Publicada: sábado, 29 de mayo de 2021 11:29
Actualizada: sábado, 29 de mayo de 2021 12:38

Mientras que el alto el fuego entre Israel y la Resistencia palestina ha puesto un alto a las violaciones del régimen sionista, las protestas continúan en los territorios ocupados.

Después de 11 días de duros bombardeos perpetrados por el ejército israelí contra la asediada Franja de Gaza, ahora, ya no existen fronteras que separen a los palestinos. “Todos están unidos”, desde el enclave costero hasta la ocupada Cisjordania y los territorios de 1948, todo por un objetivo común que es “acabar con décadas de ocupación israelí”.

El conflicto palestino-israelí viene existiendo durante generaciones. La última ronda está generando nuevas perspectivas. Ha reunido, como nunca antes se había visto, a los palestinos que viven en Cisjordania, Gaza y los territorios ocupados por Israel en 1948. Estos acontecimientos prometen un nuevo cambio en las reglas de la batalla, y eso presenta nuevos desafíos para Israel, especialmente si esa unidad palestina aboga por la liberación de los territorios ocupados.

Durante la reciente agresión israelí contra Gaza, la unidad de los palestinos fue tan impactante que provocó la celebración de una huelga general en los territorios de 1948, la primera en ocurrir en la Palestina histórica en varias décadas.

Un estatus político diferente ha dividido a las comunidades palestinas durante mucho tiempo. Cerca de dos millones viven en los territorios ocupados por Israel en los que disfrutan de plenos derechos de ciudadanía, en teoría. Más de dos millones también habitan en Gaza, región asediada desde hace 14 años por el régimen israelí. Mientras otros tres millones de palestinos residen en la Cisjordania, bajo una ocupación militar israelí, donde la Autoridad Palestina administra la mayoría de los centros de población.

La última guerra israelí contra el enclave costero ha despertado en estas comunidades un sentido común; la brutal opresión del régimen sionista y ha conseguido unificar a todos los palestinos.

Para ellos, el camino a seguir está claro. “Quieren toda Palestina, desde el río (Jordán) hasta el mar (Mediterráneo)”. Tal demanda fue la base de su política y la de los países árabes en las primeras décadas después de la creación de facto de Israel en la mayor parte de lo que era Palestina y bajo el mandato británico.

Tras los Acuerdos de Oslo, la Organización de Liberación Palestina (OLP) y la Liga Árabe aceptaron una solución de dos Estados. No obstante, las encuestas muestran que un poco más del 40 % en Cisjordania y Gaza han apoyado de manera constante una solución de dos Estados.

Un solo Estado que abriera sus puertas a millones de refugiados palestinos que viven en Jordania, El Líbano, Siria y más allá, inevitablemente convertiría a los israelíes en una minoría con poco poder político. Ese es un reto que solo una pequeña fracción de israelíes considera aceptable, dada la historia del conflicto.

El nuevo levantamiento popular y la unidad entre los palestinos no son solo contra Israel, sino también contra el liderazgo de la Autoridad Palestina, que es visto por muchos manifestantes palestinos como corrupto.

Por el contrario, el Movimiento de la Resistencia Islámica Palestina (HAMAS), que, en la última guerra, respondió a los bombardeos israelíes con el lanzamiento de más de 4000 cohetes, está generando un nuevo sentimiento de admiración entre muchos palestinos.

A raíz de los combates, la Autoridad Palestina lucha por retener lo que queda de su respaldo, dividido entre el fervor revolucionario en las calles y la necesidad de mantener la coordinación diaria con el régimen de Israel. 

Durante los 11 días de guerra israelí contra la Franja de Gaza, la Resistencia palestina logró más de un objetivo. Además de responder a los ataques aéreos, las facciones palestinas consiguieron estrechar la unidad de su gente, desde la ocupada Jerusalén hasta Cisjordania y la asediada Gaza.

Los resultados y consecuencias de la operación “Espada de Jerusalén” son muchos en todos los aspectos políticos, militares y de seguridad, e incluso de conciencia y pensamiento. El más importante de ellos es que Jerusalén se ha convertido en el eje de la Resistencia contra Israel.

La "Espada de Jerusalén" acabó con la polémica del enfrentamiento y las disputas mediáticas y políticas entre las facciones palestinas, debido a las elecciones legislativas y su postergación. El pueblo palestino se convirtió en un solo bloque de respaldo a la Resistencia, en Gaza, Cisjordania y los territorios de 1948.

Con la “Espada de Al-Quds”, el mito de invencibilidad de Israel se derrumbó, y sus colonos vieron señales del colapso de su régimen usurpador que con planes y conspiraciones quería establecer un régimen monstruoso en la tierra de Palestina.

Si bien la última agresión sangrienta de Israel contra Gaza llegó a su fin, el abismo con los palestinos ya no puede desaparecer y, a menos que se haga algo para abordar la crisis, el conflicto multigeneracional seguirá durante varios años más. Mientras el mundo observaba los acontecimientos en Gaza, un conflicto mucho más crucial, aunque menos sangriento, se estaba desarrollando dentro de los territorios palestinos ocupados.

Poco después de que estallaran varios enfrentamientos entre colonos israelíes y residentes palestinos del barrio de Sheij Yarrah, ubicado en la ciudad santa de Al-Quds, a principios de mayo, turbas judías que gritaban "muerte a los árabes" vagaban por las calles en busca de personas a las que atacar.

Los incidentes, que incluyeron ataques espantosos sacudieron al establecimiento político de Israel. Entonces, si bien es cierto que Israel fue blanco de ataques con cohetes lanzados por los palestinos, la amenaza que HAMAS y otras facciones representaron para el ente, en realidad, fue mucho menos grave que la que enfrentó, y continúa enfrentando, en las ciudades, pueblos y vecindarios en los territorios ocupados.

Si bien los árabes constituyen poco más del 20 por ciento de la población judía en las ciudades israelíes, sus escuelas, infraestructuras municipales, el acceso a oportunidades profesionales y servicios sociales están muy por detrás del resto de los ciudadanos israelíes.

Así también, las ciudades y vecindarios árabes permanecen marginados, con un alto nivel de desempleo, aumento del crimen y una pobreza generalizada. El resultado es una creencia en aumento entre los árabes israelíes de que son ciudadanos de segunda clase en una nación diseñada, construida, gobernada y vigilada por otros.

Así pues, Israel debe entender que la reciente guerra con la Resistencia palestina en Gaza generó una nueva dinámica, y despertó una nueva generación que quiere recuperar su territorio ocupado.

Por Mohsen Khalif Zade