“Sufrimos daños, pero no permitimos que el enemigo alcanzara sus objetivos. Nunca tuvimos intención de atacar a nadie; fue el enemigo quien nos atacó, pero jamás logró cumplir sus propósitos”, subrayó el jueves el subjefe de Coordinación del Ejército de la República Islámica de Irán, el contralmirante Habibolá Sayari, durante la 25.ª edición del encuentro “Conocimiento de la Guerra Mártir Sayad Shirazi”, celebrado en la Universidad de Aviación Militar Mártir Sattari.
El contralmirante Sayari explicó que “la hostilidad de las potencias hegemónicas mundiales hacia la República Islámica de Irán tiene profundas raíces históricas y se remonta al 11 de febrero de 1979, fecha de la victoria de la Revolución Islámica”.
Al analizar los objetivos y las causas de la primera guerra impuesta (1980-1988), iniciada por el entonces dictador iraquí Sadam Husein contra Irán, señaló que el primero era derrocar la Revolución Islámica y el segundo, socavar la integridad territorial del país persa.
En este contexto, sostuvo que la ocupación de la provincia de Juzestán figuraba entre los objetivos de Sadam Husein y de las potencias hegemónicas, que también buscaban poner fin al denominado “estrangulamiento geopolítico”, una situación que afecta especialmente a los países sin salida al mar. Recordó que Irak, pese a contar con acceso marítimo, disponía de un litoral de apenas cuatro kilómetros, ubicado en una zona pantanosa.
El contralmirante también manifestó que “en la primera guerra impuesta, Sadam Husein atacó Irán. Era un instrumento de las potencias hegemónicas mundiales y, en cierto modo, libró una guerra por delegación, por lo que, en realidad, el adversario del país persa era Estados Unidos”.
Al referirse a la primera misión de las fuerzas terrestres iraníes, consistente en impedir el avance de las tropas iraquíes, destacó que estas lograron frenar con firmeza la ofensiva de Sadam Husein.
Asimismo, señaló que, en el día 67 de la guerra, la Armada iraní, con el apoyo de la Fuerza Aérea, destruyó por completo la Armada iraquí.
Entre los errores de los adversarios, mencionó su desconocimiento del espíritu del pueblo iraní y su incapacidad para prever que la población defendería con tanta determinación la Revolución Islámica. También atribuyó el fracaso de sus planes al liderazgo del difunto imam Jomeini, quien afirmó que “aunque esta guerra dure veinte años, Irán seguirá resistiendo”.
Al abordar la guerra de los doce días, Sayari sostuvo que los adversarios perseguían los mismos objetivos que durante la guerra de ocho años: derrotar a la República Islámica y fragmentar Irán.
“Los adversarios declararon abiertamente que el mapa de Irán podría cambiar tras la guerra, una posibilidad que, de acuerdo con sus palabras, fue respaldada por el presidente estadounidense, Donald Trump”, señaló.
Asimismo, afirmó que Israel llevó a cabo su agresión contra Irán por delegación de Estados Unidos y Occidente, y recordó que el régimen sionista había sido equipado por estadounidenses y europeos.
El contralmirante Sayari también señaló que los adversarios cometieron errores de cálculo. Creían que el asesinato de los principales dirigentes iraníes provocaría el colapso inmediato del sistema político y que Irán carecía de capacidad militar para defenderse. Además, esperaban que la población saliera a las calles para oponerse al sistema político iraní.
En cuanto a la tercera guerra, el contralmirante aseguró que los objetivos seguían siendo los mismos que en las dos anteriores: derrocar el sistema político iraní. Sin embargo, esta vez los adversarios recurrieron a una estrategia diferente, basada en provocar el colapso del sistema y del país mediante el asesinato del líder supremo de Irán.
“Creían que, si golpeaban el pilar central de la tienda, esta se derrumbaría”, señaló.
A su juicio, los adversarios pensaban que, tras el asesinato del líder iraní, nadie sería capaz de dirigir el país y que surgirían disputas en torno a la elección de su sucesor. También confiaban en que la eliminación de otros altos cargos les permitiría alcanzar sus objetivos, pero sus previsiones no se cumplieron.
Por último, indicó que volvieron a confiar en que la población se movilizaría contra el sistema político. Incluso atacaron los puestos de control, pero, pese a ello, los ciudadanos no salieron a las calles.
Al comparar las tres guerras, el contralmirante destacó que su principal elemento común fue la derrota de los adversarios.
“Enfrentarse a la mayor potencia militar del mundo no es ninguna broma, pero el pueblo iraní resistió y luchó. Sufrió daños y el líder fue martirizado, lo que constituyó su mayor pérdida”, concluyó.
Estados Unidos y el régimen israelí libraron su primera guerra criminal contra Irán, que duró 12 días, en junio de 2025. Su segunda agresión comenzó el 28 de febrero de 2026 y llegó a su fin a principios de abril, después de 40 días.
En ambas guerras, la resistencia de Irán y sus exitosas operaciones de represalia obligaron a los agresores a aceptar un alto el fuego.
Irán también ha mantenido un férreo control sobre el estrecho de Ormuz desde los primeros días de la segunda guerra impuesta.
En julio, Estados Unidos llevó a cabo oleadas de mortíferos ataques aéreos contra Irán e impuso un bloqueo naval al país, violando el Memorando de Entendimiento de Islamabad con la República Islámica, firmado el 17 de junio para poner fin a la guerra.
En respuesta, las Fuerzas Armadas iraníes lanzaron devastadores ataques contra objetivos estratégicos estadounidenses en toda Asia Occidental y declararon cerrado el estrecho de Ormuz a todo el tráfico.
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