Por Xavier Villar
Rezai, quien nació en 1954, creció en el Irán pahlaví, un periodo que, en el imaginario revolucionario iraní, se recuerda no como una era de modernización, sino como un largo paréntesis de dominación neocolonial. A comienzos de la década de 1970 se involucró en las protestas contra la monarquía, lo que le supuso ser detenido en 1973 por la policía secreta del shah, el SAVAK. Con el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, Rezai, que entonces tenía 25 años, formó parte del comité de doce miembros encargado de redactar el estatuto fundacional del CGRI. En 1981, un año después de que Sadam Husein invadiera Irán, fue nombrado comandante en jefe del CGRI, cargo que ocupó durante dieciséis años.
En julio, afirmó que el control del estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, era “más importante que decenas de bombas atómicas”. En una entrevista con CNN en junio, señaló que “la pelota está en el tejado de Trump”, en referencia a la exigencia iraní de que se desbloqueen unos 24 000 millones de dólares en activos congelados.
Según el nuevo secretario, no se puede confiar en Trump en las negociaciones. También afirmó que Irán está preparado para cualquier invasión terrestre estadounidense, algo que sería “estupendo para nosotros”. En otra ocasión, declaró que el enriquecimiento de uranio es “un derecho inviolable” de la República Islámica.
En la entrevista concedida hace unos días, Rezai, cuya tesis doctoral versó sobre la teoría del dinero, el crédito y el equilibrio general, explicó que hasta ahora Irán solo ha atacado bases militares y que “todavía no ha atacado ningún interés económico estadounidense”, pero está preparado para atacar “a todas las empresas petroleras y económicas estadounidenses en la región” si Washington intensifica la confrontación hasta convertirla en una guerra económica. El subtexto de estas declaraciones es que las fuerzas iraníes están “preparadas para las operaciones”, pero actúan con un enfoque “racional y lógico”.
El secretario del CSSN afirmó que Irán respondería de manera “sísmica” al último intento de Trump de librar una guerra económica. Rezai advirtió a los países de la región: “No se sumen a la guerra económica emprendida por Estados Unidos. Cualquier país que participe en la imposición de restricciones económicas contra nosotros será considerado un enemigo”. Y añadió que primero se les advertiría, pero que, si no actuaban en consecuencia, “perjudicarían sus intereses”. También afirmó que Irán atacaría cualquier reunión que estos países acogieran con grupos antiraníes en la región.
En este sentido, Hosein Mohebi, portavoz del CGRI, advirtió según la radiotelevisión estatal IRIB que “cualquier ataque contra la infraestructura de Irán provocará contundentes ataques contra los cuellos de botella energéticos y los intereses vitales de Estados Unidos”. También apuntó que los objetivos estadounidenses, incluida la reapertura del estrecho de Ormuz, han sido frustrados mientras Irán continúa produciendo armamento. “Contrariamente a la percepción del enemigo de que las reservas militares de Irán eran limitadas, la producción de nuestros misiles inteligentes y guiados continúa”, afirmó.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra contra Irán hace casi seis meses, Teherán ha atacado bases estadounidenses en Jordania y en países del Golfo, entre ellos Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudí.
Rezai afirmó que Irán respondería atacando aún más a los petroleros que transitan por el golfo Pérsico, en el lado omaní del estrecho de Ormuz, advirtiendo que “ni una sola gota de petróleo saldrá de la región”. Además, señaló que el estrecho solo volverá a abrirse cuando Estados Unidos cumpla sus compromisos. Cuando esto ocurra, afirmó, Irán será quien lo gestione y “esta gestión implicará el cobro de tasas”, algo que ya se está debatiendo en el parlamento iraní.
Las declaraciones de Rezai se producen en un contexto marcado por la nueva estrategia de presión económica estadounidense, que tiene como objetivo conseguir bien que el país ceda en su control del estrecho de Ormuz o que acepte un acuerdo favorable a los intereses de Washington. Ninguna de esas dos posibilidades es realista.
Estados Unidos ya mantiene amplias sanciones contra Irán, algunas de las cuales se remontan a hace casi cincuenta años. En junio, Washington impuso nuevas restricciones contra entidades que ayudaban a Teherán a eludir las sanciones financieras existentes. Asimismo, desde hace meses existe un bloqueo naval estadounidense contra el país, que ha cortado la mayor parte del suministro de bienes procedentes del exterior.
Sin embargo, lo cierto, tal y como apuntan varios analistas iraníes como Ehsan Salehi, es que no quedan nuevas sanciones que sean efectivas. Lo cual no quiere decir que no vayan a afectar a la economía iraní. Pero si el objetivo final es conseguir que Irán modifique sus políticas, las sanciones no cumplirán con ese propósito.
El ascenso de Rezai al cargo de secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el máximo órgano responsable de formular y supervisar la política de seguridad y defensa, indica que la República Islámica ha dado un paso hacia una estrategia ofensiva en la que no se evitará la escalada si las alternativas posibles son consideradas insuficientes o ponen en riesgo lo alcanzado durante la guerra de los cuarenta días.
