Por Xavier Villar
Hace unos días, JP Morgan, considerado el banco más grande de Estados Unidos y una de las mayores empresas financieras del mundo, publicó una nota en la que decía de forma clara: “Por primera vez desde el inicio del conflicto con Irán no tenemos una referencia clara. Sencillamente, no sabemos cómo modelizar el desenlace. He planteado una sola pregunta a las personas más informadas del mundo en materia energética y nadie tiene una respuesta”. La nota terminaba con una pregunta: “¿Cómo termina esto?”.
El problema es que durante meses firmas como la propia JP Morgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley crearon modelos de tráfico de petróleo en el estrecho de Ormuz sin tener demasiado en cuenta quién estaba ganando la guerra. Asumir que la producción se recuperaría gradualmente gracias a alguna fuerza mística capaz de devolver la estabilidad a la región, o que el conflicto simplemente se desvanecería por arte de magia, era a la vez una ilusión y una estupidez.
En este sentido, Goldman Sachs fue posponiendo su pronóstico: el tráfico a través del estrecho de Ormuz se normalizaría a mediados de abril, después a finales de mayo, más tarde a mediados de junio y, finalmente, a finales de julio.
El mercado mundial del petróleo ha vivido una auténtica montaña rusa desde finales de febrero, pero la reacción de los precios ante la mayor interrupción del suministro de la historia fue, durante meses, relativamente contenida. La calma no se debió a la complacencia: había colchones suficientes para absorber el shock. Pero el sistema que logró sostenerse durante cuatro semanas ya no es el sistema en el que operamos hoy, con el precio del barril de Brent rondando los 103 dólares. Esa reacción relativamente contenida fue posible porque el mercado entró en esta crisis con importantes colchones de seguridad, pero ese colchón ha desaparecido: el sistema petrolero mundial ya no puede absorber los shocks como hace unos meses.
El almacenamiento de crudo en buques cisterna se ha reducido; la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos ha liberado alrededor de 130 millones de barriles; y China, el mayor importador mundial, está aumentando sus importaciones hasta los 7,2 millones de barriles diarios, frente al mínimo de 6 millones registrado en junio y muy por debajo de los casi 12 millones de barriles diarios que importaba antes de la guerra.
Los informes publicados esta semana señalaban que Arabia Saudí cancelaba o retrasaba varios cargamentos de crudo destinados a refinerías europeas durante el mes de septiembre, aplazándolos hasta octubre o incluso noviembre.
Así pues, después de una aparente tregua, los mercados petroleros mundiales vuelven a mostrar signos crecientes de tensión debido a nuevas interrupciones en las infraestructuras petroleras de Asia Occidental. La decisión saudí se produjo tras el ataque de la semana pasada contra su oleoducto Este-Oeste, que Riad atribuyó a drones procedentes de Irak. Informes recientes señalan que los saudíes esperan recuperar aproximadamente la mitad de la capacidad del oleoducto en cuestión de días, mientras que la restauración de su capacidad total podría tardar hasta seis semanas, siempre que no se produzcan nuevos ataques.
La ausencia de los suministros saudíes el próximo mes aumentará la necesidad de los compradores europeos de asegurar cargamentos alternativos. De hecho, la petrolera polaca Orlen ya está buscando cargamentos, contribuyendo a impulsar al alza los precios de los distintos crudos regionales. El Brent fechado, que es el precio de referencia del crudo físico en Europa, llegó a superar los 130 dólares esta semana.
Francia también se enfrenta a un empeoramiento de los problemas de suministro de combustible. Según el Gobierno francés, el 18 de septiembre, el 11 % de las estaciones de servicio registraban dificultades de suministro en al menos uno de los dos carburantes, gasolina o diésel, mientras los precios del diésel alcanzaban niveles récord o cercanos a máximos históricos. La proporción de estaciones afectadas aumentó del 9 % el miércoles por la tarde al 10 % el jueves y al 11 % a las 9 de la mañana del viernes.
El presidente francés, Emmanuel Macron, quiere convocar una reunión del G7 para discutir una nueva liberación de las reservas estratégicas de petróleo, mientras Europa pierde los suministros de crudo saudí y los precios del diésel siguen adentrándose en territorio récord. Macron declaró el viernes que convocará a los países del bloque en las próximas semanas para coordinar los niveles de reservas, la capacidad de producción y las exportaciones, así como para estudiar la posibilidad de recurrir a las reservas estratégicas. Francia también está trabajando para asegurar el suministro de diésel, combustible de aviación y gas natural para los próximos meses.
Los pescadores franceses bloquearon el jueves el acceso a dos puertos y a un depósito de combustible en el sur de Francia debido al fuerte aumento del precio del diésel, que esta semana alcanzó los 2,37 euros por litro, justo por debajo del récord de 2,38 euros.
La ministra delegada encargada del Mar y la Pesca, Catherine Chabaud, declaró que, tras seis horas de negociaciones, los pescadores habían acordado levantar los bloqueos a cambio del compromiso de conceder préstamos sin interés a quienes afronten problemas de liquidez y de vincular las medidas de apoyo a la evolución de los precios del combustible.
En agosto, España duplicó la bonificación fiscal sobre el diésel hasta 0,20 euros por litro a partir del 1 de septiembre, después de que los precios del diésel se dispararan un 15,7 % en julio. En Alemania, por su parte, el canciller Friedrich Merz, cada vez más presionado, anunció el viernes por la noche una rebaja de los impuestos sobre los combustibles.
Los Gobiernos europeos están estudiando imponer un “impuesto extraordinario a escala del bloque” sobre las empresas energéticas, mientras los precios récord de los combustibles presionan a los líderes europeos para contener el creciente descontento social.
Con Washington estudiando prohibir la exportación de algunos productos refinados, Ansarolá golpeando las infraestructuras saudíes e Irán dispuesto a intensificar la escalada de cara a las elecciones de mitad de mandato, las cosas podrían ponerse realmente complicadas en Europa.
