Por Ivan Kesic
La advertencia se produce tras un ataque aéreo saudí contra el aeropuerto internacional de Saná, una importante escalada que se produce en medio de la continua agresión estadounidense contra Irán y sus aliados en todo el oeste de Asia, lo que aumenta aún más las tensiones en una región ya de por sí volátil.
Las autoridades yemeníes han dejado claro que el cierre de Bab el-Mandeb se coordinaría con el bloqueo existente del estrecho de Ormuz, creando un eje operativo capaz de cortar simultáneamente dos de las arterias energéticas más importantes del mundo.
Dado que aproximadamente entre 8 y 10 millones de barriles de petróleo transitan diariamente por el estrecho de Bab el-Mandeb, y que más de un billón de dólares en comercio anual dependen de esta vía fluvial, una medida de este tipo constituiría una ruptura sísmica en los cimientos de la economía global, con consecuencias que van mucho más allá de la región.
Ataques aéreos saudíes y la advertencia de Yemen
El 13 de julio, aviones de guerra saudíes bombardearon el aeropuerto internacional de Saná en un acto de agresión descarado que las autoridades yemeníes condenaron rápidamente como una flagrante violación del derecho internacional y las normas humanitarias.
El ataque aéreo tuvo como objetivo la pista de aterrizaje en un aparente intento de impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba a funcionarios de Ansarolá, una medida que posteriormente confirmaron algunos medios de comunicación estadounidenses que, según ellos, había sido respaldada personalmente por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a instancias del príncipe heredero saudí, Muhamad Bin Salman (MBS).
En respuesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Yemen emitió un comunicado contundente en el que declaraba que el acto de agresión no provocado había puesto fin a la tregua de 2022 e inaugurado una nueva fase de guerra. El ministerio también advirtió que Arabia Saudí se encontraría en un grave punto muerto estratégico y que pagaría un alto precio por su agresión.
Las fuerzas armadas yemeníes actuaron con rapidez, lanzando misiles balísticos y drones contra el Aeropuerto Internacional de Abha, en el sur de Arabia Saudí. Poco después, el portavoz de las fuerzas armadas, el general de brigada Yahya Sari, emitió una advertencia a todas las aerolíneas, instándolas a evitar el espacio aéreo saudí hasta que se levante el bloqueo del Aeropuerto Internacional de Saná.
Sari también confirmó que las defensas aéreas yemeníes habían derribado con éxito un dron de reconocimiento saudí Wing Loong 2 sobre la gobernación de Al-Bayda. Para aumentar la tensión, Muhamad al-Bujaiti, miembro del buró político de Ansarolá, advirtió que las fuerzas yemeníes atacarían aeropuertos y objetivos vitales saudíes si Riad violaba el espacio aéreo yemení o intentaba nuevos ataques.
🔴Miles de yemeníes condenan el ataque saudí al Aeropuerto Internacional de Saná
— HispanTV (@Nexo_Latino) July 14, 2026
🔸 Miles de personas se congregaron en Saada, Yemen, para condenar el ataque saudí contra el Aeropuerto Internacional de Saná. pic.twitter.com/X1vhVhGc1W
Advertencia para el estrecho de Ormuz y Bab el-Mandeb
La escalada más grave se produjo el 13 de julio, cuando Muhamad al-Farah, miembro del buró político de Ansarolá, declaró que las fuerzas armadas de Yemen estaban preparadas para cerrar el estrecho de Bab el-Mandeb si Arabia Saudí persistía en su agresión ilegal.
“Si la situación actual se agrava, el estrecho de Bab el-Mandeb y el estrecho de Ormuz se cerrarán mediante una alianza operativa. Los precios del petróleo se dispararían entonces hasta los 200 dólares el barril, lo que supondría un duro golpe”, advirtió.
Esta declaración marcó una expansión drástica de la nueva ronda de guerra, forjando una estrategia coordinada que vincula dos de los puntos estratégicos marítimos más críticos del mundo, un enfoque de doble filo capaz de paralizar el suministro energético mundial.
El estrecho de Ormuz, que ya se encuentra prácticamente cerrado debido a la guerra de agresión que mantienen Estados Unidos e Israel contra Irán, ha demostrado la capacidad de Teherán para proyectar su poder sobre el transporte marítimo internacional.
La amenaza adicional de cerrar Bab el-Mandeb agravaría esa crisis económica, interrumpiendo la ruta del mar Rojo al Canal de Suez, una vía vital por la que normalmente fluye entre el 10 y el 12 por ciento del comercio marítimo mundial y el 30 por ciento del tráfico de contenedores entre Asia y Europa.
“Si el estrecho de Ormuz es la palanca estratégica más poderosa de Teherán”, han observado los analistas, “Bab el-Mandeb podría ser su última gran reserva”.
Importancia estratégica de Bab el-Mandeb
El estrecho de Bab el-Mandeb, cuyo nombre árabe se traduce como “Puerta de las Lágrimas”, constituye uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más estratégicos del mundo.
Situada entre Yemen, en la península arábiga, y Yibuti y Eritrea, en el Cuerno de África, constituye la puerta de entrada meridional al mar Rojo, conectándolo con el Golfo de Adén, el Mar Arábigo y, en última instancia, el océano Índico.
Junto con el Canal de Suez, constituye la ruta marítima más corta entre Europa y Asia, lo que la hace indispensable para el comercio mundial, el transporte de energía y las cadenas de suministro.
El volumen de carga que transita por este estrecho canal es asombroso. Aproximadamente 8 millones de barriles de petróleo crudo y productos petrolíferos refinados pasan diariamente por Bab el-Mandeb, lo que representa entre el 10 y el 12 por ciento del comercio mundial de petróleo por vía marítima.
