Es el primero de su generación mide 3 centímetros, pesa cerca de 80 miligramos y su programación imita el funcionamiento del cerebro de estos pequeños animales invertebrados. Además está equipado con sensores de visión, flujo óptico y movimiento.
Al utilizar diminutivas sondas de metal con forma de pelo, incrustadas en las alas, el robot es capaz de detectar ráfagas de viento y ajustar su vuelo con el fin de planificar su camino y aterrizar sobre las flores balanceadas.
RoboBee tendrá autonomía con tal de explorar entornos hostiles y complejos, dentro y fuera de la Planeta, según el comunicado de la Universidad de Cornell, publicado el pasado 13 de diciembre.
Incluso, el robot permanece conectado a una fuente de energía, hecho por el que los ingenieros están trabajando para que en un futuro nuevas fuentes de energía lo vuelvan un robot autónomo y adaptable.
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