Publicada: martes, 15 de septiembre de 2026 23:51

La industria nuclear de Irán sobrevivirá a la guerra y los ataques porque el conocimiento no puede ser eliminado por la fuerza.

Por: Vahid Mirzakhani *

Durante los últimos dos años, las instalaciones nucleares de Irán han sido objeto reiteradamente de ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, cuyo objetivo era dañar gravemente la infraestructura de enriquecimiento iraní y complicar su capacidad para enriquecer uranio y fabricar centrifugadoras.

Sin embargo, una pregunta que las imágenes satelitales de los edificios atacados no pueden responder sigue sin resolverse de manera contundente: ¿puede el programa nuclear de Irán ser aniquilado bombardeando su infraestructura?

Por tanto, la cuestión tras los ataques no es si las instalaciones de enriquecimiento han sufrido daños, sino cuánto del conocimiento y la experiencia subyacentes permanece en el país, y si ese recurso intelectual permitirá a Irán ampliar su programa nuclear pacífico pese a la agresión militar injusta, ilegal y no provocada.

La guerra de agresión estadounidense-israelí contra la República Islámica y los ataques contra las instalaciones nucleares iraníes parten de una concepción limitada: que bombardear y dañar las instalaciones nucleares críticas de Irán puede eliminar de forma permanente su capacidad de enriquecimiento.

La principal limitación de la política estadounidense e israelí respecto al programa nuclear iraní radica en que la fuerza militar puede retrasar durante un periodo prolongado el enriquecimiento de uranio de Irán, pero asumir que los ataques contra la infraestructura física pueden impedir que el país enriquezca uranio es, sencillamente, una concepción equivocada y completamente ingenua.

Desde una perspectiva histórica, la guerra impuesta a Irán por el régimen baasista de Irak, respaldado por Occidente, demuestra una importante lección al respecto. Entre 1984 y 1988, Irak lanzó reiterados ataques contra la central nuclear de Bushehr, causando graves daños a su infraestructura.

La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) registra que la central sufrió daños por ataques aéreos iraquíes durante la guerra impuesta; sin embargo, la destrucción no puso fin a las capacidades nucleares de Irán. Después de la guerra, Irán reanudó con toda su fuerza su programa de energía nuclear y la central nuclear de Bushehr volvió a operar plenamente en 2013.

Esta realidad histórica demuestra que dañar la infraestructura nuclear de Irán no destruye sus capacidades subyacentes ni su determinación de ampliar su programa de energía nuclear con fines pacíficos.

 

La historia del programa nuclear de Irán constituye otro caso que sugiere firmemente que la agresión militar fracasará en su intento de obstaculizar los objetivos nucleares del país. Irán ya ha afrontado intentos de interrumpir su programa nuclear, dirigidos no solo contra su infraestructura, sino también contra el asesinato de científicos que desempeñaron un papel fundamental en su desarrollo.

Solo entre 2010 y 2012, varios científicos iraníes vinculados a la investigación nuclear fueron asesinados por el régimen israelí, entre ellos Mayid Shahriari y Mostafa Ahmadi Roshan. En 2020, Mohsen Fajrizade, una de las figuras más importantes vinculadas a la investigación nuclear y de defensa de Irán, también fue asesinado en un cobarde ataque perpetrado por el régimen sionista.

La importancia de estos asesinatos es clara: si la eliminación de figuras clave no detuvo ni desvió el programa nuclear de Irán, existen pocas razones para suponer que la destrucción de la infraestructura física pueda eliminar sus capacidades nucleares.

De hecho, cuando estos asesinatos, junto con los ataques contra instalaciones nucleares, se analizan a la luz de las crecientes necesidades energéticas del país y de su derecho a hacer frente a agresores externos, resulta cada vez más evidente que Irán mantendrá su compromiso con sus capacidades militares y nucleares.

En este sentido, el programa nuclear de Irán va mucho más allá de las simples instalaciones que hacen posible el enriquecimiento de uranio. El programa nuclear representa una búsqueda de autonomía estratégica: la capacidad de desarrollar tecnologías y capacidades que permitan a Irán avanzar científicamente pese a las sanciones y al comportamiento hostil de sus adversarios.

Al igual que el desarrollo de misiles autóctonos, drones y otras capacidades militares, estrechamente vinculadas con la estrategia más amplia de autosuficiencia de Irán, el conocimiento y el desarrollo nuclear representan una forma de capital estratégico necesaria para el progreso científico.

La ciencia nuclear iraní, que le permite enriquecer uranio, fabricar centrifugadoras avanzadas y conservar una fuerza laboral científica altamente cualificada, le proporciona una capacidad tecnológica que no puede eliminarse como si se tratara de una instalación física.

La paradoja, por tanto, es que la política destinada a impedir que Irán enriquezca uranio mediante ataques militares, en realidad, hace que el país se comprometa aún más con la continuación de su programa nuclear.

La lección fundamental que Irán ha extraído de décadas de sanciones y ataques es que, cuando se destruye infraestructura y se asesina a científicos, la respuesta lógica no consiste en renunciar a su programa nuclear, sino en garantizar que el conocimiento nuclear sobreviva y prospere.

 

Si Irán aún no ha adquirido un arma nuclear, se debe únicamente a la postura del Líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, quien sostuvo en varias ocasiones que las armas nucleares están prohibidas en el islam, una posición plasmada con mayor claridad en el famoso decreto que emitió en 2003.

Ya existen especulaciones sobre la posibilidad de que Irán cambie su doctrina de defensa, pero esto no puede confirmarse. Las dos guerras impuestas en menos de un año y las constantes amenazas nucleares han llevado a muchos iraníes a exigir que el país desarrolle armas nucleares.

El conocimiento científico necesario para diseñar y operar instalaciones nucleares no puede eliminarse simplemente destruyendo los edificios. De ello se desprende que, si el futuro nuclear de Irán está determinado en última instancia por el conocimiento científico que ha institucionalizado, y no por lo que contienen sus instalaciones, el capítulo más importante de la trayectoria nuclear de Irán podría comenzar después de la guerra en curso.

Dadas las capacidades de las que dispone Irán, puede elegir el camino que su máxima dirigencia considere adecuado. Pero no abandonará un programa nuclear desarrollado y sostenido con la sangre de los mártires. El programa nuclear de Irán seguirá creciendo y prosperando para satisfacer las necesidades de la nación.

* Vahid Mirzakhani es escritor e investigador radicado en Teherán.


Texto recogido de un artículo publicado en Press TV