El estrecho también sirve como arteria principal para los envíos de gas natural licuado, particularmente desde Catar a los mercados europeos. En 2023, antes de la interrupción causada por el genocidio de Gaza, el Canal de Suez gestionó 26 434 tránsitos de buques, la gran mayoría de los cuales pasaron por Bab el-Mandeb.
Más allá de la energía, el estrecho es vital para la industria manufacturera y el comercio agrícola mundiales. Aproximadamente el 40 % del comercio entre Asia y Europa se realiza a través de esta ruta, incluyendo el 20 % del comercio marítimo mundial de arroz, el 20 % del comercio de trigo y el 40 % del comercio marítimo de fertilizantes.
La carga contenerizada que atraviesa el estrecho abarca productos electrónicos, ordenadores, equipos de telecomunicaciones, textiles, piezas de automóviles, semiconductores, maquinaria, productos farmacéuticos e infinidad de otros productos manufacturados.
Las principales navieras, como Maersk, MSC, CMA CGM y Hapag-Lloyd, tradicionalmente canalizan sus servicios entre Asia y Europa a través del estrecho de Bab el-Mandeb, ya que este paso acorta los viajes en aproximadamente 3500 a 4000 millas náuticas en comparación con navegar rodeando el cabo de Buena Esperanza.
El valor anual de los bienes y servicios transportados a través del estrecho supera los 800 000 millones de dólares, acercándose al billón de dólares, una cifra superior al producto interior bruto de muchas naciones.
En condiciones normales, aproximadamente 21 000 buques comerciales transitan por el estrecho cada año, lo que equivale a 57 barcos por día. Cualquier interrupción significativa, especialmente si coincide con una paralización del tráfico a través del estrecho de Ormuz, desencadenaría una crisis de transporte global de proporciones catastróficas.
Consecuencias económicas del cierre
Las consecuencias económicas del cierre de Bab el-Mandeb serían devastadoras. Los barcos se verían obligados a desviarse rodeando el Cabo de Buena Esperanza, lo que añadiría un promedio de 10 a 14 días a los tiempos de viaje y aumentaría significativamente el consumo de combustible, las primas de seguros y los costes operativos.
Para un buque portacontenedores promedio, el coste por viaje aumentaría de más de 1 millón de dólares a aproximadamente 1,7 millones de dólares, un incremento del 70 por ciento que retrasaría las mercancías de Asia a Europa entre 15 y 20 días, lo que supondría una grave presión sobre las ya frágiles cadenas de suministro mundiales.
El impacto en los mercados energéticos sería inmediato y severo. Los precios del petróleo podrían dispararse hasta los 200 dólares por barril, tal como advirtieron funcionarios de Ansarolá, lo que desencadenaría presiones inflacionarias a nivel mundial y podría llevar a las economías vulnerables a una recesión.
Esta interrupción también supondría un duro golpe para el Canal de Suez, que perdió miles de millones en ingresos durante la crisis anterior, viendo cómo sus ingresos anuales se desplomaban de 10 200 millones de dólares en 2023 a aproximadamente 4000 millones en 2024. Egipto, Arabia Saudí, las naciones europeas, China, India, Japón y Corea del Sur figurarían entre los mayores perjudicados por un cierre de este tipo.
Sin embargo, incluso la persistente amenaza de cierre podría paralizar el comercio mundial. El aumento de las primas de seguros y la revisión de las evaluaciones de riesgo por parte de las navieras obligarían a los buques a optar por rutas más largas, lo que elevaría los precios incluso antes de que se produzca un ataque real al estrecho.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) ya ha advertido que el desvío de buques desde Bab el-Mandeb ha incrementado la demanda mundial de buques portacontenedores en un 12 por ciento, un claro indicador de la creciente presión sobre la capacidad portuaria y del aumento de los costes de transporte marítimo en todo el mundo.
Las capacidades militares de Yemen y el fracaso estadounidense
El movimiento de Resistencia yemení ya ha demostrado su capacidad para interrumpir la navegación a través del estrecho de Bab el-Mandeb. Desde finales de 2023, las fuerzas yemeníes han llevado a cabo más de 100 ataques contra embarcaciones en el mar Rojo y el Golfo de Adén, lo que ha obligado a las principales compañías navieras a suspender sus operaciones a través del estrecho.
Si bien a principios de 2026 se observó una recuperación gradual, con aproximadamente 1.079 buques de carga transitando por el estrecho solo en enero, la situación de seguridad sigue siendo precaria.
El flujo de petróleo a través de la vía fluvial ya se ha desplomado, pasando de aproximadamente 9 millones de barriles diarios en 2023 a tan solo 4 millones en 2024, lo que refleja claramente la persistente amenaza.
Una dimensión importante, aunque a menudo pasada por alto, del enfrentamiento es que Estados Unidos y Gran Bretaña, a pesar de haber librado una campaña sostenida de ataques aéreos contra Yemen que dejó cientos de muertos y alcanzó miles de objetivos, finalmente no lograron suprimir las capacidades militares de Ansarolá.
Tras un acuerdo de tregua negociado por Omán, Washington se vio obligado a reconocer que la Resistencia yemení no se dejaría amedrentar. Las afirmaciones de Trump de que los hutíes habían “capitulado” contrastan fuertemente con la realidad sobre el terreno.
Lo que Estados Unidos y sus aliados no lograron conseguir mediante la fuerza militar ha quedado reafirmado por la resiliencia del Eje de la Resistencia: la capacidad de Yemen para amenazar Bab el-Mandeb permanece intacta, y su influencia estratégica sobre las rutas marítimas mundiales perdura como una formidable realidad.
