desnutrida en el año pasado”.
El informe lamenta que las deficiencias de los sistemas alimentarios amenazan la vida y los medios de subsistencia de millones de personas, entre ellas muchos niños.
Sin embargo de los 768 millones de personas desnutridas, el 21% viven en África, más del doble que en cualquier otra región.
Este agravamiento del hambre en el mundo sugiere que será necesario un enorme esfuerzo para que el mundo cumpla su promesa de acabar con el hambre para 2030.
Después de disminuir durante varias décadas, la inseguridad alimentaria ha ido en aumento desde mediados de la década de 2010, vinculados esencialmente a conflictos, el cambio climático y problemas económicos y todo esto fue exacerbado por la situación de la pandemia.
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