• Agenda Zero: Genocidas sueltos
sábado, 27 de octubre de 2018 6:09

Durante la década del 70 del siglo pasado, las botas militares pisaron fuerte en América Latina. Una oleada de golpes de Estado instauró dictaduras sangrientas en todo el continente.

El Plan Cóndor es perpetrado en Chile bajo el auspicio de la CIA. Miles de muertos, desaparecidos, torturas salvajes, robo de niños; intentan liquidar una generación que, con el faro de las revoluciones triunfantes en los 60, intentó cambiar el rumbo de un continente históricamente pobre y neocolonizado por Estados Unidos.

Con un saldo aterrador, estas dictaduras fueron cayendo poco a poco. En todos los países dejaron también una estela de resistencia y lucha. En este sentido Argentina fue un ejemplo, con el surgimiento de las Madres de Plaza de Mayo (madres de los desaparecidos que reclamaban su aparición) a la cabeza, en los años 80, con la vuelta de la democracia, surge un fervor militante por los derechos humanos y por el Nunca Más.

Las heridas de la dictadura militar se mantuvieron abiertas gracias a las luchas de los organismos de derechos humanos y las agrupaciones políticas que mantuvieron vivo el reclamo. Las Abuelas de Plaza de Mayo y la recuperación de los nietos robados, son un caso único en el mundo, que es ejemplo para las organizaciones de derechos humanos de otros países.

Cuando en el año 2013 asume Néstor Kirchner la Presidencia de Argentina, uno de sus estandartes y marcas indelebles en la política argentina, será el juicio y castigo a los principales responsables del terrorismo de Estado. Luego de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final (que garantizaban la impunidad a los represores), la cárcel común para los genocidas de la década del 70, fue por fin una realidad, llevada a cabo por el gobierno de Kirchner, pero aupada por la lucha incansable del pueblo argentino que mantuvo viva la herida.

En diciembre de 2015 asume la Presidencia de Argentina Mauricio Macri, y con él, un cambio de paradigma en las políticas sobre derechos humanos. Decenas de militares condenados y presos, fueron liberados a lo largo de estos dos años, con prisión domiciliaria, que en la mayoría de los casos ni siquiera cumplen. Los genocidas vuelven a caminar por las calles, a pesar del repudio de una parte de la sociedad que salió a las calles a protestar.

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