Publicada: viernes, 6 de noviembre de 2026 11:39

Los resultados de las elecciones en EE.UU. asestado un duro golpe a la Administración Trump y su aliado sionista y evidencian el creciente rechazo a la guerra contra Irán.

Por: Iqbal Jassat *

Los resultados de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos han asestado un duro golpe a la Administración Trump y a su aliado sionista, han dejado al descubierto las crecientes divisiones en torno a la irracional guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán y han suscitado interrogantes sobre el futuro de la política regional de Washington.

Israel ha recibido un duro revés, posiblemente incluso mayor que el sufrido por Donald Trump, ya que los votantes estadounidenses han expresado con su voto su indignación ante la agresión militar estadounidense-israelí contra la República Islámica de Irán, orquestada por los sionistas.

El régimen sionista y de apartheid debe aceptar la amarga realidad de que, tras las elecciones de medio mandato celebradas el martes en Estados Unidos, la Administración Trump ha quedado gravemente debilitada y a Irán no le queda más que resistir hasta que termine su mandato.

Sin embargo, la alternativa consiste en volver a intimidar y chantajear a Trump para que despliegue el poderío militar estadounidense y, en coordinación con Israel, ataque nuevamente a Irán, con el objetivo de lograr el llamado «cambio de régimen» antes de que termine el año.

El plazo es real, porque en enero los demócratas tendrán el control absoluto tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. Esto, sin embargo, también tendrá sus propias consecuencias para la maquinaria bélica estadounidense-israelí, ya que Irán ha advertido de que responderá de manera decisiva y contundente, sin limitaciones geográficas.

Con la incorporación de nuevos legisladores propalestinos, capaces de ejercer presión sobre Trump mediante investigaciones, examinar minuciosamente los nombramientos clave y bloquear los presupuestos militares, el presidente se verá obligado a replantearse su idilio con los objetivos bélicos satánicos de Netanyahu.

En su último análisis, el diario israelí The Jerusalem Post sostuvo que se trata de una batalla que Trump puede aplazar, pero que en realidad no puede ganar.

“Esto se debe a que está claro que tanto los demócratas como los republicanos —basta con observar los resultados en Texas, Carolina del Sur y otros estados en los que los demócratas casi nunca ganan— están profundamente desencantados con la guerra o, para ser más precisos, con su impacto en los precios de la gasolina”.

La advertencia que el diario dirige al régimen sionista es que debe comprender que, haya o no una tercera ronda de guerra contra Irán, Washington y Tel Aviv “están a punto de distanciarse en lo que respecta a la República Islámica”.

Las fisuras han comenzado a hacerse visibles y son enormes.

CBS News informa de que Trump está sopesando si mantener en el cargo al desacreditado secretario de Guerra, Pete Hegseth, tras las derrotas en las elecciones de medio mandato, según fuentes consultadas por el medio.

Las consecuencias son devastadoras para Israel, y los estrategas sionistas intentan recuperarse del golpe mientras afrontan una realidad: tanto el propio Trump como el vicepresidente JD Vance señalaron la guerra contra Irán como una de las principales razones de la derrota republicana.

Según Fox News, las declaraciones de Vance suponen un cambio en su valoración pública de las consecuencias políticas de la guerra. Anteriormente, había defendido algunos aspectos de la agresión militar de la Administración, aunque había expresado su preocupación por una prolongada implicación de Estados Unidos en el extranjero.

El miércoles, Trump afirmó que estaba de acuerdo con la publicación de Vance en la que este atribuía la derrota republicana a la guerra contra Irán y señaló que esa explicación era “en gran medida cierta”.

Por mucho que los sionistas intenten manipular el relato, el régimen genocida no puede ocultar el impacto de la acusación más contundente de Vance: “cambiar nuestra relación con Israel”.

 

“La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche. Si quieren argumentar que valió la pena, que perder el Senado durante los próximos seis años valió la pena, adelante. Sostengan que fue un precio que merecía la pena pagar. Estén de acuerdo o no, al menos eso sería honesto. Pero todo el mundo sabe por qué perdimos”, afirmó Vance.

“Y cualquier conversación honesta sobre el rumbo que debemos seguir a partir de ahora tiene que comenzar por ahí”.

En cuanto a Sudáfrica, aunque los grupos opositores alineados con Israel han culpado al ministro de Relaciones Internacionales, Ronald Lamola, y al presidente Cyril Ramaphosa de permitir el deterioro de las relaciones con Estados Unidos, resulta alentador observar que el país nunca renunciará a su soberanía interna en cuestiones como la reforma agraria ni hará concesiones en sus posiciones de política exterior.

En efecto, Lamola declaró que el cambio en el equilibrio de poder en el Congreso permitiría a los legisladores estadounidenses exigir responsabilidades a Trump por sus “decisiones irracionales en política exterior”, adoptadas al margen del debido proceso.

En particular, destacó que un Congreso bajo control demócrata podría plantar cara a las falsas acusaciones de la Casa Blanca sobre un supuesto “genocidio de afrikáneres” en Sudáfrica.

En relación con Irán, el principal negociador del país en las conversaciones con Estados Unidos afirmó que los estadounidenses habían votado “NO A LA GUERRA”, tras la contundente derrota sufrida por el Partido Republicano de Trump.

“Respaldamos este mensaje”, escribió en X el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf.

“Si el Gobierno estadounidense traiciona la voluntad de su pueblo para servir a sus amos y chantajistas internacionales, aprenderá que nuestro NO viene acompañado de una pesadilla”, advirtió.

Al mismo tiempo, el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei, advirtió de que no espera ningún cambio en la política estadounidense, en consonancia con lo que había declarado su predecesor mártir tras las anteriores elecciones presidenciales de Estados Unidos.

El ayatolá Jamenei publicó un comunicado en el que afirmó que quienes esperaban algún cambio en la “hostilidad de Estados Unidos hacia la nación iraní” estaban “profundamente equivocados”.

Sea cual sea la conspiración que puedan urdir Trump y Netanyahu, un mordaz artículo de opinión publicado en The Guardian describe los drásticos cambios con un lenguaje casi poético:

“En efecto, a partir de enero, la Cámara de Representantes de Estados Unidos contará entre sus miembros con un médico militar que participó en una misión médica en Gaza; una abogada despedida por su bufete a raíz de una entrada en un blog en la que criticaba la guerra de Israel; un legislador judío que fue detenido recientemente por las fuerzas israelíes mientras ayudaba a los palestinos a recoger aceitunas en la Cisjordania ocupada; y un organizador comunitario que participó en un campamento estudiantil propalestino y protagonizó una de las victorias más sorprendentes de las primarias con el lema ‘bebés, no bombas’”.

Todo ello lo dice todo sobre los factores que llevaron a Trump a emprender su guerra desquiciada e irracional contra Irán.

* Iqbal Jassat es miembro ejecutivo de la Red de Revisión de Medios (Media Review Network), con sede en Johannesburgo, Sudáfrica.


Texto recogido de un artículo publicado en Press TV